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Mike Farris

Howlin' Rain

Eliott Brood

Doctor Dog

Eli "Paperboy" Reed

Soul Asylum

The Black Crows |
Texto: Asier R.
No sabría muy bien como introducir al Azkena porque ya son
tantos años que tal vez las palabras se queden cortas. Sin ir más
lejos, ayer día 19 de mayo, conocí una persona antes del concierto
acústico de Mike Farris en Moby Dick que me comentó que le
parecía el festival más genuino de la península. Lo decía en el
sentido más positivo de la palabra. Así que me quedaré con eso. Voy
a ceñirme al aspecto puramente musical y dar un repaso a los
conciertos que pudimos presenciar los dos días que paseamos por la
capital alavesa que cada vez tiene más encanto (a pesar de las
obras).
Este año había algo que hacía todavía más interesante el
festival y era la oportunidad que daba de conocer en
la Plaza de
la Virgen Blanca
(reformada con gran acierto) de forma más generalista a artistas que
actuaban el mismo día en el festival propiamente dicho.
El día que tenemos entre manos se comenzaba con Eli
“Paperboy” Reed, que, ante nuestra sorpresa, salió a tocar
completamente solo, con la guitarra colgando del cuello. Y lo que
pudimos ver allí fue su voz desnuda, concentrando su repertorio en
versiones y algún tema propio de su delicioso segundo disco.
Dicharachero y encantado nos emplazó a verle por la tarde, cosa que
hicimos aunque esa historia, la comentaremos más tarde.
Lo siguiente, ya en el cómodo recinto oficial, fue ver a
Howlin’ Rain, auténticos monstruos de los que es conveniente
tomarse el concierto a tan tempranas horas como un aperitivo hasta
poder verle en una actuación completa. Me pareció que Ethan Miller,
cantante y guitarrista, se desgañitó mucho más que en su reciente
visita a Madrid. Claro ejemplo de grupo que va entrando en calor, a
medida que avanza el concierto, cuando se despidieron con los
acordes de “Roll On the Rusted Days”, nuestros oídos ya se habían
acostumbrado a la desgracia de no escuchar los teclados de Joel
Robinow, y nos habíamos centrado en los decibelios de la intensísima
guitarra del barbudo líder que compiten con su propia voz.
Y de ahí a la primera novedad para el que suscribe.
Elliott Brood se han sacado de la manga un disco inspiradísimo.
Y por lo que pude ver en el concierto Azkeniko, se confirman también
como banda de directo. Su actuación, poco espectacular (mala hora
también, pero esto es lo que hay) tuvo un repertorio estupendo,
eligiendo las mejores canciones de su primer álbum, Ambassador,
empezando el concierto, elegantemente trajeados, sin perder ese aire
de currante de campo en la ciudad, con “Twill”, la canción que abre
dicho álbum. Casey Laforet, vocalista secundario y segunda voz
constante, sentado en su taburete, con su guitarra cuasiacústica
distorsionada, se presentó como el auténtico maestro de ceremonias.
Marcaba los tiempos, se arrancaba, aullaba y animaba al público.
Sonaron menos melódicos, mantuvieron ese deje alternativo pero lo
que predominó fue el aire folk, tanto el luminoso con los ukeleles a
todo trapo (“The Bridge”), como el más oscuro a base de banjo y
distorsión (magnífica “Garden River”). Gran sabor de boca de un trío
a seguir.
Suma y sigue, la siguiente banda se llama Dr Dog y
aunque no caso demasiado con su música, me sorprendió muy gratamente
el concierto. Basado prácticamente en su último álbum, Fate,
y un poco de We All Belong, dejaron de lado los matices (aquí
el sonido no acompañó) e hicieron un concierto más bien alejado del
pop y la languidez y muy, muy electrificado. Con los movimientos de
saltimbanqui, con el aspecto tan heterogéneo de sus componentes,
todo en su espectáculo llamaba a la anarquía y la fiesta.
Al lado de ellos la verdad es que The Fabulous
Thunderbirds sonaron un tanto descafeínados. Con el blues de
toda la vida por estandarte, con la personalidad de una harmónica
eléctrica, menos primitiva de lo que debiera, facturaron un
concierto correcto, sin grandes aspavientos pero que dejó en una
tarde tan agradable la buena sensación que deja siempre escuchar una
buena dosis de blues.
Y con permiso de Black Crowes, parece que al menos
la medalla de plata el segundo día del Azkena se la llevó Eli
