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MARK LANEGAN

Madrid, Sala Joy Eslava

17 de mayo

 

 

Texto: Asier R.

Fotos: Juan Aguado

 

No puedo decir que sintiese excitación por ver el nuevo concierto de Mark Lanegan por nuestras tierras. Hace poco pensaba en el artista, un tipo único del que simplemente puedo decir que me ha acompañado musicalmente desde que me intereso por esto de la música, hace ya muchos años. Alguien que ha sabido mantener una aureola de misterio basada en la privacidad que es lo que le emparenta directamente con alguien como Tom Waits, aunque desde mi punto de vista en el caso de Mark Lanegan, con mucha más sencillez, debido tal vez a ser una figura aún más subterránea.

 

Viendo la reacción de la abarrotada (llena) sala Joy Eslava el pasado domingo fui consciente de lo que ha conseguido realizar nuestro cantante a lo largo de una carrera en la que no ha cedido absolutamente nada, y es congregar a personas que se interesan por las distintas etapas de su carrera, sus distintas vertientes y los matices que ha ido adoptando. Sí, probablemente haya perdido algún fan de la vieja escuela (pocos creo yo), pero se puede decir que ha logrado crear nuevos intereses y mantener su sello, manteniendo el interés de los seguidores de siempre. Y el ejemplo está en la exaltación de los diversos sectores al escuchar canciones de sus distintas etapas como son “Traveller”, “Don’t Forget Me Dear” o la más celebrada “Hanging Tree”

 

Esta larga introducción se debe al formato que acompañaba su nueva visita: Mark Lanegan con su voz y poco más. Después de las múltiples colaboraciones y proyectos, hay al menos un sector entre el que me encuentro, cuyo interés por dicho evento era grande. Por fin, sin estar arropado, sin defender un cancionero compartido, centrándose en su figura, sus creaciones y su personalidad. ¿Y bien? Veamos, hay que partir de mi primera frase, mi falta de excitación se debía, tal vez, a esa sensación que tienes al volver con una persona tras haber estado alejada de ella un tiempo, a pesar de haber mantenido un contacto esporádico y el interés en ella. Es decir, hubo un acercamiento tan extremo durante equis años que este nuevo acercamiento, al menos inicialmente, resulta frío, y solamente el recuerdo de aquellos años te hace entrar en calor. Algo así pudiera ocurrir, en mi caso, con Mark Lanegan.

 

Dicho esto, disfruté y me dejé llevar. Como quién se dedica a ver fotografías de una época lejana, así pasé yo por las canciones que nos presentó. Con un hincapié especial en las canciones de su fabulosísimo, hipnótico y extrañamente infravalorado por los seguidores más acérrimos, “Field Songs”, pero recorriendo buena parte de su trayectoria, lo mejor que se podía hacer era abrir los oídos y cerrar los ojos.

 

Tal vez lo más lejano que se oyó fue esa maravilla (lástima la falta del bajo, pero, ¡a quién  le importa!) que es “Where the Twain Shall Meet” de los Screaming Trees y lo más cercano todavía está por llegar, y son las canciones, como “Mirrored”, que jalonarán la venida de su próximo álbum. El repertorio es algo fundamental, y en este caso, con más razón, al tratarse de algo desnudo como es un concierto acústico. Así que me quedaré con dos de las canciones si es que hubiese que hacer eso:

 

 “On Jesus Program” brilla como un astro que recorre galaxias a lo largo de miles y miles de años sin perder la luz en prácticamente todos los conciertos que he podido disfrutar de Mark Lanegan. Poder simplemente escuchar su voz sin aderezos,  inundando la sala como si de un río desbordado se tratase, es una maravilla.

 

 “Message to Mine”, rescatada del extraño y arriesgado EP, Here Comes That Weird Chill y que te hace ver, por mucho aderezo que pueda meter en sus nuevas composiciones de estudio, por muy chocantes que puedan sonar de nuevas, lo absolutamente similares que son en espíritu a todo lo que ha hecho hasta ahora.

 

Y me despido con un par de reflexiones (más). Escuchándole tan perfectamente como le escuchamos la pasada noche, me dio la sensación de que Mark Lanegan, no se esfuerza prácticamente nada, salvo momentos puntuales (citada “On Jesus Program” por ejemplo), simplemente saca su voz más aterciopelada, dejando que el tenebrismo de la puesta en escena le hiciese el acompañamiento para envolvernos junto con su voz.

 

Como nota relativamente negativa, la poca diferencia entre los repertorios de su gira, a pesar de que en Madrid pudimos disfrutar al menos de “Bell Black Ocean” y poniéndonos un poco pejigueros, una guitarra más rural, acorde con parte de su repertorio, sería un acierto que acompañaría aún más a una de las voces definitivas de un músico atemporal.

 

 

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