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ROKY MOUNTAINS

Madrid, Sala Heineken,

21 de octubre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Rock in Chains

Fotos: www.rokymountains.com

 

Primera Edición de Roky Mountains, con un cartel realmente especial y arriesgado. La valoración general, para comentarlo de antemano, sin meternos en ningún grupo en especial es francamente positiva. Esta iniciativa que pretende traer cada tres meses los sonidos más norteamericanos (meteremos a Canadá por estar aquí The Sadies) se ha apuntado un tanto bien gordo. Os remitimos a su dirección para que podáis saber más sobre todo ello: www.rokymountains.com

            

Aclaramos que los componentes de este programa de radio-blog Rock In Chains, vamos a compartir esta crónica. Empezaré yo con The Handsome Family directos desde Chicago. Vaya por delante que hay algo en los discos de estudio de la pareja que no llega a concretarse, al menos, los que hemos escuchado. Tal vez sean producciones excesivamente limpias para el tipo de música que hacen. Por otro lado tienen canciones realmente interesantes y en directo el matrimonio Sparks se aleja de la suavidad de sus discos de estudio, algo que suele ser normal en casi todos los directos, con lo que se pudo disfrutar más. Cómo primer grupo, se tuvo que enfrentar al fantasma de una sala medio vacía que se iría llenando a lo largo de su concierto. Comenzaron con la canción “Linger, Let Me Linger” de su último álbum Honeymoon, donde te das cuenta que la voz de Brett está mucho más cerca de Dean Martin (salvando las distancias como se suele decir) que de gente como Cash, Jennings o Lanegan, mucho más rudas, pero sorprendiendo al igual que todos los mencionados anteriormente, por su profundidad. El repertorio fue bastante repartido a lo largo de su discografía. Además no se centró en canciones exclusivamente folk como fue esa maravillosa “Weighless Again” si no que nos llevaron a su faceta menos conocida de roqueros con canciones como “The Sad Milkman”. En esta canción, fue gracioso (se mostraron bastante comunicativos, especialmente Rennie Sparks) comprobar como el rol del matrimonio sobre el escenario se podría comprobar como el contrapuesto de Mark Stuart y Stacey Earle, dónde ellos son todo sonrisas (sin empalagar), Renny y Brett suelen “discutir” cada cierto número de canciones, resultando bastante simpáticos. Su sonido en conjunto sonó bastante menos minimalista y se dejaron querer tanto por el banjo (a cargo de Renny) como del violín en algunos temas. Buen concierto, aperitivo de lo que vendría después que os pasa a comentar mi compañero.

 

Comienza el concierto de Magnolia Electric CO, con buen sonido en la sala (Heineken!!!), primera prueba superada. Jason Molina se encuentra bien flanqueado en el escenario, por Pete Schreiner  a la batería, Mike Kapinus  al bajo, el magnífico guitarrista Jason Groth  y Mark Rice a los teclados. Abren con “O! Grace”, y se van sucediendo temas de su último disco como “The Rock Of Ages”, “Josephine” (que da título al disco y en el que hace mención en todas sus canciones al que fue su bajista Evan Farrell), “Shenandoah”, “Knoxville Girl”.   Molina tiene una forma bastante peculiar de cantar, a mi compi Asier le recuerda mucho en los gestos a Willie Nelson, se hace querer con su rostro sonriente y buen talante, se nota que se encuentra cómodo en el escenario a pesar de algún pequeño problema con el cable de su guitarra, que por cierto por detrás lleva las iniciales “MOLLY”.  Llega uno de los momentos estelares empieza a sonar  “I’ve been riding with the ghost” de su último trabajo como Songs Ohia, tremenda canción que el público aclama, esos maravillosos coros de la canción de estudio son sustituidos por unos no menos maravillosos solos de guitarra. Siguen sucediéndose temas de su último disco y algunos de trabajos anteriores, que quien suscribe conoce menos, desde la mesa de sonido le dicen que va llegando el final, el comenta que esto se acaba y se tocan tres temas uno de ellos una las canciones del concierto, nada más y nada menos que “The Handing down” el público se vuelve a encender de nuevo, con un baterista sensacional sobre todo el estos dos últimos temas del concierto. 

 

Y dejamos para el final, dentro de las grandes actuaciones que hubo, lo mejor. Se combinó con John Doe & The Sadies la frescura juvenil con el saber hacer que da el ser perro viejo. Si queréis saber lo que fue este concierto, os remito al concierto editado de “The Sadies, In Concert: Volumen One”. Perfecto acoplamiento entre banda y solista, sentimiento a raudales, virtuosismo, repertorio modélico, empatía con el público. En verdad, no puedo decir que hubiese nada negativo en todo el espectáculo, salvo el chapurreo en inglés que realizó John Doe al presentar cada canción, bastante encomiable por cierto. En parte es normal, curiosamente, ambos se han encontrado en momentos de su carrera muy dulces. John Doe en solitario tiene grandes discos, personalmente, prefiero estos a su carrera con X pero hay que situar a cada cosa en su tiempo y lugar y por supuesto, su grupo matriz junto a Exena Zervenka tiene grandes canciones también. Tanto Doe como Sadies están más que acostumbrados a tener colaboradores o a colaborar con gente. La lista mezclada de unos y otros podría ser interminable: gente de Redd Kross, Heavy Trash, Kristine Hearsh, John Langford, Dave Alvin, André Williams y un largo etcétera. Y no exagero. Con todo ello, es normal que nos encontremos sobre el escenario muchísima versatilidad, el disfrute de ver a The Sadies en actitud completamente concentrada especialmente Dallas Good, a la izquierda de John Doe, con un tono de voz mucho más grave de lo que hubiese pensado tras escuchar los discos de The Sadies. Con esa imagen tan desgarbada, con ese traje prestado de los Flyin´Burrito Brothers dos tallas más grandes, parece el Tom Waits del country. Travis Good, a la derecha del jefe, mucho más catártico  a la hora de acometer las canciones, impresionante ver cómo cada vez que cogía el violín, se dedicaba a serrarlo con el arco, también vestido al estilo Flyin´, ambos dieron un auténtico recital (duelo de guitarras, que no de banjo, incluido). Y por último, John Doe que es un auténtico líder, se las sabe todas y está claro que lleva mucho tiempo en esto. Conversador, sabedor de que lleva detrás un auténtico pelotón que le respalda al 200%, se deja llevar y se le ve feliz. Su voz es muy peculiar y brilló alto. Realmente es un maestro de orquesta. Otra cosa es que con una banda como The Sadies, esto pueda resultar muy fácil. El repertorio… bueno, eso es otro cantar. El álbum que han realizado en conjunto tiene una colección de canciones simplemente espectacular pero no se limitaron a ella. También recogieron temas de The Sadies (Anna Leigh), de los mencionados X y sí que eché mucho en falta temas de la carrera en solitario de John. Supieron combinar muy bien temas lentos como “Hunbands & Wifes” (bella) con temas más animados como el que abrió el concierto “Stop the World and Let Me Off”. Pero el abanico fue muy grande con temas muy sucios, no simplemente bailable como el ya comentado. Yendo del country al rock, del punk, siempre desde un punto de vista, más de actitud y de acometer las canciones con saña, al folk. También las instrumentales con un pie en la música surf muy típicas de The Sadies como es esa “The Sudbury Nickel” del álbum que venían a presentar, Country Club. En resumen una grandísima primera experiencia.

 

 

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