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Texto:
Ángel Muñoz
Fotos:
Ángel Muñoz y
www.losronaldos.com
Y dejó de
rodar la Bola Extra, ¿habrá bonus y nueva partida? Esperemos que sí.
Este concierto pone fin a la mini gira de despedida que comenzó en
junio en esta misma sala Joy, en la que se grabó disco en directo y
DVD, y pone fin a tres años en los que el grupo madrileño se dio
cuenta tras su reencuentro en El Sol de que se echaban de menos y
echaban de menos el escenario. El concierto tuvo esa catarsis, esa
comunión con su público que supone todo fin de fiesta. La gente sabe
a lo que va, son incondicionales, se entrega, el grupo lo sabe y da
más y más. Es una ocasión única. Me reitero en mi reseña del EP de
Cuatro Canciones, un ejercicio de honestidad, o como dejó
escrito en su despedida Kurt Cobain “es mejor quemarse que
desvanecerse”. El grupo ha funcionado estos tres años, esta “Bola
Extra” que les ha salido en la partida, se divierten y divierten, y
tal vez es mejor dejarlo en lo más alto. Y que vuelvan cuando de
verdad lo quieran. Lo bueno si breve dos veces bueno, y estos tres
años han sido así. Y seguro que cuando vuelvan lo harán de nuevo con
ganas, porque tienen mono de rock and roll, mono de escenario.
El concierto
comenzó con su “Bola Extra” homenajeando lentamente esta segunda
oportunidad que se han dado, esa bola extra que a todos nos puede
tocar. Ahí empezaron casi dos horas de puro rock and roll, gamberro,
divertido, de guitarras potentes y garajeras, de botellín de cerveza
(Me gustan las cervezas, me gustas tú!) ellos disfrutaron y todos lo
hicimos con ellos. Se notaban las ganas de pasarlo bien, de hacerlo
bien, de dejar buen sabor de boca, de esos finales redondos que como
la fiesta en la playa de Benicassim te dejan una sonrisa y ojillos
de pena. Uno a uno fueron desgranando sus temas de siempre y con un
sonido sencillamente impecable Coque, Luis Martín, Luis García y
Ricardo hicieron lo que quisieron con su público, nos tenían
entregados. Todo el mundo bailó, cantó y disfrutó con “Adiós papá”,
“Sabor salado”, “Quiero que estemos pegados”, “Por las noches”...
intercalaron canciones de su Cuatro Canciones como “No puedo
vivir sin ti”, y sacaron del armario rarezas como Un lugar soleado
de Luis Martín, que nunca habían tocado en directo. Coque se mueve
como hace años, con su pose teatral, provocativa y su peculiar voz
hace que nadie pueda aburrirse. Todos tuvieron su momento, todo
brilló con luz propia, el colectivo engrasado y las cuerdas tensas.
El bajo de Luis García, imperial, rotundo e impresionante, puso la
base en todo momento para dar ese ritmo sobre el que la guitarra de
Luis Martín se gustó y deslumbró. La batería de Ricardo se mantuvo
imparable, impecable. Son muchos años, mucho talento y muchas ganas
de rock and roll, son animales de escenario. Y su gente quería más,
cada bis fue potente... y sentido. “Hasta que digas sí” fue brutal,
y volvían a salir una y otra vez hasta cuatro veces, creo que ya de
manera espontánea, fuera del set list, al fin y al cabo era una
despedida, un hasta luego.
Gracias
Ronaldos, no por la nostalgia de un tiempo pasado, sino por hacernos
sentir en el presente como con 18, gracias por jugar tan bien en los
recreativos que haya salido esta bola extra en la máquina y la
podamos disfrutar cerveza en mano pensando en la siguiente partida.
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