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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
Juan Aguado
Segundas partes nunca fueron buenas. O casi nunca. Y esta
última visita a Madrid de la americana Joan Wasser, la segunda como
cabeza de cartel, sin ser decepcionante, sí curiosa, fue algo
desafortunada. Pero vayamos primero con lo primero.
Y lo primero fue la actuación de Russian Red, esa otra
cantautora que proporcionó el contrapunto perfecto a su sucesora en
el escenario. Todo gracia, todo naturalidad, todo claridad, Lourdes
Hernández conectó enseguida con el público. Con la misma suavidad
que presenta sus temas en el cd, lo hizo sobre el escenario, y
pasado el primer momento de choque, en el que se te pasa por la
cabeza que algo tan delicado no puede disfrutarse en un directo tan
rudo como el de la sala Heineken, poco a poco fue haciendo pasar a
los presentes por su aro. Hasta tal punto que fue a ella, y no a la
gran Joan, a quien la gente pidió los bises esa noche.
Tras una brevísima media hora, Russian Red se retiró para
dar paso a la diva de la noche, que para esta ocasión venía
encarnada en Tina Turner (mitad la auténtica, mitad la de Millán
Salcedo). Melena leonina al viento, traje dorado cortito y botas no
sé si futuristas o de agua. Pero lo que más llamó la atención a
muchos fue su desbordante energía, exultante alegría, totalmente a
contrapié de la mayor parte de sus canciones. Entre grititos más
propios de Sarah Jessica y sus chicas, saltitos injustificados y
errores al piano por la excitación de conseguir insertar la palabra
“urraca” (así tal cual, en español) en mitad del estribillo de una
canción, cual Trancas y Barrancas, Joan fue entremezclando temas de
su recién estrenado To Survive (2008) y del de su debut,
Real Life (2006). Los del primero disco sonaron
raros, por lo inconveniente de su alegría para interpretar temas
tristones y nostálgicos. Y los de su segundo trabajo no terminaron
de enganchar, quizás por demasiado nuevos, quizás por demasiado
roqueros.
No ayudó mucho la actitud de sus dos acompañantes sobre el
escenario, el batería y la bajista, quienes permanecieron más bien
indiferentes ante sus miradas y frases halagadoras durante toda la
actuación.
Sin embargo, el concierto en general fue bastante pasable,
agradable y casi único problema fue las altas expectativas que nos
habíamos hecho tras su anterior actuación. Por lo menos ella terminó
contenta. Quizás en exceso.
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