|
Texto:
Asier R.
Fotos:
www.wovenhand.info
El último mes
del año está viniendo tan rico en conciertos como fiel reflejo del
año que estamos a punto de dejar atrás. El concierto de Wovenhand
también reafirma la calidad de los espectáculos que he tenido la
oportunidad de ver y no es de extrañar porque estamos a punto de
comentar uno de los grupos más especiales de lo que llevamos de
década. Para ello os remito al comentario del último disco que se
hace en esta misma página.
Wovenhand es
un ente que se ha metamorfoseado a lo largo de su incierta
existencia hasta convertirse en una realidad plenamente disfrutable,
experimental, difícil, retorcida y oscura en disco, se nos presenta
en directo como una de esas formaciones completamente distinta.
Perteneciente a esa raza de grupos cuya entidad disco-directo casi
(casi) se podría disfrutar por separado y puedo decir que constituyó
un concierto de intensidad extrema por momentos. Me sorprendió esa
garra directa, roquera y estruendosa que me desarmó en un marco que
cada vez tengo en más estima: una sala Antzokia que engrandeció con
un sonido apabullante la experiencia que llegué a vivir el domingo
noche.
Wovenhand
hunde sus garras en la música más antigua, buscan el folk anterior
al folk., buscan el folclore. No puedo dejar de agradecer que hayan
desenterrado de algún instrumento perdido de las tierras de colorado
unos ritmos que hacían perder la cabeza en los comienzos de algunas
canciones. La conexión que parecía deslizarse a través de un
eléctrico hilo invisible desde un músico a los demás parecía que se
emitía también hasta el público. Tal vez fuese una fuerza externa la
que hacía que el juglar de la guitarra no pudiese levantarse de la
silla. A través de la fuerza que le dejaba pegado al taburete esa
energía se deslizaba a través de los dedos hasta las cuerdas de la
guitarra… eléctrica en toda su acepción, con esa tormenta sónica que
retumbaba por cada uno de los resquicios del café como si de un
templo antiguo se tratase.
Tal vez sea
esa ultraelectricidad la que hace de los sonidos que quedan
empaquetados en soportes físicos pierdan ese toque de oscuridad y
tristeza para reflejar en la libertad absoluta de la experiencia
comunitaria algo que está mucho más cercano al fulgor sin ninguna
pérdida en la riqueza de sus matices de los laberínticos (o no)
vericuetos de las composiciones.
Siendo más
terrenales y alejándonos de ese intento de acercamiento a las
sensaciones del momento admito que no sé hacia donde derivarán los
sonidos en directo de Wovenhand pero creo que todos sus componentes
David Eugene Edwards, Pascal Humbert, Ordy Garrison, Peter van
Laerhoven llenaron la sala de sonidos extraordinariamente duros y
llenos de matices. Tan solo había que fijarse en los que Peter van
Laerhoven en “Kingdom of Ice” o “Horse Head Fiddle” introducía con
su guitarra en estos dos temas.
Ni siquiera me
meteré a juzgar si la gestualidad de su cantante es impostada o
real… lo mismo que me da lo mismo que Angus Young sea un colegial o
no, el caso es que DEE tiene una marca de la casa, con esos
movimientos de pierna cercanos al ataque epiléptico, con esos
parpadeos indescifrables o con los simples movimientos rítmicos
antes de comenzar algunas canciones y que lo hacen diferente.
No he querido
hablar del repertorio pero si quería comentar el mérito que tiene el
haber hecho que me introduzca en dos canciones de su repertorio que
no tenía nada valoradas. La primera es “Speaking Hands” de su álbum
Consider the Birds. No solo me encantó ese comienzo rítmico
al que se unía poco a poco el resto del grupo si no que supuso dos
cosas: una versión mejor que su hermana de estudio, y un final de
canción tenso, como realizaría con algunas otras y que te deja
prácticamente extenuado. Y respecto a “White Bird” de Blush Music,
no puedo dejar de escucharla desde que se me pegó en el concierto.
Puede que
gusten o puede que no pero yo lo recomendaré hasta el hartazgo por
ser sus conciertos algo único que hay que vivir al menos una vez en
la vida.
|