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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.marcford.com
“Currents”.
Eso es una señora canción. De un tipo que se llama Marc Ford. Podría
ser de algún bluesman o de cualquier tipo que se dedique al
rock, pero da la casualidad de que es de un tipo que surgió a nivel
un poco más mayoritario a principios de los 90 y que después de lo
que vi, y hablo de mi, sigo pensando que es uno de los guitarristas
más personales y humanos que he visto. También infravalorado, tal
vez por no haber ido nunca de estrellón.
En fin, cavilaciones aparte, según salió Marc Ford, y a
medida que avanzaba el concierto, me fijaba en él y me daba la
sensación de estar viendo un bluesman moderno, un tipo que
toca en primer lugar para él mismo, como catarsis, y a través de su
música llegar al público de la forma más sencilla posible.
Supongo que la gente que buscase espectacularidad u oír
alguna canción de The Black Crows se sentiría decepcionada con este
concierto, aunque la verdad es que al numeroso y sosillo público que
vio y oyó a Marc Ford el miércoles, en El Sol, creo que le sentó
bastante bien la música que flotó por la sala a lo largo de las dos
horas de concierto (o casi, casi).
He empezado la crónica del concierto hablando de una de las
canciones del concierto que más me emocionó: “Currents”, creo que la
tocó de una forma excepcionalmente sensible. A mi personalmente se
me pusieron los pelos de punta, no porque sea una canción
especialmente dramática o épica, tal vez porque la interpretó de
forma bellísima, una canción que ya de por si es hermosa.
Se alternaron momentos roqueros como “Dirty Girl” (la
segunda del concierto), “Bye, bye Suzy” (¡ese Chuck Berry!), que
cerró antes de los bises o “Featherweight Dreamland” que cerró el
concierto y en la que me falló un poco que dejase de lado la slide,
que tan impresionante suena en su versión de estudio (de su último
disco Weary & Wired), con otros más tranquilos. Aquí
destacaré especialmente “Smoke Signals” y la intrumental “The Big
Callback”.
La primera me parece un prodigio de canción, creo que fue
uno de los momentos álgidos del concierto. Una canción, larga en
disco y larga en concierto, heredera directa de Neil Young,
contenida y sobrada de un sentimiento único. Eso mismo lo consiguió
llevar al directo a pesar de faltarle los coros femeninos tan
característicos de la canción en estudio.
La segunda, una canción instrumental, creo que caracterizó
algo que combinó muy bien en el concierto, las fases de desarrollo
guitarrero al estilo jam band con canciones más directas. Creo que
en la interpretación de esta canción se consiguió soltar y demostró
la versatilidad e imaginación como guitarrista. A partir de aquí su
muñeca, como pasa con los jugadores de baloncesto, se relajó y se
dejó llevar a lo largo de todo el concierto.
Por supuesto, en comparación con esta canción, y de todas
las que he hablado hasta el momento, también sonaron canciones de su
primer disco It’s About Time, sin lugar a dudas me quedo con
esa cancionaza que es “A Change of Mind”, directa al grano. La más
pop “California” también sonó enérgica, muy vital.
Por último y para los más fans, comentar que hubo recuerdo
para su banda Burning Tree, lo que no es raro ya que su bajista
Muddy le acompaña en esta gira y ha sido también bajo de su último
disco.
En definitiva, me pongo a pensar que The Black Crows
pierden un gran guitarrista, pero lo cierto es que tanto los
Robinson como Marc Ford en solitario están haciendo muy buenos
discos y grandes conciertos. Tienen ese aura que se dejó respirar en
el concierto de Marc Ford y que huele a autenticidad y amor por lo
que hacen. Y eso, lo trasmiten.
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