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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.shorefire.com
Vaya por delante un pensamiento un tanto idiota. Visto lo
visto, con el llenazo que había en la sala para ver a estos
muchachos, los temores que me asaltan acerca del posible
acomodamiento ante la enorme (nunca diré exagerada) oferta en
directo que estamos teniendo, parece que están infundados. No solo
en Madrid o Barcelona, claro, si no también en la consolidación del
circuito en Bilbao o la apertura a Cartagena. Por poner un ejemplo.
Solo espero que esto sea muy duradero y no haya sobresaturación.
Es la tercera vez que Gov’t Mule se presentan en
Madrid y la cuarta vez que nosotros hemos podido disfrutarlo. El
haberlos visto en cuatro ambientes diferentes es muy útil, por
ejemplo, para valorar la importancia de un buen sonido. En Aqualung
fue perfecto, o el estado nirvánico en que estábamos hizo que así
pareciese. Lo mismo se puede decir del festival Azkena. La penúltima
vez en Joy Eslava exactamente igual. Ésta última…en fin, se puede
decir que con Heineken, los grupos que siempre han sonado bien,
pueden llegar a un nivel inferior. A veces es irritante, pero no me
quejaré ya que la sensación de burbuja sónica no debía ser ni
comparable a lo que se debía oír en las primeras filas. Pero, ojo,
hubo suerte porque ha habido conciertos con un sonido infinitamente
inferior en calidad. Simplemente algo se debe quedar en el tímpano
de pasadas actuaciones cuando recuerdas-sientes que ha sido la de
menor calidad en este sentido.
Dejaré de quejarme. Puedo decir que disfruté mucho el
concierto. Hace cuatro años, habíamos podido gozar la colaboración
de Hook Herrera, el indio de la armónica de oro, y la velocidad con
que corre la información en estos días hizo que tuviésemos la
esperanza de volver a saber de él. Pero, no, esta vez fueron
Gov’t the Mule, tal cual y nos ofrecieron lo que tienen. Warren
Haynes es de esos tipos que disfruta lo que hace o al menos eso
logra transmitir, no solo en las actuaciones sino con sus mil y una
colaboraciones, desde Corrosion of Conformity hasta Everlast. Y sus
conciertos se pueden llegar a vivir de muchas formas según tu estado
de ánimo.
Ellos no son salvajes en lo que llamaríamos la actuación
propiamente dicha pero la música, aaaah, eso es otra cosa. Salvaje
es la cantidad de matices que se arranca a través del jazz, del hard
rock y por supuesto, de toneladas de blues. Así que si te gusta eso,
o el reggae, disfrutarás de las guitarras más crudas así como de las
más pausadas, o las suaves. Siempre tiene pasajes o canciones
enteras que te atrapan. Así es Warren con la guitarra y con el
chorro de voz, que nunca se menciona, por cierto. Pero en este
concierto disfruté mucho más que en su anterior visita con su
teclista, Danny Louis. Y al igual que algo se queda de anteriores
conciertos, esta vez vimos a un tipo (no creo que sea solo el
rodaje, ya que por aquel entonces llevaba un buen tiempo con la
banda) que estaba más liberado, tocaba mucho mejor y lo que es más
importante, interaccionaba mucho más con todos.
Otra de las cosas que me gusta de esta banda en directo,
amén de no saber nunca qué es lo que van a tocar (¡qué diversidad de
repertorios!), es la capacidad que tienen de que ciertas canciones
que no te dicen demasiado en el estudio, adquieran un nivel mucho
más especial. También ocurre a la inversa. Pongo solo dos ejemplos
respecto al repertorio de Madrid: “Sco-Mule” se engrandece en
directo y resulta sorpresiva por el desarrollo, al contrario que la
sosa versión de estudio. Por el contrario, “Beautifully Broken”
siempre me suena un tanto desangelada y me quedo con la irrepetible
versión cd.
No hay problema, esto hace el juego de sus directos mucho
más divertido e interesante. De hecho, me arriesgo a decir que tan
solo con su primera actuación la intensidad duró cada uno de los
minutos de las casi tres horas de concierto. En éste último, me
quedo con el segundo set, desde mi punto de vista, impecable
(maravillosa sorpresa incluir esa hard roquera “Drivin´Rain”, joyaza
oculta de su repertorio) aunque una de las canciones que más
disfruté, curiosamente sonó en la primera parte, estoy hablando de
esa enérgica y larga “Red House” de Hendrix a la que no le sobró
nada de nada. El cuerpo, de hecho, quería más y más.
Así es Gov’t the Mule, hace que te contradigas pero
da lo mismo. Lo importante es vivir la experiencia.
Un último apunte, para quién quiera ver los repertorios de
sus giras, conciertos españoles incluidos, dejo aquí el enlace:
http://www.mule.net/from_the_road/
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