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Texto:
Asier R.
Nos acercamos una vez más a la sala Gruta ‘77 para ver qué
nos deparaba uno de los grupos que más había atraído nuestra mirada
el año pasado con ese disco adictivo que es Have You Heard About
the World? y se confirmaron nuestras sospechas: son grandes.
Vamos a intentar hablar de las cualidades de estos tipos.
En primer lugar decir, a nivel general, que la sensación
final que se me quedó, me recordó mucho a un concierto que nada
tiene que ver con Lost Crusaders, estoy hablando del que
pudimos disfrutar en la sala El Sol con Devotchka de
protagonistas. Y digo que me recuerda a él, porque al igual que
ocurre con las grandes películas, después de haberlo disfrutado,
todavía te está rondando por la cabeza unos cuantos días y sin saber
exactamente porqué es así, el recuerdo de lo mucho que lo has
disfrutado ya basta para dibujarte una sonrisa en la cara.
Mike Chandler es el líder de la banda que nos ocupa. En su
enésima reencarnación (que yo sepa, su grupo más conocido hasta la
fecha ha sido Raunch Hands) lidera una banda cuya base es el
ritmo. Puro y duro. Y que resulten tan atractivos solamente con una
premisa tan sencilla es todo un logro. Sí, es cierto, la banda está
compuesta (en directo) por seis personas, a cada cual más implicada
con sus instrumentos, pero en el fondo, cuando les estás viendo, ya
sea con sus predominantes ritmos endiabladamente frenéticos y
veloces o con los más PROFUNDAMENTE reposados, lo que se te acaba
clavando en los pies es el ritmo. Y en él, todos los instrumentos
están implicados.
Mike Chandler me impresionó por esa especie de aura que le
rodeaba durante la actuación. Me recordó, por su actuación, a dos
tipos que están cerca pero lejos de su música. Ellos son Mark
Lanegan y Dave E. Edwards. Digo cerca, porque comparten
raíces musicales muy parecidas. Y lejos porque su acercamiento a
ellas es muy distinto. Me recordó, por esa especie de éxtasis en el
que parecía entrar, poniendo los ojos en blanco, al estilo de Dave
E. Edwards, pero lejos de resultar místico, su actitud era mucho más
parecida a los Blues Brothers que se ponen a bailar
desaforadamente en la iglesia. Y es que la combinación que hacen de
rock’n’roll y gospel es tan fiera que resulta muy terrenal.
Y eso fue otro de los puntos importantes. Ver un grupo con
los pies en el suelo. Una BANDA en la que se hablaba antes de
empezar. Se iniciaban las canciones con el mítico “un, dos,
tres...”. El diálogo, tanto entre los miembros de la banda, cómo con
el público, a veces en anárquico español, le aportó frescura,
pareciendo que estaban ensayando, aunque nada más lejos de la
realidad. Ese comienzo del concierto “a capella”, de la canción
“Have you Heard About the World?” o el desenfreno de “I Don’t Ask
Why” y aún más, su última canción antes de los bises que llegó al
paroxismo más extremo con un saxofonista rojo, dejándose los
pulmones en el instrumento, los ambientes de cine negro de “There
Used to Be a River”, todo ello hicieron de él un concierto,
estudiado y espontáneo. Variado, interesante y lleno de vida.
Por cierto que
fue un bonito detalle ver al guitarrista Johnny Vignault
preocupándose de apoyar y ayudar a su teclista en su primera noche
con el grupo. Por otro lado, lo hizo estupendamente cada vez que el
piano adquiría protagonismo. Y es que, cada uno de ellos, aportó su
granito de talento, para hacer de ese concierto, especial.
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