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NICK CURRAN

Madrid, Gruta 77

16 de octubre

 

 

Texto: Asier R.

 

Otra de las sorpresas de la temporada por su visita a nuestros escenarios fue Nick Curran, un tipo que lleva una trayectoria a sus espaldas impecable, ya sea con The Jaguars de Kim Lenz , ya sea en solitario con cuatro álbumes (en breve un quinto) de sonido muy clásico e inmensa personalidad.

 

Ya desde el inicio, me sorprendió la velocidad de la música. De hecho, cuando llevaba un buen rato, me daba la impresión de que alguien me había montado en una bala, había cargado el tambor con ella y me disparó, saliendo con una velocidad vertiginosa. No exagero si digo que el frenético ritmo del concierto no decayó. Hubo alguna pildorilla más tranquila pero si digo que una de ellas fue una versión, casi lounge del “No Fun” de The Stooges, creo que demuestra la imparable energía que se desprendió a lo largo de la actuación incluso en los momentos más relajados.

 

Esta impresión se vio acompañada por la actitud de los músicos. La percepción, al final del concierto de Iván Kovacevic (contrabajista), que estaba casi rendido y al límite de la extenuación, parecía algo más propio de una batalla campal en algún concierto de punk de principios de los años ochenta que de un concierto de rock‘n’roll (al menos en el panorama actual). Y es que, el repertorio elegido por Nick Curran fue en la mayoría de los casos, directo a la yugular. Alejándose de la heterogeneidad de su álbum Dr Velvet, por poner un ejemplo, decidió que esa noche estaría más encaminado a una actuación de pura energía.

 

Pero si con algo tuviese que quedarme del concierto, sería con dos cosas. Al margen del hecho de ver al grupo disfrutar encima de las maderas, la interacción entre ellos, y especialmente entre Dani Nello y Nick Curran fue alucinante. Tal vez los mejores momentos, con los que más se disfrutaba, era con los ánimos que se daban el uno al otro, casi picándose mutuamente para llevar sus respectivos solos de guitarra y saxo, al máximo posible y sin ningún tipo de respiro. Porque sí, no sé exactamente en que punto habrá comenzado la amistad de estos dos artistas pero el caso es que Dani Nello, tal vez por jugar en casa, tuvo tanto protagonismo como Nick. Y es normal porque almbos, Nick con la voz y Dani con el saxo, se dejaron la piel en el escenario. O los pulmones si lo queréis ver así. Y no por tópica es una afirmación gratuita. Lo repito, se dejaron todo y fue gracias a esa interacción, de ánimo mutuo, que el concierto pudo llegar a las cotas y a la duración alcanzada. Gracias a eso y a intercalar alguna canción instrumental en momentos clave (como después de los bises) pudieron recuperar el resuello.

 

Todo esto dio lugar a una grandiosa velada en la que el repertorio pasó a un segundo plano ya que, por momentos, me dio la sensación de estar viendo una jam band, disfrutando de los guitarreos y de los solos de saxo, porque sí, despreocupándome de lo que se oía, simplemente, disfrutándolo.

 

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