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HOWLIN RAIN

Madrid, Gruta 77

12 de diciembre

 

 

Texto: Rock in Chains

Fotos: birdmanrecords.com

 

Da gusto despedir el año con un grupo del calibre de Howlin´Rain. Se suele decir de muchos grupos aquello de “y han abierto para” o “han sido teloneros de”, cosa que a todos nos llama la atención, pero en este caso tuvimos la fortuna de que ellos eran el plato principal, con el valor además de que Gruta77 cada vez suena mejor y con este grupo, el sonido es una baza a tener en cuenta.

 

Definitivamente, por la posición en el escenario, quedó claro (aparte de que se les quedaba pequeño) quienes son los entes de importancia en este grupo. Ni más ni menos que Ethan Miller y el no menos imprescindible Joel Robinow. Ambos rayaron a un nivel enorme, el problema con Robinow fue que su teclado no siempre se oyó lo claro que debiera pero demostró con sus tareas vocales que secunda con mucho talento a Ethan Miller, cubriéndole a la perfección y además dando otro cariz a la peculiar y visceral forma de cantar de Ethan, muy diferente de la del propio Joel y por eso tan bien combinadas.

 

Esperemos que esta combinación vocal sea una de las características de su próximo disco, y no digo esto gratuitamente. El concierto se basó en su mayoría en el repertorio del álbum por venir este mismo año, con lo que, en parte, el concierto era un ensayo, cosa que no restó poderío a ninguna de las interpretaciones. Hay que tener en cuenta que Howlin´Rain es el tipo de grupo que se deja llevar, si el término “jam band” no hiciese referencia a un sonido relativamente más clásico, se podría aplicar a esta banda, pero lo suyo, es otra cosa. Así, sonaron “Lord Have Mercy” y “Dancers At The End Of Times” de su segunda grabación así como “Good Life” de su reciente E.P. pero sin duda, la obación se la llevó el bis y único recordatorio a su homónimo primer álbum, esa “Roll On The Rusted Days”, que se oye como un clásico de su repertorio y que alcanza cotas de adrenalina que son difícilmente igualables, tanto por las ganas, como por el virtuosismo con la que la interpretan.

 

En parte resulta frustrante que este tipo de banda, limite su tiempo a escasos 80 minutos, máxime teniendo en cuenta el repertorio que se dejan fuera (en este caso) y del que muchos estábamos sedientos para quitarnos la espinita del sonido de su anterior visita.

 

En cualquier caso, creo que tenemos Ethan Miller y Joel Robinow, para rato por estas tierras. Lo suyo en directo, en ambas visitas, sabe a poco, no por que sus directos sean deficiente, al contrario, porque su imaginación parece no tener límites y por ello, cuando el concierto finaliza, se queda cierta sensación de que te pierdes parte de ese arte, de esa imaginación, de esa diversión también que transmiten al tocar y te entran ganas de seguirles a lo largo y ancho de toda su gira.

 

 

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