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SOUTHERN CULTURE ON THE SKIDS

Madrid, Sala Caracol,

6 de abril

 

 

 

 

 

 

Texto: Asier R.

Fotos: www.scots.com

 

Cada vez que oigo a este grupo no puedo evitar recordar su lejano concierto en la sala El Sol hará cerca de 10 años poco más o menos. De modo que había muchísimas ganas de volver a verlos en su medio natural, una sala de aforo mediano como es Caracol pero que resulta muy cómoda y que se demostró como un escenario estupendo por su gran sonido y la amplitud (al menos aparente) del escenario.

 

Decir que no decepcionan es quedarse muy corto. Al hecho de resultar un grupo muy entrañable por muchas cosas que iré comentando, se junta con esa alegría que desprenden sus canciones. Canciones para aliviar las penas. Y si no las tienes, son sencillamente, espléndidas canciones para mover hasta huesos de tu cuerpo que no conoces.

 

Tenía mucha curiosidad por ver si veríamos una versión acelerada de su música, como ocurre con su álbum en directo Double Wide & Live, pero no. Hicieron un show con lo que se puede llamar “ritmo-skids” y aquí se demostró que aunque Mary Huff, bajista y cantante del grupo (tarea que comparte con su líder Rick Miller), es una baza que imprime muchos puntos álgidos en el espectáculo, su guitarrista-vocalista lleva el show, estira y acorta las canciones a su antojo. De hecho, entre las muchas canciones del concierto, si tuviera que elegir una sola, me quedaría con “Greenback Fly”. En ésta, Rick se explayó tranquilamente aportando un toque más atmosférico, se dejó llevar e improvisó de forma tan acertada que tras la hipnosis provocada por el tema, pasabas a la siguiente descarga con la sensación de haber dejado atrás algo muy querido y que no se volverá a repetir. La grandeza de los conciertos. Y lo mejor de todo es que a lo largo del repertorio de estos chicos, esa sensación se sucede debido al cóctel explosivo que supone su música.

 

Porque si, tienen las tablas que les da el llevar muchos años en esto, no es gratuito decir que además no han pinchado con ninguno de sus álbumes con lo que su repertorio es de órdago a grande. A pesar de que terminó el concierto y te preguntabas donde habían quedado joyas como “Camel Walk” o “Just How Lonely”, me volvió a ocurrir lo mismo que diez años atrás: llega un momento en sus conciertos que disfrutas igualmente canciones perdidas de su repertorio, tanto como si fuesen sus grandes canciones. Te da lo mismo que suenen versiones de su último álbum Countrypolitan Favorites, de las cuales cayeron perfectamente distribuidas, “Life’s a Gas”, “Fight Fire” y “Funnel of Love”, que otras como  esa perla llamada “Misirlou” mezclada con “Meximelt” (de cosecha SCOTS), si no recuerdo mal, tan extraña como fascinante y que fue otro momento que sirvió para el lucimiento de todos y cada uno de los musicazos y en el que Rick se hizo tan dueño del tiempo como de la guitarra.

 

Pero aunque está claro que los SCOTS resultan tan maravillosos en las canciones más largas, son un grupo de piezas breves, sin por ello perder las texturas. Y en esa variante me quedo con la mencionada “Fight Fire” en la que Mary Huff demostró la clase que se puede desprender simplemente con un chorro de voz como el que todavía posee. Y un peine. Porque si, esos numeritos en los que se retocaba entre canción y canción o pestañeaba con cierto toque travieso la hacían tan adorable como sofisticada con ese peinado y modelo tan 60’s. Alguien que, si bien noté que cantaba a Wanda Jackson con cierta chufla, resulta todo un cambio en la dinámica del concierto con canciones básicas como “House of Bamboo” o “Nitty Gritty”.

 

Y al cuarteto (en concierto llevan un guitarrista de apoyo) se une Dave Hartman, que se pasó tocando la batería de pie todo el concierto cual Slim Jim Phantom y creo que nunca le he visto tan relajado y disfrutando de lo que estaba haciendo como el lunes, aportando a todos los cambios de estilo que es capaz de sacar Rick de su guitarra, una percusión imaginativa y llena de vida propia con un facilidad pasmosa. Cómo le seguía en la música pantanosa de “King of the Mountain” (cuando el vocalista recuerda más a la Creedence, adoro esta canción), las instrumentales más surf como “Skullbucket” donde Lynk Wray está tan presente. Rock’n'Roll, easy-listening, country… había tantos estilos y todo suena tan SCOTS que finalmente las canciones se acaban diluyendo en un espectáculo simplemente brillante.

 

A todo esto, hay que añadir esos pequeños toques que no pueden faltar en sus conciertos: “El Santo” con el luchador mejicano saltando a escena (esta vez algo más flojo que en anteriores conciertos) para gritar esas frase atómica “¡¡¡Viva El Santoooooo!!!”, las salida de personal femenino del público para hacer el consabido reparto de pollo frito desde el escenario y lanzado a diestra y siniestra o los ya mencionados retoques de la bajista (impagable la carrera del “roadie” para llevarle su enorme bolso en los bises).

 

Únicos, que ya es decir, y con un repertorio de quitar el hipo.

 

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