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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.jasonandthescorchers.com
Jason Ringenberg y Warner E. Hodge, decidieron volver a
juntarse y sacar uno de los mejores álbumes de su carrera, el
variado y talentoso Halcyon Times, en el cual se han arropado
de varios amigos que saben bastante de música y de composición,
tipos que siempre mantienen un alto nivel en sus carreras y que
aparte son productores, hablo de Dan Baird y de Ginger (Wildhearts).
Las expectativas respecto al concierto de Jason & the
Scorchers eran parecidas a las que habíamos tenido con Dan Baird &
Homemade Sin, Bottle Rockets o Cracker, todos ellos con una forma de
ver la música parecida, que no igual, y con recientes álbumes de
altísimo nivel. Y así fue.
Aunque sus parámetros musicales se parecen, como ya dijimos
en su momento con Bottle Rockets, cada uno lo hace a su manera. A
Jason y Warner E. Hodge, siempre se les catalogó como una banda que
mezclaba country y punk. Tengo cierta tendencia a no ver nada en
videos sobre los grupos que voy a ver actuar y así dejarme
sorprender. En ese sentido, su catalogación había servido para
imaginarme a un Jason a veces salvaje a veces tierno, ya que su
música bandea entre esos dos matices. Y la verdad es que ¡me
sorprendió!, porque no sé en los ochenta, pero ahora Jason no es
especialmente salvaje en el escenario, aunque se puede decir que no
para de un lado para otro y que su forma de moverse tan desgarbada
le hace por momentos completamente extraño hasta que se aferra al
micro y se dedica a vociferar o recitar con su micrófono.
Es curioso que tal vez la faceta más vigorosa la posee
Warner E. Hodge, cosa que ya nos demostró cuando pudimos verle junto
a Dan Baird. En este caso, con su banda de toda la vida, me pareció
que se dedicó a realizar menos florituras con su guitarra y sacó su
sonido más básico, que en algunas porciones de sus canciones puede
sonar hasta metálico (muy brevemente como puede ser al inicio de ese
cañonazo de salida en el cd que es “Moonshine Guy”) pero que en
general, más que acercarnos al punk, lo que hace es hacer más básico
y rudo el sonido del rock‘n’roll y sacarle todas sus aristas para
que pinche. La demostración más clara de esto se hizo notar cuando,
tras una fase country del concierto, el guitarrista se quedó al
mando del concierto durante la canción “Better Than This” que el
mismo canta en su citado último disco, arrancándonos de nuestro
arrobamiento a todos los allí presentes, con una interpretación
adrenalínica.
Jason por otro lado se mostró con una sonrisa durante casi
todo el concierto, bromeó con el público (de hecho, contó un par de
chistes en español, bastante malos, dicho sea), sacó su faceta más
cáustica al hacer referencias sobre el estado actual de la música
cuando defendió el L.P. frente al ipod con bastante acritud, justo
antes de arrancar con una de sus canciones más emblemáticas, “Broken
Whiskey Glass”.
Durante el concierto, y especialmente en las canciones más
rockeras de los inicios, me dio la sensación de que Jason estaba un
poco descolocado. Aventuro que su faceta musical en solitario, mucho
más tranquila, y como Farmer Jason, haciendo actuaciones para niños,
le tiene tan absorbido que la diferencia respecto a la brusquedad de
sus interpretaciones, entre esas canciones iniciales (como “Last
Time Around”, de sus primeros clásicos en sonar) y las canciones
finales que luego comentamos (“We’ve Got it Goin’ On” o “White Lies”)
suponían un alejamiento gradual de los últimos tiempos de su carrera
(también muy recomendables).
Y respecto al repertorio, pues lo de siempre, una gozada,
teniendo en cuenta que hicieron una defensa de su último álbum,
completamente justificada, del que sonaron, que yo recuerde,
“Moonshine Guy”, “Mona Lee”, “Land of the Free”, “Deep Holy Water”,
“Golden Days”, “Twang Town Blues” y otras antes mencionadas,
mezcladas con sus clásicos “Pray For Me Mama (I’m A Gipsy Now)”,
“Harvest Moon” o la que finiquitó el concierto, “Lost Highway”. Casi
increíble. Pero de todas las que allí se oyeron voy a destacar tres
por distintos motivos:
En primer lugar, “Bible and A Gun” en la que Warner y Jason
se quedaron en el escenario, interpretando una canción de forma
desnuda, con Warner arrancando notas de su guitarra en las que Jason
se apoyaba para hacer una honda interpretación de una de sus mejores
canciones (country).
El salvajismo de “White Lies”, si no recuerdo mal, al final
de los primeros bises, con toda la banda (batería y bajo también
estuvieron espléndidos), vaciándose en lo que sería su penúltima
canción de la noche.
La cafrada que fue “We’ve Got It Goin’ On” en la que a
Jason se le vio dándolo todo, rubricando que su última rodaja no
tiene desperdicio y que muchas de sus nuevas composiciones suenan
tan nuevas, atemporales, vivas y salvajes como sus clásicos.
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