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Texto:
Rock in Chains
Allí estuvimos, viendo una de las minoritarias propuestas inglesas
que están surgiendo en ese país y alrededores. Mucho más interesante
que las vacías modas que imperaron durante un tiempo por allí aunque
mucho menos masivas.
El
concierto fue de menos a más, como el calor sobre el escenario, y
eso que dos de sus primeras grandes bazas en forma de canción
sonaron a la primera de cambio: “Edward the Confessor” y “Great
White Lie”, ambas de los mejorcito de un disco que te atrapa
enseguida pero que gana aún más con las escuchas y te vas dando
cuenta de la personalísima forma de tocar de sus guitarristas. Pero
eso es el disco.
En
directo, la cosa (es decir, el concierto) no pintó nada mal, a pesar
de que se corría cierto riesgo al no tener una discografía
especialmente larga pero no. De hecho, rectifico, pero sí.
Sorprendió, y mérito tiene que algunas de las canciones que más
impresionaron fueran desconocidas. Tocar canciones nuevas de su
próximo disco (en septiembre), tocaron, pero no sabría decir si
fueron las que más se quedaron en el tímpano. Si lo son, el disco
que viene augura calidad a raudales. El guitarrista Alex Gavaghan ,
el vocalista Dan Wilson y el batería Mark Percy se lo comieron todo.
El primero, tiene esa forma de coger la guitarra, casi a la altura
del pecho que ya de por sí llama la atención. Sus punteos son muy
imaginativos, con cierto parecido a un ataque epiléptico, pero en el
sonido porque él no es especialmente extravagante o encendido, fuera
de cierto aire robótico a la hora de moverse. Pero lo que digo, que
sonido tan peculiar. El segundo, el vocalista, bueno, creo que es el
elemento anticomercial del grupo. Me encanta esa voz de ultratumba
pero al lado de esos coros tan festivos, de esos ritmos tan tribales
y de esas melodías tan bailables, su voz es el elemento oscuro,
aprensivo. Cuando lo escuchas impresiona en ocasiones ese desgarro
en la garganta y hace pensar si tendrá la resistencia para continuar
largas giras. De verdad que el grado de entrega cuando interpreta es
muy grande. Cierto toque cómico, la altura y el estar al borde del
escenario siempre que se quita la guitarra, le da también mucha
presencia. Y además comunicativo y simpático, lo que contrasta con
el personaje en el que se transforma cada vez que empieza la canción
(simpatía contra tenebrismo). Y el batería, pues un tipo compacto,
realmente le siguen, marca el ritmo y a veces (momentos puntuales)
sí que parece una tormenta.
El
concierto en sí, fue en la segunda parte una auténtica fiesta. Una
gran parte del público presente bailaba las canciones más rítmicas,
con movimientos de rock ‘n’ roll y es que a medida que se avanzaba,
se intensificaron las canciones, las ganas del grupo y la capacidad
de improvisación. El repertorio se alejó más de excelentes canciones
más reposadas como “In The Night” hacia esa maravilla con aires de
western que es “West End Road”. Curioso notar las múltiples
influencias: crooner, spaghetti, rock, garage, pop y darte cuenta de
la personalidad que se gastan para sonar a The Cubical, cuyo gran
mérito como digo, fue sobre todo de vocalista y guitarra.
Ojalá las islas sigan dando la versatilidad y calidad de gente como
Jim Jones Revue, Crippled Black Phoenix, Kill It Kid o los propios
The Cubical porque querrá decir que las modas se han apagado y
vuelve la música. |