|


|
Texto:
Marcos
Ripalda
Fotos:
www.piperferguson.com y
www.subpop.com
A priori, un concierto acústico,
íntimo y disfrutable en las butacas de un teatro bautizado con
nombre de factoría de ricos helados de dos talluditos como
Mark Lanegan y
Greg Dulli, con la inestimable
colaboración del veterano guitarrista Dave Rosser, presagiaba
delicias que, a fecha de hoy, aún no he encontrado, mire usted,
aunque no he dejado de aguardarlas, en el único álbum del dúo hasta
la fecha, Saturnalia (2008). Y hubo delicias, claro, aunque
se echase de menos, eso sí, algún ritmo de batería o solo de violín
que avivase el fuego del hogar y la rabia (en términos musicales) de
la capital. Pero esto son sólo matices. Que con interpretaciones y
voces como la de estos dos y unas guitarritas por aquí y un piano
por allá también se facturan notables canciones, y hasta algunas
memorables, ya digo, sino echen un vistazo a cómo se las gastan
solitarios como Jason Molina
o Damien Jurado, entre
otros.
Por lo que vislumbré antes de
que se apagaran las luces, el aforo estaba completo. La alineación
de los protagonistas fue como sigue: a la izquierda del escenario
Greg Dulli, armado con su guitarra; en el centro, Mark Lanegan, que
se basta con él mismo y su voz de caverna, que no es poco; y a la
derecha Rosser, con su guitarra y un piano, bueno, más bien un
pianito, a su derecha, que tocaría Dulli en varias ocasiones para
deleite de muchos.
Arrancaron con tres temas de
The Gutter Twins. “The Body”,
que se adhiere como un guante al formato acústico; “God’s Children”,
que de tan desnuda se queda en anécdota y palillo; y “The Stations”,
el tema más destacado de Saturnalia, con Dulli muy
concentrado al teclado. Luego cayeron algunos temas anodinos. Pocos.
Hasta que Lanegan izó el sedal y se trajo a su barcaza el tema
“Resurrection Song”, una pieza excepcional y archiconocida de cuando
era líder de Screaming Trees.
Dulli, por su parte, interpretó “Summer’s Kiss”, cumbre
imprescindible de su época con The
Afghan Whigs, grupo de los noventa que les recomiendo.
Para los bises se reservaron, entre otras versiones, la del
recurrente, y no por ello menos dulce, “All I Have To Do Is Dream”,
de The Everly Brothers.
En cualquier caso, y a pesar de
que el concierto estuvo aceptable con algún asterisco, si les
hubiera dado por tirar de catálogo, no estaríamos hablando de un
concierto más, sino de El Concierto.
|