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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.myspace.com/twilightsingers
Lo que saqué en claro del concierto de Greg Dulli y
sus Twilight Singers es: Genio y Figura.
La puesta en escena es de cierta penumbra, resulta
cálida en cualquier caso y vemos nada más empezar que va a ser un
concierto con matices: a la derecha del escenario, muy adelantado,
hay un teclado que no va a ser propiedad absoluta del señor Greg
Dulli, no. Un tipo muy normal, llamado Rick Nelson nos va a
sorprender con semejante instrumento y también con el violín.
Y es que así fue, hubo matices y hubo una gran banda
detrás. No sé si hay gente que estuvo durante todo el minutaje
pendiente de nuestro hombre. Nosotros no. Tan solo ver como Greg
Dulli podía pasar a de cantar un fragmento de “Fever” hasta que solo
se oía su voz, para que poco después el batería continuase
aporreando como un poseso el entrecortado ritmo de “Too Tough to Die”
fue uno de los primeros puntos álgidos de un concierto que tiraba
hacia cierta épica, sin dejar de lado el vertiente más intimista de
Greg Dulli, especialmente cuando se hacía cargo del piano.
El comienzo fue atronador con el inicio “Last Night
In Town/Fat City”, con mucha conexión entre el público y un Dulli
que entiende su posición en el panorama musical pero que se comporta
como un niño que estuviese jugando con su juguete preferido: ya se
lo conoce, pero disfruta de él, es un hábito que necesita. Y así se
presentaba con una sonrisa resplandeciente pero también caminando
con E-S-T-I-L-O, estilo, alrededor de los componentes de su banda.
Pero continuemos con el set, con el concierto. Parece que el momento
clave en el que parece que todo el público quedó volcado, empezó con
“Forty Dollars” y su homenaje a The Beatles.
Pegamos un gran salto hacia delante, saltándonos la
mencionada “Too Tough…” y la coreada (con razón) “Teenage Wristband”
y parece que otra gran sorpresa va a ser una de las últimas
canciones de su último álbum llamada "Never Seen No Devil". Decir
que fue inmensa es decir poco, unos riffs a costa del guitarrista
propios de Bo Didley dieron un desarrollo entre músicos fascinante,
amén de haber aprovechado para introducir una sección rítmica en la
que colaboraba un contrabajista, la canción pantanosa donde las
halla tuvo un íntimo juego entre Greg Dulli y su guitarrista Dave
Rosser, muy empática, explotando toda la banda y finalizando con un
homenaje en el estribillo de una de las canciones magnas de Afghan
Whigs: “Miles iz Ded”. Para la gente que esperase más maná de su
antiguo grupo, el chasco sería mayúsculo y se tendría que conformar
con este breve destello.
Y los bises, fulgurantes, gran resumen de su
actuación, con una magia muy especial. “The Killer”, la única
canción que nos presentó Dulli, se inició con él como gran estrella,
primero con el inicio al piano y posteriormente con el único sonido
de su voz, rayando una intensidad enorme muy deudora de su estilo y
de esa expresividad tan peculiar que es tan característica de su
voz. Posteriormente volvieron con el sonido más directo con “Gunshots”.
Mención aparte mereció aquí el mencionado Rick Nelson que cuando los
coros lo requerían, y después de haber pasado un concierto muy
concentrado, se dejó la visceralidad, no solo en las cuerdas del
violín sino también en los coros donde se dejó otras cuerdas, las
vocales. Y se finalizaron los bises con “Esta Noche”, broche de
lujo, síntesis del concierto en la que, al igual que había aparecido
el último al final de los bises, se fue Mr. Elegancia, el primero,
mereciéndose esos dos últimos minutos finales en solitario, una
banda, más que digna de respaldar a uno de los tipos más únicos de
hoy en día.
Sí, la
sensación con Twilight Singers fue la de una sabrosa comida en la
mejor de las compañías y que no hartó en ningún momento. Y que, por
varios pequeños detalles, se recordará a lo largo de los días, de
los meses y probablemente más allá. |