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WOVENHAND

Bilbao, Kafe Antzokia,

14 de diciembre

 

 

 

 

Texto: Asier R.

Fotos: www.wovenhand.info

 

El último mes del año está viniendo tan rico en conciertos como fiel reflejo del año que estamos a punto de dejar atrás. El concierto de Wovenhand también reafirma la calidad de los espectáculos que he tenido la oportunidad de ver y no es de extrañar porque estamos a punto de comentar uno de los grupos más especiales de lo que llevamos de década. Para ello os remito al comentario del último disco que se hace en esta misma página.

 

Wovenhand es un ente que se ha metamorfoseado a lo largo de su incierta existencia hasta convertirse en una realidad plenamente disfrutable, experimental, difícil, retorcida y oscura en disco, se nos presenta en directo como una de esas formaciones completamente distinta. Perteneciente a esa raza de grupos cuya entidad disco-directo casi (casi) se podría disfrutar por separado y puedo decir que constituyó un concierto de intensidad extrema por momentos. Me sorprendió esa garra directa, roquera y estruendosa que me desarmó en un marco que cada vez tengo en más estima: una sala Antzokia que engrandeció con un sonido apabullante la experiencia que llegué a vivir el domingo noche.

 

Wovenhand hunde sus garras en la música más antigua, buscan el folk anterior al folk., buscan el folclore. No puedo dejar de agradecer que hayan desenterrado de algún instrumento perdido de las tierras de colorado unos ritmos que hacían perder la cabeza en los comienzos de algunas canciones. La conexión que parecía deslizarse a través de un eléctrico hilo invisible desde un músico a los demás parecía que se emitía también hasta el público. Tal vez fuese una fuerza externa la que hacía que el juglar de la guitarra no pudiese levantarse de la silla. A través de la fuerza que le dejaba pegado al taburete esa energía se deslizaba a través de los dedos hasta las cuerdas de la guitarra… eléctrica en toda su acepción, con esa tormenta sónica que retumbaba por cada uno de los resquicios del café como si de un templo antiguo se tratase.

 

Tal vez sea esa ultraelectricidad la que hace de los sonidos que quedan  empaquetados en soportes físicos pierdan ese toque de oscuridad y tristeza para reflejar en la libertad absoluta de la experiencia comunitaria algo que está mucho más cercano al fulgor sin ninguna pérdida en la riqueza de sus matices de los laberínticos (o no) vericuetos de las composiciones.

 

Siendo más terrenales y alejándonos de ese intento de acercamiento a las sensaciones del momento admito que no sé hacia donde derivarán los sonidos en directo de Wovenhand pero creo que todos sus componentes David Eugene Edwards, Pascal Humbert,  Ordy Garrison, Peter van Laerhoven llenaron la sala de sonidos extraordinariamente duros y llenos de matices. Tan solo había que fijarse en los que  Peter van Laerhoven en “Kingdom of Ice” o “Horse Head Fiddle”  introducía con su guitarra en estos dos temas.

 

Ni siquiera me meteré a juzgar si la gestualidad de su cantante es impostada o real… lo mismo que me da lo mismo que Angus Young sea un colegial o no, el caso es que DEE tiene una marca de la casa, con esos movimientos de pierna cercanos al ataque epiléptico, con esos parpadeos indescifrables o con los simples movimientos rítmicos antes de comenzar algunas canciones y que lo hacen diferente.

 

No he querido hablar del repertorio pero si quería comentar el mérito que tiene el haber hecho que me introduzca en dos canciones de su repertorio que no tenía nada valoradas. La primera es “Speaking Hands” de su álbum Consider the Birds. No solo me encantó ese comienzo rítmico al que se unía poco a poco el resto del grupo si no que supuso dos cosas: una versión mejor que su hermana de estudio, y un final de canción tenso, como realizaría con algunas otras y que te deja prácticamente extenuado. Y respecto a “White Bird” de Blush Music, no puedo dejar de escucharla desde que se me pegó en el concierto.

 

Puede que gusten o puede que no pero yo lo recomendaré hasta el hartazgo por ser sus conciertos algo único que hay que vivir al menos una vez en la vida.

 

 

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