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Manyfingers

David Thomas Broughton

Matt Elliot

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Texto:
Marcos
Ripalda
Fotos:
Ruth Bautista
Tres hombres desigualmente apenados comparten la sala Neu!
esta noche. Y cada uno tiene su propia forma de expresarlo.
Manyfingers,
proyecto en solitario del multiinstrumentista Chris Cole, se lo
montó con un portátil Apple blanco de 13 pulgadas y un acordeón de
juguete y la batería y la guitarra española y un pedazo de tabla de
madera que, imagino, será un instrumento oriental o africano, y que,
fijándome mejor, parece un vibráfono. Lo cierto es que sufres con él
mientras corretea por el escenario y va integrando de forma precisa
instrumentos y voces que se van solapando hasta crear una atmósfera
de ritmos tribales, un jungle aterciopelado que se intoxica
de la vanguardia electrónica de la escena Bristol y de la que Chris
es miembro destacado. Presentó cinco temas de su convincente Our
Worm Shadow (Acuarela, 2006).
Le siguió, tras un breve intervalo de tiempo, David
Thomas Broughton, media melena rubia, delgaducho, con la barba
cuidada y pinta de inglesito de collegue pijo, que abraza su
guitarra como un bebé abrazaría un poste de la luz. Apenas se alza
su voz y lo primero que piensas es que estás ante un campeón de
freakies. David procede de Leeds (Gran Bretaña) y es su primera
actuación en Madrid y, tal vez, en el mundo conocido. En 2005
publicó su único disco, The Complete Guide To Insufficiency (Birdwar-Plug
Research), que contiene cinco largos temas lo-fi que se
grabaron en una sola toma en directo y en una iglesia. Pero sigamos.
Sobre el escenario, una vez superada la impresión inicial, David va
desenvolviendo su voz y descubrimos que Elvis is back. Es,
ciertamente, un crooner muy capaz, a medio camino entre Neil
Hannon, Johnny Cash y el propio Elvis. Y si no fuera porque la
performance que está montando es un poco ridícula… En cualquier
caso, se trata de un personaje peculiar y virtuoso, que lo mismo le
da por ir amontonando golpecitos en su guitarra que grabar, a modo
de base rítmica, el clonc de dos botellines cogidos al azar.
Impagables sus posturitas agarrado a sus dos micros, uno para cantar
y otro para grabar voces y todo lo que se le ponía a tiro. David
habita inicialmente en el folk (sus intros campestres con la
guitarra lo atestiguan), pero desemboca siempre (¿dónde estaban
Mulder y Scully?) en algo inesperado. Un poco irritante el amigo,
sí, pero, pese a todo, delicioso.
Y llegó el turno del veterano Matt Elliot, ex-líder
de The Third Eye Foundation, que presentó su tercer disco de
estudio, Failing Songs (Ici d'Ailleurs/Acuarela, 2006), una
suerte de folk torturado de instrumentación balcánica, donde la voz
se multiplica en coros casi litúrgicos. La fórmula de este músico es
la siguiente: empiezo tocando folk, bajito, que el público se vaya
callando él solito, y luego voy con la escofina y añado cemento
sonoro. Traduzco: de unas melodías tranquilas de songwriter
melancólico saltamos al terreno del metal enfermo, término
que acuñó un conocido mío cuando comparaba los pasotes de Slayer
con los terrores nocturnos de Matt Elliot en su anterior disco,
Drinking Songs (Acuarela, 2005). “Chico”, me dijo, “yo creía que
esto era agónico pero a todo hay quien gane”. Que cierto es. Esto es
música para disfrutar con los cuchillos buenos bajo llave.
Bienvenido a la taberna del infierno bajo el mar.
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