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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
heinekenpro.com, fotógrafa: Carla Mir
Muy puntales comenzaron Dorian la gran noche del
Circo Price. Cuando accedimos a la sala ya iban por su tercer o
cuarto tema, “Paraísos artificiales”. Incluso a aquellos que no los
habíamos escuchado antes nos captaron rápido. Su electropop
sencillo, casi simple, entra fácil y bien. Esa voz casi adolescente,
suena fresca y jugosa. Melodías suaves y letras agradables, un set
bien llevado y un poco de simpatía con el público y ya tienes la
noche preparada. Agradaron mucho con “La tormenta de arena”, “Las
malas semillas” o “A cualquier otra parte”.
El set de Dorian se hizo corto, punto a su favor, y pronto
llegaron Love of Lesbian para dominar la arena del circo.
Desgranaron sobre todo su último trabajo, 1999, con pequeños
toques del Cuentos chinos para niños del Japón, y un único
tema del Maniobras del escapismo. Pegada directa y muy
divertidos
Comenzaron como su último disco, “Allí donde solíamos
gritar”, enseguida cantaban eso de aun vive el monstruo y aun no
hay paz. Letras enrevesadas, enredadera emocional, nostalgia
dulce para continuar con “Las malas lenguas”, pienso quedarme
hasta el fin nos decíamos todos, melodías ricas pero calmas que
fueron poco a poco incrementando en intensidad, pasando a mitad de
concierto por temas acelerados, el más fuerte y dentro de
“Cuando diga ya”, para acabar en una debacle final, apoteósica que
puso en pie a los pocos que aún quedaban sentados en las butacas del
gran Teatro Circo Price.
Hubo momentos para la tranquilidad dolorosa de “1999” (con
su: oh… muérete final), o la sufrida y grandilocuente,
¿crees que alguien nos encontrará?, “Segundo asalto”. Para no
continuar desgarrando el corazón, pronto dieron paso otra vez a ese
humor tan movido de “Electroplasta”, uno de los momentos mas
memorables del concierto, me convierto en un gusano cuando me
hablas de él. El karaoke llegó, por supuesto con el estribillo
tarareado de “Incendios de nieve”, para promover eso de las
emociones colectivas, especialmente en un recinto como el Circo
Price, que tanto juego da, mención aparte a los timbaleros, y
con momento incendiario con aquello de que bajen tus labios y me
callen. Como había que dar fin al primer bloque, nada mejor que
el “Club de Fans de John Boy”, ese artista boreal, algo ambiguo y
de infancia gris. Nada que ver con Santi Balme y sus chicos, que
habían colocado al aforo en la cúspide de la fiesta. Imposible parar
en este punto. Así que tras un breve lapso de tiempo tras las
cortinas, volvieron al escenario, en un acto que nos recordó muy
mucho a Rufus Wainwright, con sus bises teatreros geniales. Los
cinco aparecieron en el escenario ataviados con unos horribles monos
verdes fosforitos, para contarnos la “Historia del Amante guisante”,
triste historia, pues ya nadie nota un guisante en la cama.
Divertidísimos, invitaron a Vetusta Morla al escenario para
interpretar “Me amo”, con Pucho haciendo los coros para el ¡como
me amo!. En el set faltó “Marlene”, pero no lo hizo “Houston,
tenemos un poema”. Si todos están locos quiero largarme de aquí.
Todo lo contrario que pensábamos nosotros. Estos chicos están como
cabras, pero por favor, ¡que la locura continúe un poco más!. No fue
así, como colofón y punto final, ya solo hubo un karaoke total, en
playback, de “Algunas plantas”, con la banda bailando entre el
público a lo loco, y todos gritando no eres del Congo, so hippie,
tan genial y tan definitivo.
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