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Texto:
Ángel Muñoz
Fotos:
www.franzferdinand.co.uk
Aprovecha la lluvia de estrellas que la gloria del rock and
roll está dejando caer sobre la capital de España, ponte guapa y sal
a bailar.
Eso es lo que hicieron más de 15000 personas en un abarrotadísimo
Palacio de los Deportes. El día después de que los australianos de
AC/DC reventasen el mismo escenario en uno de sus siempre míticos
conciertos (no pude acudir, pero los he visto varias veces, y desde
aquí mi homenaje para simplemente decir que son uno de los más
grandes), desembarcaron Alex Kapranos y sus chicos, Franz Ferdinand,
dispuestos a hacer cumplir su credo hedonista y rompepistas, a base
de oficio y elegancia. Cambio de vestuario, de melenas y cuero a
flequillos y camisas impolutas, y cambio de tercio, dos propuestas
distintas pero paralelas en la esencia, en la verdadera esencia de
lo que debería de ser el puro rock and roll: divertirnos!
La propuesta es conocida, previsible y efectiva, muy, muy
efectiva. Los de Glasgow siempre han tenido claro lo que quieren, y
hace muchos años que lo consiguieron de manera incontestable: un
sonido propio, inconfundible. Un sello como banda que al primer
acorde hace que sus miles de devotos seguidores se rindan a sus
pies; se comprueba concierto a concierto, y el del Palacio de los
Deportes, dentro de la gira de presentación de su Tonight, no
fue una excepción.
El setlist fue planteado de manera muy inteligente, y en
apenas una hora desgranaron la mayoría de sus himnos y sus temas más
bailongos, repasaron casi todo su primer trabajo y los temas más
punteros del segundo, y apenas si dieron una oportunidad a
Tonight en esta primera parte del concierto, “Ulysses”, “Bite
Hard”, “No You Girls” y poco más. Si la reacción del público es el
mejor termómetro, desde luego, se confirma qué trabajo y qué temas
son los favoritos del respetable. Kapranos y los suyos lo saben y
dieron a Madrid lo que la noche pedía. “¿Os gusta bailar?” bramó
desde lo alto del escenario enfundado en su impecable y elegante
traje negro. Y comenzó lo que todos esperábamos, lo que ya hemos
disfrutado y de lo que queremos más porque sabemos qué es un directo
de Franz Ferdinand, una descarga adrenalítica de ritmos endiablados
condensados en poco más de una hora tras la que terminas con los
pies reventados y una sonrisa de oreja a oreja. Una tras otra fueron
cayendo “Tell Her Tonight”, “Michael”, “Jacqueline”, y, por
supuesto, el momento cumbre con “Take Me Out”. You Could Have It
So Much Better tuvo su momento de gloria con “Do You Want To”, y
un ejército de jóvenes guapos y modernos contoneándonse con los
ritmos de uno de los temas más bailables del grupo, y con “Wall Away”
en el momento mechero del recital, enterrado ya hace años en
detrimento de cientos de pantallas de móviles y cámaras; una
verdadera catarsis colectiva.
Tras una breve pausa, vino el bis, y la última media hora
de concierto que centraron casi exclusivamente, esta vez sí, en
temas de su último trabajo. “Turn It On”, “Live Alone” … y un “Lucid
Dreams” culminado con un desenfreno rítmico que enfervorecía a la
masa, pero que a mi la verdad me dejó algo frío por lo fuera de
contexto que estaba en el guión de un concierto de Franz Ferdinand.
Fin de fiesta previsible y efectivo como hemos dicho que fue todo el
concierto, un hit como “This Fire” para terminar saludando a la
afición rendida a los pies de estos cuatro especialistas en hacer
que la juventud baile. El Alter Show oficial fue en el Ochoymedio
con los escoceses a los platos haciendo que lo que mejor saben
hacer, que la noche no acabe, que pienses que todos somos guapos,
somos modernos y disfrutemos de ello bailando hasta el amanecer
enfundados en nuestra camisa blanca y nuestro traje oscuro. Enciende
tu cigarrillo … y bésame.
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