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THE LOST CRUSADERS

Madrid, Gruta 77,

19 de septiembre

 

 

Texto: Asier R.

 

Nos acercamos una vez más a la sala Gruta ‘77 para ver qué nos deparaba uno de los grupos que más había atraído nuestra mirada el año pasado con ese disco adictivo que es Have You Heard About the World? y se confirmaron nuestras sospechas: son grandes. Vamos a intentar hablar de las cualidades de estos tipos.

 

En primer lugar decir, a nivel general, que la sensación final que se me quedó, me recordó mucho a un concierto que nada tiene que ver con Lost Crusaders, estoy hablando del que pudimos disfrutar en la sala El Sol con Devotchka de protagonistas. Y digo que me recuerda a él, porque al igual que ocurre con las grandes películas, después de haberlo disfrutado, todavía te está rondando por la cabeza unos cuantos días y sin saber exactamente porqué es así, el recuerdo de lo mucho que lo has disfrutado ya basta para dibujarte una sonrisa en la cara.

 

Mike Chandler es el líder de la banda que nos ocupa. En su enésima reencarnación (que yo sepa, su grupo más conocido hasta la fecha ha sido Raunch Hands) lidera una banda cuya base es el ritmo. Puro y duro. Y que resulten tan atractivos solamente con una premisa tan sencilla es todo un logro. Sí, es cierto, la banda está compuesta (en directo) por seis personas, a cada cual más implicada con sus instrumentos, pero en el fondo, cuando les estás viendo, ya sea con sus predominantes ritmos endiabladamente frenéticos y veloces o con los más PROFUNDAMENTE reposados, lo que se te acaba clavando en los pies es el ritmo. Y en él, todos los instrumentos están implicados.

 

Mike Chandler me impresionó por esa especie de aura que le rodeaba durante la actuación. Me recordó, por su actuación, a dos tipos que están cerca pero lejos de su música. Ellos son Mark Lanegan y Dave E. Edwards. Digo cerca, porque comparten raíces musicales muy parecidas. Y lejos porque su acercamiento a ellas es muy distinto. Me recordó, por esa especie de éxtasis en el que parecía entrar, poniendo los ojos en blanco, al estilo de Dave E. Edwards, pero lejos de resultar místico, su actitud era mucho más parecida a los Blues Brothers que se ponen a bailar desaforadamente en la iglesia. Y es que la combinación que hacen de rock’n’roll y gospel es tan fiera que resulta muy terrenal.

 

Y eso fue otro de los puntos importantes. Ver un grupo con los pies en el suelo. Una BANDA en la que se hablaba antes de empezar. Se iniciaban las canciones con el mítico “un, dos, tres...”. El diálogo, tanto entre los miembros de la banda, cómo con el público, a veces en anárquico español, le aportó frescura, pareciendo que estaban ensayando, aunque nada más lejos de la realidad. Ese comienzo del concierto “a capella”, de la canción “Have you Heard About the World?” o el desenfreno de “I Don’t Ask Why” y aún más, su última canción antes de los bises que llegó al paroxismo más extremo con un saxofonista rojo, dejándose los pulmones en el instrumento, los ambientes de cine negro de “There Used to Be a River”, todo ello hicieron de él un concierto, estudiado y espontáneo. Variado, interesante y lleno de vida.

 

Por cierto que fue un bonito detalle ver al guitarrista Johnny Vignault  preocupándose de apoyar y ayudar a su teclista en su primera noche con el grupo. Por otro lado, lo hizo estupendamente cada vez que el piano adquiría protagonismo. Y es que, cada uno de ellos, aportó su granito de talento, para hacer de ese concierto, especial.

 

 

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