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HA HA TONKA

Madrid, Moby Dick

1 de febrero

 

 

 

 

 

Texto: Asier R.

 

Puede que Ha Ha Tonka no saquen discos perfectos, no, pero podríamos decir de ellos que en su imperfección resultan muy atrayentes. Es innegable que tienen buenas canciones. A pesar de no ser especialmente complicadas, tienen cambios de ritmo muy variables, a veces parece que se confunden los estribillos con el puente y la estrofa. Está claro dónde está cada uno pero tal vez la brevedad de las canciones, la mezcla desinhibida de estilos y cierta anarquía hagan que el oyente se despiste. Bien por ellos.

 

De igual manera, desinhibidos y con ganas, Brian Roberts y los suyos se dieron a conocer por primera vez en Madrid, arrancando con esa mandolina tan pegadiza que es seña de identidad propia y que tan buenos resultados melódicos da. Y si no que se lo digan a “Usual Suspects”, tema de su último disco Death of a Decade que cerró el concierto, salvo por los bises, de los cuales hablaremos en unas líneas.

 

El concierto fue eminentemente directo y festivo, con sus pequeñas improvisaciones, todas rotundas, con finales en algunos momentos bruscos, tal y como ocurre con los originales de estudio. Hubo temas en los que se dejaron llevar, de forma bien natural. Como por ejemplo en la propia “Death of a Decade” (la canción) o en “Word Climbing” que con sus “uoos” invita a ser compartida con el público tal y como ocurrió.

 

Ya fuese por la cerveza, tal y como declaró su cantante o por desparpajo propio, fueron capaces de dejar ese regusto de tipos con tablas a pesar de su juventud cuando su batería se quedó sin taburete, atacando el propio Brian Roberts un fragmento de versión improvisada del “Heavy Metal Drummer” de Wilco. Pero ese detallín no dejó de ser eso frente a interpretaciones vocales absolutamente bellas  como fue el caso de “Hangman” o mi preferida en ese sentido, “Pendergast Machine”, que con un ligero acompañamiento de la mandolina, fue reinterpretada para la ocasión con las cuatro voces a capela, perfectas, con unos arreglos muy diferentes de su hermana de estudio, abriendo así el primero de los bises.

 

Mención especial también para el discreto Brett Anderson que de forma tan efectiva se cambiaba la guitarra eléctrica por la mandolina, o protagonizaba la voz (fue la única, lástima) con otra hermosa canción de toque bucólico llamada “Dead´s Man Hand”. Esas pequeñas variaciones, cercanas al gospel, hicieron más variado un concierto, ya de por sí rico en matices, fundamentalmente rock, pop, y con gotejas pequeñas de country y algo mayores de folk.

 

Por supuesto, aparte de sus dos últimas obras, se recorrieron también su primera grabación Buckle in the Bible Belt, para nosotros más desconocida y de cuyos temas, nos gustó especialmente “St. Nicks on the Fourth In a Fervor”, una de esas canciones que toca muchos pequeños palos tan energética y oscura como el segundo de los bises, una versión del archiconocido “Black Betty” que cerraba el concierto como un resumen de la energía que desprenden a la hora de tocar, tal vez junto con “Jesusita” o “Caney Mountain”, de las más guerreras y épicas.

 

Otro placer muy grande y hay que decirlo, al igual que antes lo criticábamos, fue el sonido de una sala que ha mejorado y mucho en ese sentido. Se consiguieron escuchar las preciosistas melodías vocales, los berridos, las guitarras acústicas y una base rítmica que no paró en todo momento de aportar imaginación a una actuación de sonido cristalino.

 

En resumen, en todos los sentidos, un auténtico placer.

 

 

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