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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.scots.com
Cada vez que oigo a este grupo no puedo evitar recordar su
lejano concierto en la sala El Sol hará cerca de 10 años poco más o
menos. De modo que había muchísimas ganas de volver a verlos en su
medio natural, una sala de aforo mediano como es Caracol pero que
resulta muy cómoda y que se demostró como un escenario estupendo por
su gran sonido y la amplitud (al menos aparente) del escenario.
Decir que no decepcionan es quedarse muy corto. Al hecho de
resultar un grupo muy entrañable por muchas cosas que iré
comentando, se junta con esa alegría que desprenden sus canciones.
Canciones para aliviar las penas. Y si no las tienes, son
sencillamente, espléndidas canciones para mover hasta huesos de tu
cuerpo que no conoces.
Tenía mucha curiosidad por ver si veríamos una versión
acelerada de su música, como ocurre con su álbum en directo
Double Wide & Live, pero no. Hicieron un show con lo que se
puede llamar “ritmo-skids” y aquí se demostró que aunque Mary Huff,
bajista y cantante del grupo (tarea que comparte con su líder Rick
Miller), es una baza que imprime muchos puntos álgidos en el
espectáculo, su guitarrista-vocalista lleva el show, estira y acorta
las canciones a su antojo. De hecho, entre las muchas canciones del
concierto, si tuviera que elegir una sola, me quedaría con
“Greenback Fly”. En ésta, Rick se explayó tranquilamente aportando
un toque más atmosférico, se dejó llevar e improvisó de forma tan
acertada que tras la hipnosis provocada por el tema, pasabas a la
siguiente descarga con la sensación de haber dejado atrás algo muy
querido y que no se volverá a repetir. La grandeza de los
conciertos. Y lo mejor de todo es que a lo largo del repertorio de
estos chicos, esa sensación se sucede debido al cóctel explosivo que
supone su música.
Porque si, tienen las tablas que les da el llevar muchos
años en esto, no es gratuito decir que además no han pinchado con
ninguno de sus álbumes con lo que su repertorio es de órdago a
grande. A pesar de que terminó el concierto y te preguntabas donde
habían quedado joyas como “Camel Walk” o “Just How Lonely”, me
volvió a ocurrir lo mismo que diez años atrás: llega un momento en
sus conciertos que disfrutas igualmente canciones perdidas de su
repertorio, tanto como si fuesen sus grandes canciones. Te da lo
mismo que suenen versiones de su último álbum Countrypolitan
Favorites, de las cuales cayeron perfectamente distribuidas,
“Life’s a Gas”, “Fight Fire” y “Funnel of Love”, que otras como esa
perla llamada “Misirlou” mezclada con “Meximelt” (de cosecha SCOTS),
si no recuerdo mal, tan extraña como fascinante y que fue otro
momento que sirvió para el lucimiento de todos y cada uno de los
musicazos y en el que Rick se hizo tan dueño del tiempo como de la
guitarra.
Pero aunque está claro que los SCOTS resultan tan
maravillosos en las canciones más largas, son un grupo de piezas
breves, sin por ello perder las texturas. Y en esa variante me quedo
con la mencionada “Fight Fire” en la que Mary Huff demostró la clase
que se puede desprender simplemente con un chorro de voz como el que
todavía posee. Y un peine. Porque si, esos numeritos en los que se
retocaba entre canción y canción o pestañeaba con cierto toque
travieso la hacían tan adorable como sofisticada con ese peinado y
modelo tan 60’s. Alguien que, si bien noté que cantaba a Wanda
Jackson con cierta chufla, resulta todo un cambio en la dinámica del
concierto con canciones básicas como “House of Bamboo” o “Nitty
Gritty”.
Y al cuarteto (en concierto llevan un guitarrista de apoyo)
se une Dave Hartman, que se pasó tocando la batería de pie todo el
concierto cual Slim Jim Phantom y creo que nunca le he visto tan
relajado y disfrutando de lo que estaba haciendo como el lunes,
aportando a todos los cambios de estilo que es capaz de sacar Rick
de su guitarra, una percusión imaginativa y llena de vida propia con
un facilidad pasmosa. Cómo le seguía en la música pantanosa de “King
of the Mountain” (cuando el vocalista recuerda más a
la Creedence,
adoro esta canción), las instrumentales más surf como “Skullbucket”
donde Lynk Wray está tan presente. Rock’n'Roll, easy-listening,
country… había tantos estilos y todo suena tan SCOTS que finalmente
las canciones se acaban diluyendo en un espectáculo simplemente
brillante.
A todo esto, hay que añadir esos pequeños toques que no
pueden faltar en sus conciertos: “El Santo” con el luchador mejicano
saltando a escena (esta vez algo más flojo que en anteriores
conciertos) para gritar esas frase atómica “¡¡¡Viva El
Santoooooo!!!”, las salida de personal femenino del público para
hacer el consabido reparto de pollo frito desde el escenario y
lanzado a diestra y siniestra o los ya mencionados retoques de la
bajista (impagable la carrera del “roadie” para llevarle su enorme
bolso en los bises).
Únicos, que ya es decir, y con un repertorio de quitar el
hipo.
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