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Texto:
Asier R.
Con más curiosidad que ansia me acerqué una estupenda noche
de martes al concierto de estos estadounidenses, sin más opinión
encima que unas buenas referencias y algo de ganas de encontrarme
una buena noche musical. A veces ir a ver un concierto a ciegas (o
con un parche al menos) es tan gratificante como acercarte al cine
sin saber absolutamente nada de una película. A veces sales
boquiabierto.
No quiero exagerar la nota, pero fue una buena sorpresa y
por muchos motivos. Para explicarlo os voy a poner un poco en
situación.
Llego a la sala y me encuentro que está vacía, a medida que
se acerca el tiempo del concierto veo que puedo contar las personas
que hay en ella. Somos nueve, sin contar al camarero claro. Pues da
lo mismo, cuando estos cuatro jóvenes salieron y empezaron su
actuación con “Come Back to Shelby”, la canción que abre su último
disco “III”, y sonó tan pasional como en este, te das cuenta
que estás ante personas que aman lo que hacen. Ese fue una de las
constantes muy de agradecer del concierto, en ningún momento bajaron
la intensidad, se dejaban las cuerdas vocales si hacía falta y se
tiraba algún micro de la forma más natural posible, nada forzado,
tal cual, como su música.
Como ya he dicho, hubo varios puntos a favor de la banda,
otro de ellos es la música. No habría que decirlo. Es la mayoría de
las veces lo más importante pero cuando te encuentras semejante
vacío en la sala, llegas a pensar que tal vez sea merecido, un grupo
sin talento en definitiva. También en este caso lo dejaron claro.
Como ya he dicho, iba sin ningún tipo de conocimiento,
cuando sales del concierto tarareando algunas canciones,
posteriormente las escuchas en disco y te acompañan varios días, es
que algo tienen. En el concierto hubo buenísimos momentos,
especialmente los correspondientes a las canciones del anterior
disco mencionado.
“The Great Graviton Masacre” te hacía gritar ese maldito
estribillo (Nananana nana ná) como su propio cantante y guitarrista
Micah Schnabel, de voz rotísima y arrastrada en la línea de Ben
Nichols, cantante de Lucero. En lugar de agresividad punkarra, se
dejaba llevar de vez en cuando por sencillas canciones de esas con
sentimiento, en ese saco entró “Shoul’ve California”, casi diría que
más desnuda que en el disco.
Por supuesto la cosa no acabó ahí, estamos hablando de un
grupo, sí. De un grupo con dos cantantes. ¿Qué podría decir de su
bajista-cantante Shane Sweeny? Que comenzó cantando “Mediocre” (la
canción, por supuesto) como un auténtico crooner. ¡Qué diferencia de
voz!, ¡qué sorpresa!, y vaya continuación, con ese cambio de ritmo
tras la intro, con un teclista cumpliendo a la perfección. Se dejó
llevar el pequeño-gran Shane por la emoción en “Saturday Night”,
canción de su segundo album “The Wall Against Our Back”.
A medida que lo recuerdo lo cierto es que me emociono. Solo
unos pocos apuntes más:
Tras desaparecer y volver a aparecer empujados por “el
grupo de los 9”, atacaron una rabiosa versión de Neil Young, “Ohio”.
Hay que tener en cuenta que ellos son de esa ciudad, pero la
intensidad con la que tocaron daba que pensar que fuese una
composición propia. ¡Qué forma de cuasivociferar ¡OHIO! Sonó también
muy distinta a la original, por esa actitud tan visceral y por esa
manera de lastimar las cuerdas de la guitarra de modo que los
guitarreos sonaban a gloria. Neil estaría contento. Y él es un hueso
duro de roer.
Tras irse otra vez y “obligarles” a su vuelta sobre el
escenario, atacaron una maravillosa “I Should be Released” de Bob
Dylan, cantada por el teclista y cortada hacia el final, momento en
el que se juntaron los cuatro en el límite del escenario y la
terminaron con la sencilla base rítmica de la pierna del guitarra y
sus cuatro voces.
¿Qué más puedo decir después de esto? Habría que ser ciego
para no ver la grandeza de unos chavales que prácticamente lo dieron
todo ante unos pocos afortunados.
También gracias a esos afortunados por provocar esa cara al
batería, que nos miraba con asombro por el entusiasmo y reclamo al
escenario, aunque ya no lo harían.
Eso NO fue todo, pero está claro, que no os lo iba a contar
al completo.
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