“Paperboy” Reed. El tipo salió a hacer su espectáculo que es
poner toda la pasión y su voz en el concierto. Para muestra, el
inicio de “Take My Love With You”, en el que necesitó de un público
muy entregado para iniciar la canción con ese “grito” tan
espectacular, porque aparte de quitarse la camisa, este muchacho se
debe quitar unos cuantos kilos en cada concierto. Le vi mucho menos
apegado a la guitarra que en su concierto de la sala Joy Eslava, más
entregado a su voz y a la fisicidad del concierto. Además
tuvo la gran idea de aprender el suficiente español como para
interactuar con el público, algo que como ya hemos comentado, lleva
la actuación a un nivel distinto, mejor por esa conexión que se
logra. Es curioso que realmente fueron conciertos de estructura muy
similar: “Stake Your Claim” el bombazo inicial para arrasar según
empieza el concierto y después el cambio hacia la faceta más
sensible “Am I Wasting My Time”, así el concierto va desarrollándose
y a pesar de ser un repertorio parecido (normal, por otro lado) te
das cuenta de que su actuación es distinta. No se puede pedir más a
alguien que lo da todo (algo extensible a su banda) y que arranca
tanto entusiasmo. Este, por cierto, sí sonó estupendamente.
Toca hablar ahora de uno de los conciertos más difíciles
del Azkena, el de Soul Asylum. Vaya por delante que hace
tiempo que les he perdido de vista, pero la frialdad con la que se
les recibió, me pareció completamente inmerecida. Su concierto fue
de todo menos complaciente. Sí, sonaron “Misery”, “Somebody to Shove”,
“Black Gold”, “Without a Trace”,… pero ahí terminó la parte más
comercial. Un grupo con un fuerte componente powerpop, mezclado con
raíces y con algo de punk. Y eso es lo que hubo en el Azkena, creo
que fueron versátiles, humorísticos (impagable cuando tras un
comienzo erróneo comenzó a cantar “The Rain in Spain Only Fall In
the Plains” de My Fair Lady y el chiste sobre los trozos de tarta,
bastante malo, por cierto) y que lo dieron todo (lo que pueden). Por
todo ello, no creo que se mereciese un público bastante más digno de
Britney Spears o tal vez, muy nervioso por la pronta salida
de The Black Crowes.
Y llegaron,
si. Pero no sabría decir si vencieron. Odio las comparaciones pero,
tal vez el listón que tenía con el concierto que ofrecieron en el
Festimad hace ya unos cuantos años, uno de los mejores que yo he
visto y vivido, era muy alto. A pesar de tocar aquí el doble de
duración, me pareció un concierto un tanto extraño. Me sorprendo más
a mi mismo cuando pienso en el comienzo (“Sting Me”, “Twice As hard”)
y el final (“Remedy”, “Thick ‘n Thin”). ¿Cómo puede fallar algo con
semejante set list? Porque no estoy hablando solamente de estas
cuatro obras de arte: “Wiser Time”, “Soul Singing” y ¡seis canciones
seguidas de sus dos primeros discos! No hay que dudar que fue un
gran concierto, las canciones del últimos disco como “Goodnight
Daughters of the Revolution” no desentonaron nada pero el listón con
ellos es muy alto y siempre esperas algo más. De hecho, creo que
como músico, Luther Dickinson estuvo colosal, disfrutando,
imaginativo pero hubo algo en Rich Robinson, especialmente en el
duelo guitarrístico que realizaron en la jam de “Thorn in My Pride”
que me hizo sentir cierta dejadez o cansancio y que conste que no es
su habitual manera de ser de lo que hablo, sino de la interpretación
más fría de lo habitual que hizo de su propia música... Chris
Robinson cantó y tocó la armónica como el gran maestro que es pero
eché en falta ese hombre-espectáculo electrizante que no paraba de
bailar y moverse al ritmo de sus propias creaciones. El breve bis de
la acelerada versión de su roquera “Thick ‘n Thin” también dejó
ganas de algo más. Claro que, llegados a este punto, tal vez dé lo
mismo. Puede que ningún neófito saliese de allí convencido pero con
semejante repertorio, ¿acaso importa? La sensación más clara desde
mi punto de vista fue la de estar viendo a una banda completamente
consagrada al estilo de cualquier nombre mítico que podáis imaginar
con noches simplemente buenas y otras que son espectaculares. En el
Azkena, nos tocó de las primeras.
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