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Texto:
Rufino Gómez
Fotos archivo:
Juan Aguado
Unos cuantos años apartado del circuito de
música independiente han hecho que no hubiera oído hablar de Vetusta
Morla hasta hace muy poco, cuando conocí esta página web. Pero ni
compré su único LP ni había llegado a oírlos. Así que, aunque ya se
le hayan dedicado algunas reseñas aquí, creo que no está mal el
ejercicio de poner en palabras lo que se siente al escuchar por
primera vez a este grupo.
Así que acudo al Escenario Verde que con
motivo del Festival de Jazz de San Sebastián se monta en la playa de
la Zurriola. Aunque de por sí un festival de jazz pueda dar cabida a
muchos grupos más o menos puristas, los programadores del Jazzaldia
invitan también a músicos de otras corrientes, con tirón, que
faciliten también poner el foco en la programación más clásica. En
esta edición de 2009 este escenario playero poco jazzero lo había
estrenado tres horas antes Russian Red y a las 00:30 horas aparece
puntual toda la banda madrileña. Lo primero que me llama la
atención, es que son realmente una banda en el sentido de un montón.
Y además en plan hombre-orquesta: algunos miembros tocando distintos
instrumentos. Si estos chicos han trabajado tanto en locales
pequeños, han tenido que trabajarse bien la colocación en el
escenario. Me dicen los que habían acudido al concierto anterior que
la gente había permanecido sentada en la arena, cuando sale Vetusta
Morla se aprecia la primera diferencia, todo el mundo se pone en
pié. Y está a tope.
Sin presentaciones ni saludos se inicia el
concierto. El sonido, para estar en la playa, no está nada mal. Ya
desde el inicio me choca la profundidad de las letras de las
canciones. Acostumbrado a escuchar grupos de melodías más sencillas,
con más juegos vocales, con estribillos,… las canciones que
desgranan los chicos de Vetusta Morla se me antojan de partida menos
digeribles de lo habitual. Es como si musicalmente yo hubiera
cambiado del instituto (mí música mod-pop del eterno adolescente) a
la universidad (música que te hace pensar qué te están diciendo). Y
todo esto dicho en sentido positivo. Aunque quizá el ambiente
mayoritario en la Zurriola de grupos de jóvenes charlando en plan
botellón no es la mejor manera de disfrutar de este grupo, pues no
me parece que valgan para música de fondo, requieren atención.
Y la música también me sorprende, ningún
arreglo facilón. Hay muchos cambios de ritmo y creo que tratan de
provocar o les gusta generar sensación de desacompasamiento. Es
llamativo el gusto por el uso de diferentes instrumentos de
percusión, tocados a mano, con baquetas, brushes –toque jazz del
día– o mazas. Se atreven en un momento dado a sacar al escenario un
viejo y enorme bidón de lubricante a modo de tambor.
El concierto en su primera parte se
prolonga por algo más de una hora. Entre algunos de los primeros
temas el vocalista sí que saluda al público y a la ciudad (vítores).
Termina esa primera parte con la única concesión a la galería:
pidiendo la colaboración de chicas y chicos primero; y un lado y
otro de la playa, después. Para cantar una especie de La La La (que
nadie se asuste, que no tiene que ver con el de Massiel), remodelado
y más correcto políticamente (se le suma el Lo Lo Lo). Al finalizar
se les reclama (en euskera) un bis. Una vez Pucho aclara con las
primeras filas el significado de beste bat, desgranan otros
temas que prolongan el concierto hasta la hora y media.
El concierto parece que ha colmado las
expectativas del público. Personalmente salgo de la playa con ganas
de conocerles más, creo que compraré su disco. A mí entender no son
de los que enganchan fácilmente en una primera audición, pero creo
que precisamente eso puede hablar en su favor, y me hace valorar aún
más el éxito cosechado hasta ahora por Vetusta Morla.
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