|


 |
Texto:
Rock in Chains
Fotos:
birdmanrecords.com
Da gusto despedir el año con un grupo del calibre de
Howlin´Rain. Se suele decir de muchos grupos aquello de “y han
abierto para” o “han sido teloneros de”, cosa que a todos nos llama
la atención, pero en este caso tuvimos la fortuna de que ellos eran
el plato principal, con el valor además de que Gruta77 cada vez
suena mejor y con este grupo, el sonido es una baza a tener en
cuenta.
Definitivamente, por la posición en el escenario,
quedó claro (aparte de que se les quedaba pequeño) quienes son los
entes de importancia en este grupo. Ni más ni menos que Ethan Miller
y el no menos imprescindible Joel Robinow. Ambos rayaron a un nivel
enorme, el problema con Robinow fue que su teclado no siempre se oyó
lo claro que debiera pero demostró con sus tareas vocales que
secunda con mucho talento a Ethan Miller, cubriéndole a la
perfección y además dando otro cariz a la peculiar y visceral forma
de cantar de Ethan, muy diferente de la del propio Joel y por eso
tan bien combinadas.
Esperemos que esta combinación vocal sea una de las
características de su próximo disco, y no digo esto gratuitamente.
El concierto se basó en su mayoría en el repertorio del álbum por
venir este mismo año, con lo que, en parte, el concierto era un
ensayo, cosa que no restó poderío a ninguna de las interpretaciones.
Hay que tener en cuenta que Howlin´Rain es el tipo de grupo que se
deja llevar, si el término “jam band” no hiciese referencia a un
sonido relativamente más clásico, se podría aplicar a esta banda,
pero lo suyo, es otra cosa. Así, sonaron “Lord Have Mercy” y
“Dancers At The End Of Times” de su segunda grabación así como “Good
Life” de su reciente E.P. pero sin duda, la obación se la llevó el
bis y único recordatorio a su homónimo primer álbum, esa “Roll On
The Rusted Days”, que se oye como un clásico de su repertorio y que
alcanza cotas de adrenalina que son difícilmente igualables, tanto
por las ganas, como por el virtuosismo con la que la interpretan.
En parte resulta frustrante que este tipo de banda,
limite su tiempo a escasos 80 minutos, máxime teniendo en cuenta el
repertorio que se dejan fuera (en este caso) y del que muchos
estábamos sedientos para quitarnos la espinita del sonido de su
anterior visita.
En cualquier caso, creo que tenemos Ethan Miller y
Joel Robinow, para rato por estas tierras. Lo suyo en directo, en
ambas visitas, sabe a poco, no por que sus directos sean deficiente,
al contrario, porque su imaginación parece no tener límites y por
ello, cuando el concierto finaliza, se queda cierta sensación de que
te pierdes parte de ese arte, de esa imaginación, de esa diversión
también que transmiten al tocar y te entran ganas de seguirles a lo
largo y ancho de toda su gira.
|