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Texto:
Asier R.
Fotos:
myspace.com/slimcessnasautoclub
Con las credenciales de un último álbum,
Unentitled, emocionante, cachondo, oscuro, cabaretero, bla, bla,
bla. Con una fama en directo envidiable, con credenciales de una
evolución discográfica, no solo muy, muy interesante y que nosotros
sepamos, lleva tres últimas entregas, absolutamente modélicas,
bueno, con todo eso, las expectativas eran muy grandes. Las ganas de
acercarnos, de poder degustar tan buena música, también nos
predisponía a cierto estado alterado de conciencia. Como
cocainizados de ganas, vamos.
El resultado es un rotundo SÍ a esas preguntas que se
pueden plantear. ¿Merece la pena acercarse a uno de sus conciertos?
Sí, más que al 90% de bandas actuales. ¿A pesar de que no conozcas
su música? Sí, al igual que con algunas películas, la capacidad de
sorpresa puede hacer que la experiencia pueda ser aún más
satisfactoria. Aunque no me gusta hacer cruces extraños, con
Slim Cessna’s Auto Club, voy a
hacer una excepción: la coctelera la dan
Woven Hand por el tono oscuro,
Slayer por cierta amenaza presente en su música, los
Blues Brothers aportan la dosis
bailable y gospel de estos muchachos, así como un hermano híbrido de
Willie Nelson y
Hank Williams, por esa
influencia country, base en su música. O, al menos lo fue en su
época. Invoco a ambos artistas por esa característica que
encontramos en su música tan adictiva, la de pasar de la alegría (Willie
Nelson) a la opresión (el Hank Williams más machacado) en cuestión
de segundos.
Sus conciertos tienen mucho de teatralidad. Sigo
pensando en todo lo que nos perdemos por no ser bilingües ya que en
algunas partes, sus canciones, vienen representadas por una especie
de interacción teatral entre los dos cantantes: el propio Slim
Cessna y su mano derecha, Munly. Probablemente con historias sobre
tentativas de perdición por parte del demonio, centrado en hacerle
la vida imposible a algún pobre mortal. Ayuda a ello la oscuridad de
la puesta en escena, el aspecto de Munly, generalmente en el papel
de tenebroso forajido famélico, enviado desde algún oscuro ataúd. O
del averno.
Pero no debéis preocuparos por no entender la lengua,
la gestualidad de los dos líderes aporta a la canción ese toque
extra que te hace intuirlo. Esas micro-obras teatrales le dan a
muchas de las canciones un tono especial, transmiten también ciertas
sensaciones y sabes que a su fin, la canción puede ir por derroteros
inimaginables. De hecho, me juego el cuello a que la duración de los
temas es mayor de la sensación que te queda ya que son absorbentes
por todo ese entreverado de cambios, interacciones y qué sé yo qué
más.
¡¡Y esos números pseudo gospel!! Con esa plática
entre el público y con esa épica (gospel, otra vez) de sus
canciones. Curioso que llegan a sonar con una dureza extraña incluso
cuando no hay guitarra y la electricidad la aportan dos banjos y una
pedal steel distorsionada.
También es de agradecer esos cambios en la
instrumentación, muy acorde con la del tono de las canciones,
pasando de lap steel a teclados, guitarras de doble mastil con slide
a banjos, contrabajos con arco, todo ellos para crear texturas sin
olvidarse de que están al servicio de las voces de dos auténticos
monstruos que pasan de los aullidos (no gritos, no, aullidos), a las
voces de ultratumba y a los cantos festivos de un Jimmy Rodgers (yodelehiiiiiiiiiiiiii!!!)
con un Auto Club (su grupo) que aparte de imaginativo, puede tomarse
incluso por virtuoso en un estilo de música tan poco dado a ello.
Lo último a comentar, para los curiosos, es su
repertorio. Al menos del conocido por nosotros, pero tal y como
indico, no creo que sea especialmente importante. Tardaron en caer
las canciones de Unentitled pero el primer fogonazo lo dio
“Know Your Enemy”, el concierto tuvo momentos con preponderancia de
su álbum Cipher, tal vez el más reconocido, del que no
faltaron clásicos propios como “Magalina Hagalina Boom Boom” o esa
bestial “That Fierce Cow Is Common Sense In A Country Dress” antes
de los bises. Tan adictivas y abrasivas como las que no conocíamos.
Se puede decir, en resumen, que al igual que su
música, sus conciertos tienen un estilo tan propio que hace de ellos
una experiencia única y que por fortuna, se puede paladear en las
distancias cortas que, al igual que en el teatro, en este caso son
importantes. Muy difícil es tener enormes expectativas y que sean
superadas y a juzgar por el ambiente post-concierto, Slim Cessna y
sus Auto Club, barrieron entre un público heterogéneo, al igual que
su música.
Únicos, personales e intransferibles. Con actitud
propia, presencia y visuales.
¿Qué más se puede pedir? |