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Texto:
Asier R.
Otra de las sorpresas de la temporada por su visita a
nuestros escenarios fue Nick Curran, un tipo que lleva una
trayectoria a sus espaldas impecable, ya sea con
The Jaguars de Kim Lenz , ya sea
en solitario con cuatro álbumes (en breve un quinto) de sonido muy
clásico e inmensa personalidad.
Ya desde el inicio, me sorprendió la velocidad de la
música. De hecho, cuando llevaba un buen rato, me daba la impresión
de que alguien me había montado en una bala, había cargado el tambor
con ella y me disparó, saliendo con una velocidad vertiginosa. No
exagero si digo que el frenético ritmo del concierto no decayó. Hubo
alguna pildorilla más tranquila pero si digo que una de ellas fue
una versión, casi lounge del “No Fun” de
The Stooges, creo que demuestra la imparable energía que
se desprendió a lo largo de la actuación incluso en los momentos más
relajados.
Esta impresión se vio acompañada por la actitud de los
músicos. La percepción, al final del concierto de Iván Kovacevic
(contrabajista), que estaba casi rendido y al límite de la
extenuación, parecía algo más propio de una batalla campal en algún
concierto de punk de principios de los años ochenta que de un
concierto de rock‘n’roll (al menos en el panorama actual). Y es que,
el repertorio elegido por Nick Curran fue en la mayoría de los
casos, directo a la yugular. Alejándose de la heterogeneidad de su
álbum Dr Velvet, por poner un ejemplo, decidió que esa noche
estaría más encaminado a una actuación de pura energía.
Pero si con algo tuviese que quedarme del concierto, sería
con dos cosas. Al margen del hecho de ver al grupo disfrutar encima
de las maderas, la interacción entre ellos, y especialmente entre
Dani Nello y Nick Curran fue alucinante. Tal vez los mejores
momentos, con los que más se disfrutaba, era con los ánimos que se
daban el uno al otro, casi picándose mutuamente para llevar sus
respectivos solos de guitarra y saxo, al máximo posible y sin ningún
tipo de respiro. Porque sí, no sé exactamente en que punto habrá
comenzado la amistad de estos dos artistas pero el caso es que Dani
Nello, tal vez por jugar en casa, tuvo tanto protagonismo como Nick.
Y es normal porque almbos, Nick con la voz y Dani con el saxo, se
dejaron la piel en el escenario. O los pulmones si lo queréis ver
así. Y no por tópica es una afirmación gratuita. Lo repito, se
dejaron todo y fue gracias a esa interacción, de ánimo mutuo, que el
concierto pudo llegar a las cotas y a la duración alcanzada. Gracias
a eso y a intercalar alguna canción instrumental en momentos clave
(como después de los bises) pudieron recuperar el resuello.
Todo esto dio lugar a una grandiosa velada en la que el
repertorio pasó a un segundo plano ya que, por momentos, me dio la
sensación de estar viendo una jam band, disfrutando de los
guitarreos y de los solos de saxo, porque sí, despreocupándome de lo
que se oía, simplemente, disfrutándolo.
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