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THE HANGMEN

Madrid, Sala Wurlitzer Ballroom,

22 de diciembre

 

 

 

 

Texto: Asier R.

 

El que fuera último concierto del pasado año para el escribiente, hizo que musicalmente pasase página con una sonrisa en los labios. De hecho, me ha costado horrores decidirme a escribir sobre el concierto porque este es un caso claro de esa raza de conciertos que hay que vivirlos y que en el fondo son muy fáciles de catalogar: rock’n’roll y grandísimas canciones.

 

The Hangmen y todo lo que vayáis a leer en castellano sobre ellos va a decir lo mismo, son un grupo que desde el punto de vista comercial son un desatino. Mala suerte, mal momento y una concepción, la del mestizaje, mezcla o fusión, como se prefiera, que no siempre ha estado tan bien entendida o aceptada como ahora. He pensado en The Hangmen como la alternativa de la alternativa pero tan solo hay que ver cómo está el panorama de grupos alrededor como para darte cuenta de que hay música mucho más extraña, oculta o alternativa. Lo de ellos es el típico caso de grupo cuyos admiradores ven con un potencial y talento fuera de toda duda pero por alguna razón invisible o relativamente material, no llega a traspasar fronteras. Y es una lástima pero a estas alturas lo más probable es que todo continúe igual.

 

En esta década que dejamos atrás, que mucha gente ve como bastante decadente para el rock’n’roll, que hay refritos de discos de versiones y directos por todas partes y todo va y viene y a veces acaba sonando desgastado, igual, altisonante, prepotente, etc. The Hangmen, editaron en el año 2002 lo que a mi siempre me ha parecido uno de los directos más geniales y probablemente el mejor justificado de esa década. También el que tiene el título con un espíritu fiel a la actitud y raíces de la banda. Hablo de “We´ve Got Blood On The Toes Of Our Boots”. Merece la pena que os esforcéis y busquéis su historia.

 

Dicho esto, hace un par de años, me acerqué a verlos por primera vez y tengo que admitir que me dejó un tanto frío. Llevaban por aquel entonces al guitarrista de The Bellrays, al que habíamos podido ver en directo. Muy bueno pero… no. Por supuesto la actitud del cantante, más bien fría, tampoco ayudó.

 

En esta ocasión, y en principio no le presté demasiada atención, había leído entrevistas con Bryan Small, líder de esta banda, en la que parecía realmente excitado con que su guitarrista “fijo”, Rane Raitsikka, les acompañase, pero tengo que admitir que tanto su actitud, como la de Bryan, hicieron del concierto una sensación musical intensa. Aparte del hecho de tocar la “slide” de esa forma tan llena de pasión como poco dada al virtuosismo y sí a la tensión tan característica de este grupo. Eso hizo que lo que yo cientos de veces había escuchado en formato CD con tantísima implicación y placer esta vez, pude verlo a la par que lo oía: que ese visceral directo que me acompaña desde hace siete años, es real y hasta puede mejorarse. Y si no que se lo digan a mi cuello.

 

Es cierto que se les veía más sueltos, que la cercanía del escenario hacía del concierto algo parecido a la diferencia entre ver un combate de boxeo desde una última fila, en lugar de ser el árbitro del evento. Y eso provocó que hubiese una retroalimentación inmensa que tras desgranar todo el cancionero planeado, volviesen con cinco canciones más, la mayoría de ese discazo que es Metallica I.O.U y de las cuales me quedo con “I Luv U” y “Broke, Drunk & Stoned”.

 

Jeffrey Lee Pierce estaría orgulloso.

 

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