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Texto:
Rock in Chains
Fotos:
www.rokymountains.com
Primera Edición de Roky Mountains,
con un cartel realmente especial y arriesgado. La valoración
general, para comentarlo de antemano, sin meternos en ningún grupo
en especial es francamente positiva. Esta iniciativa que pretende
traer cada tres meses los sonidos más norteamericanos (meteremos a
Canadá por estar aquí The Sadies) se ha apuntado un tanto
bien gordo. Os remitimos a su dirección para que podáis saber más
sobre todo ello:
www.rokymountains.com
Aclaramos que los componentes de este
programa de radio-blog Rock In Chains, vamos a compartir esta
crónica. Empezaré yo con The Handsome Family directos desde
Chicago. Vaya por delante que hay algo en los discos de estudio de
la pareja que no llega a concretarse, al menos, los que hemos
escuchado. Tal vez sean producciones excesivamente limpias para el
tipo de música que hacen. Por otro lado tienen canciones realmente
interesantes y en directo el matrimonio Sparks se aleja de la
suavidad de sus discos de estudio, algo que suele ser normal en casi
todos los directos, con lo que se pudo disfrutar más. Cómo primer
grupo, se tuvo que enfrentar al fantasma de una sala medio vacía que
se iría llenando a lo largo de su concierto. Comenzaron con la
canción “Linger, Let Me Linger” de su último álbum Honeymoon, donde
te das cuenta que la voz de Brett está mucho más cerca de Dean
Martin (salvando las distancias como se suele decir) que de gente
como Cash, Jennings o Lanegan, mucho más rudas,
pero sorprendiendo al igual que todos los mencionados anteriormente,
por su profundidad. El repertorio fue bastante repartido a lo largo
de su discografía. Además no se centró en canciones exclusivamente
folk como fue esa maravillosa “Weighless Again” si no que nos
llevaron a su faceta menos conocida de roqueros con canciones como
“The Sad Milkman”. En esta canción, fue gracioso (se mostraron
bastante comunicativos, especialmente Rennie Sparks) comprobar como
el rol del matrimonio sobre el escenario se podría comprobar como el
contrapuesto de Mark Stuart y Stacey Earle, dónde ellos son todo
sonrisas (sin empalagar), Renny y Brett suelen “discutir” cada
cierto número de canciones, resultando bastante simpáticos. Su
sonido en conjunto sonó bastante menos minimalista y se dejaron
querer tanto por el banjo (a cargo de Renny) como del violín en
algunos temas. Buen concierto, aperitivo de lo que vendría después
que os pasa a comentar mi compañero.
Comienza el concierto de Magnolia
Electric CO, con buen sonido en la sala (Heineken!!!), primera
prueba superada. Jason Molina se encuentra bien flanqueado en el
escenario, por Pete Schreiner a la batería, Mike Kapinus al bajo,
el magnífico guitarrista Jason Groth y Mark Rice a los teclados.
Abren con “O! Grace”, y se van sucediendo temas de su último disco
como “The Rock Of Ages”, “Josephine” (que da título al disco y en el
que hace mención en todas sus canciones al que fue su bajista Evan
Farrell), “Shenandoah”, “Knoxville Girl”. Molina tiene una forma
bastante peculiar de cantar, a mi compi Asier le recuerda mucho en
los gestos a Willie Nelson, se hace querer con su rostro sonriente y
buen talante, se nota que se encuentra cómodo en el escenario a
pesar de algún pequeño problema con el cable de su guitarra, que por
cierto por detrás lleva las iniciales “MOLLY”. Llega uno de los
momentos estelares empieza a sonar “I’ve been riding with the ghost”
de su último trabajo como Songs Ohia, tremenda canción que el
público aclama, esos maravillosos coros de la canción de estudio son
sustituidos por unos no menos maravillosos solos de guitarra. Siguen
sucediéndose temas de su último disco y algunos de trabajos
anteriores, que quien suscribe conoce menos, desde la mesa de sonido
le dicen que va llegando el final, el comenta que esto se acaba y se
tocan tres temas uno de ellos una las canciones del concierto, nada
más y nada menos que “The Handing down” el público se vuelve a
encender de nuevo, con un baterista sensacional sobre todo el estos
dos últimos temas del concierto.
Y dejamos para el final, dentro de
las grandes actuaciones que hubo, lo mejor. Se combinó con John
Doe & The Sadies la frescura juvenil con el saber hacer que da
el ser perro viejo. Si queréis saber lo que fue este concierto, os
remito al concierto editado de “The Sadies, In Concert: Volumen One”.
Perfecto acoplamiento entre banda y solista, sentimiento a raudales,
virtuosismo, repertorio modélico, empatía con el público. En verdad,
no puedo decir que hubiese nada negativo en todo el espectáculo,
salvo el chapurreo en inglés que realizó John Doe al presentar cada
canción, bastante encomiable por cierto. En parte es normal,
curiosamente, ambos se han encontrado en momentos de su carrera muy
dulces. John Doe en solitario tiene grandes discos, personalmente,
prefiero estos a su carrera con X pero hay que situar a cada cosa en
su tiempo y lugar y por supuesto, su grupo matriz junto a Exena
Zervenka tiene grandes canciones también. Tanto Doe como Sadies
están más que acostumbrados a tener colaboradores o a colaborar con
gente. La lista mezclada de unos y otros podría ser interminable:
gente de Redd Kross, Heavy Trash, Kristine Hearsh,
John Langford, Dave Alvin, André Williams y un
largo etcétera. Y no exagero. Con todo ello, es normal que nos
encontremos sobre el escenario muchísima versatilidad, el disfrute
de ver a The Sadies en actitud completamente concentrada
especialmente Dallas Good, a la izquierda de John Doe, con un tono
de voz mucho más grave de lo que hubiese pensado tras escuchar los
discos de The Sadies. Con esa imagen tan desgarbada, con ese traje
prestado de los Flyin´Burrito Brothers dos tallas más
grandes, parece el Tom Waits del country. Travis Good, a la
derecha del jefe, mucho más catártico a la hora de acometer las
canciones, impresionante ver cómo cada vez que cogía el violín, se
dedicaba a serrarlo con el arco, también vestido al estilo Flyin´,
ambos dieron un auténtico recital (duelo de guitarras, que no de
banjo, incluido). Y por último, John Doe que es un auténtico líder,
se las sabe todas y está claro que lleva mucho tiempo en esto.
Conversador, sabedor de que lleva detrás un auténtico pelotón que le
respalda al 200%, se deja llevar y se le ve feliz. Su voz es muy
peculiar y brilló alto. Realmente es un maestro de orquesta. Otra
cosa es que con una banda como The Sadies, esto pueda resultar muy
fácil. El repertorio… bueno, eso es otro cantar. El álbum que han
realizado en conjunto tiene una colección de canciones simplemente
espectacular pero no se limitaron a ella. También recogieron temas
de The Sadies (Anna Leigh), de los mencionados X y sí que eché mucho
en falta temas de la carrera en solitario de John. Supieron combinar
muy bien temas lentos como “Hunbands & Wifes” (bella) con temas más
animados como el que abrió el concierto “Stop the World and Let Me
Off”. Pero el abanico fue muy grande con temas muy sucios, no
simplemente bailable como el ya comentado. Yendo del country al
rock, del punk, siempre desde un punto de vista, más de actitud y de
acometer las canciones con saña, al folk. También las instrumentales
con un pie en la música surf muy típicas de The Sadies como es esa
“The Sudbury Nickel” del álbum que venían a presentar, Country Club.
En resumen una grandísima primera experiencia.
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