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Texto: Asier R.
Corren buenos tiempos para los conciertos en directo
y corren buenos tiempos para el descubrimiento de bandas no muy
conocidas con un legado amplio y envidiable. Es el caso que nos
ocupa.
Estos cuatro caballeros de Chicago, ciudad de
gangster, tienen una carrera muy amplia, de consecuente evolución e
inquietud y que consecuentemente ha cristalizado en álbumes muy
ricos, tanto en influencias, como en talento para amoldarlas y
resultar un híbrido no demasiado extraño pero que te descoloca ya
que, sin saber exactamente de dónde sale, han conformado un sonido y
unas canciones que suenan exclusivamente a ellos a la par que las
suaves brisas de heterogéneas influencias se abren paso por nuestros
oídos.
Fiction to Shame es su
último larga duración, por poco tiempo ya que en breve publicarán su
siguiente obra de inteligente título: Who's Afraid of Being
Lonely?. Como en nuestros oídos la primera está recientísima y
grabada a fuego en las orejas, echamos de menos mayor hincapié en
esta obra, pero nada que objetar a un repertorio que cubrió
ampliamente toda su discografía.
Se presentaron con impecable sobriedad de traje,
respaldados por sus instrumentos y ya de primeras se veía que al
igual que ocurre con muchas bandas que no pueden venir con
colaboradores, los múltiples matices de sus grabaciones darían lugar
a un sonido más directo, eso sí, sin dejar de lado la impecable
sonoridad del teclado en temas como “Sons & Daughters”. Además, la
impecable precisión de un batería, tocando cual Slim Jim Phantom, de
pie, con un estilazo y con una forma de adornar las canciones, muy
difícil de encontrar por ahí fuera.
Una de las bazas que le aportan ese no sé qué
especial al grupo, que lo hace tan reconocible, es sin duda su
vocalista, con una voz llena de dramatismo, de dramatismo duro, nada
de una voz llorona o blanda, más bien templada por mucho polvo
reseco acumulado en su garganta y muchas experiencias sentimentales
que sin duda han recubierto las cuerdas vocales de una fuerza única.
Además, no quita, como las dos caras que todos tenemos, para que su
voz adopte un gamberrismo muy sano. Ejemplo de las primeras pueden
ser “Feel So Good to Be in Bed With You”, una de las canciones
estrella de su primer álbum, o “Fiction to Shame” (que a pesar de
sus múltiples diferencias, musicalmente no puede dejar de traerte a
la cabeza el “Trouble” de los Jayhawks). Como ejemplo del segundo,
de hecho el cachondeo predominó mucho más, esa “Spinnin´ Head” que
hizo lo propio con nuestra cabeza o su versión de “When Jesus Just
Left Chicago”. De hecho, interaccionaron enormemente con el público,
pasando el sector femenino a encargarse de bailar, las maracas y la
pandereta sobre el escenario o también esa respuesta a los coros
entre público y grupo con “Lucky”, gracias a la magnética
personalidad de Brian Krumm que no se lo pensó ni un segundo a la
hora de saltar del escenario para recolectar personal por toda la
sala para que fuese a primera línea de tiro, o de escenario.
La pena y la grandeza a la vez es precisamente, que a
pesar de la amplitud del repertorio, dejasen de sonar enormes temas,
como “Got Down On My Knees”, “You Wish” o “Chevy Nova” pero algo hay
que sacrificar cuando en canciones como la mencionada “Lucky” o su
personalísima versión de “The Killing Moon”, dejan respirar, la
canción, desarrollándola con tiempo, haciendo que penetre, y
especialmente con el tema de Echo & the Bunnymen, los pelos se
pusiesen de punta, concentrando una intensidad magistral. Un
absolutamente claro punto álgido musical en el concierto.
Esperemos que próximamente mucha gente pueda volver a
disfrutar de música tan artesanal como pasional. Y además, mucho más
personal de lo que pudiera parecer en un principio.
¡Chapó!
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