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AZKENA 09

 

15 de mayo, Vitoria

Mike Farris

 

 

 

 

 

 

Howlin' Rain

 

 

 

 

 

 

Eliott Brood

 

 

 

 

 

 

Doctor Dog

 

 

 

 

 

 

Eli "Paperboy" Reed

 

 

 

 

 

 

Soul Asylum

 

 

 

 

 

 

The Black Crows

Texto: Asier R.

 

No sabría muy bien como introducir al Azkena porque ya son tantos años que tal vez las palabras se queden cortas. Sin ir más lejos, ayer día 19 de mayo, conocí una persona antes del concierto acústico de Mike Farris en Moby Dick que me comentó que le parecía el festival más genuino de la península. Lo decía en el sentido más positivo de la palabra. Así que me quedaré con eso. Voy a ceñirme al aspecto puramente musical y dar un repaso a los conciertos que pudimos presenciar los dos días que paseamos por la capital alavesa que cada vez tiene más encanto (a pesar de las obras).

 

Este año había algo que hacía todavía más interesante el festival y era la oportunidad que daba de conocer en la Plaza de la Virgen Blanca (reformada con gran acierto) de forma más generalista a artistas que actuaban el mismo día en el festival propiamente dicho.

 

El día que tenemos entre manos se comenzaba con Eli “Paperboy” Reed, que, ante nuestra sorpresa, salió a tocar completamente solo, con la guitarra colgando del cuello. Y lo que pudimos ver allí fue su voz desnuda, concentrando su repertorio en versiones y algún tema propio de su delicioso segundo disco. Dicharachero y encantado nos emplazó a verle por la tarde, cosa que hicimos aunque esa  historia, la comentaremos más tarde.

 

Lo siguiente, ya en el cómodo recinto oficial, fue ver a Howlin’ Rain, auténticos monstruos de los que es conveniente tomarse el concierto a tan tempranas horas como un aperitivo hasta poder verle en una actuación completa. Me pareció que Ethan Miller, cantante y guitarrista, se desgañitó mucho más que en su reciente visita a Madrid. Claro ejemplo de grupo que va entrando en calor, a medida que avanza el concierto, cuando se despidieron con los acordes de “Roll On the Rusted Days”, nuestros oídos ya se habían acostumbrado a la desgracia de no escuchar los teclados de Joel Robinow, y nos habíamos centrado en los decibelios de la intensísima guitarra del barbudo líder que compiten con su propia voz.

 

Y de ahí a la primera novedad para el que suscribe. Elliott Brood se han sacado de la manga un disco inspiradísimo. Y por lo que pude ver en el concierto Azkeniko, se confirman también como banda de directo. Su actuación, poco espectacular (mala hora también, pero esto es lo que hay) tuvo un repertorio estupendo, eligiendo las mejores canciones de su primer álbum, Ambassador, empezando el concierto, elegantemente trajeados, sin perder ese aire de currante de campo en la ciudad, con “Twill”, la canción que abre dicho álbum.  Casey Laforet, vocalista secundario y segunda voz constante, sentado en su taburete, con su guitarra cuasiacústica distorsionada, se presentó como el auténtico maestro de ceremonias. Marcaba los tiempos, se arrancaba, aullaba y animaba al público. Sonaron menos melódicos, mantuvieron ese deje alternativo pero lo que predominó fue el aire folk, tanto el luminoso con los ukeleles a todo trapo (“The Bridge”), como el más oscuro a base de banjo y distorsión (magnífica “Garden River”). Gran sabor de boca de un trío a seguir.

 

Suma y sigue, la siguiente banda se llama Dr Dog y aunque no caso demasiado con su música, me sorprendió muy gratamente el concierto. Basado prácticamente en su último álbum, Fate, y un poco de We All Belong, dejaron de lado los matices (aquí el sonido no acompañó) e hicieron un concierto más bien alejado del pop y la languidez y muy, muy electrificado. Con los movimientos de saltimbanqui, con el aspecto tan heterogéneo de sus componentes, todo en su espectáculo llamaba a la anarquía y la fiesta.

Al lado de ellos la verdad es que The Fabulous Thunderbirds sonaron un tanto descafeínados. Con el blues de toda la vida por estandarte, con la personalidad de una harmónica eléctrica, menos primitiva de lo que debiera, facturaron un concierto correcto, sin grandes aspavientos pero que dejó en una tarde tan agradable la buena sensación que deja siempre escuchar una buena dosis de blues.

 

Y con permiso de Black Crowes, parece que al menos la medalla de plata el segundo día del Azkena se la llevó Eli “Paperboy” Reed. El tipo salió a hacer su espectáculo que es poner toda la pasión y su voz en el concierto. Para muestra, el inicio de “Take My Love With You”, en el que necesitó de un público muy entregado para iniciar la canción con ese “grito” tan espectacular, porque aparte de quitarse la camisa, este muchacho se debe quitar unos cuantos kilos en cada concierto. Le vi mucho menos apegado a la guitarra que en su concierto de la sala Joy Eslava, más entregado a su voz y a la fisicidad del concierto. Además  tuvo la gran idea de aprender el suficiente español como para interactuar con el público, algo que como ya hemos comentado, lleva la actuación a un nivel distinto, mejor por esa conexión que se logra. Es curioso que realmente fueron conciertos de estructura muy similar: “Stake Your Claim” el bombazo inicial para arrasar según empieza el concierto y después el cambio hacia la faceta más sensible “Am I Wasting My Time”, así el concierto va desarrollándose y a pesar de ser un repertorio parecido (normal, por otro lado) te das cuenta de que su actuación es distinta. No se puede pedir más a alguien que lo da todo (algo extensible a su banda) y que arranca tanto entusiasmo. Este, por cierto, sí sonó estupendamente.

 

Toca hablar ahora de uno de los conciertos más difíciles del Azkena, el de Soul Asylum. Vaya por delante que hace tiempo que les he perdido de vista, pero la frialdad con la que se les recibió, me pareció completamente inmerecida. Su concierto fue de todo menos complaciente. Sí, sonaron “Misery”, “Somebody to Shove”, “Black Gold”, “Without a Trace”,… pero ahí terminó la parte más comercial. Un grupo con un fuerte componente powerpop, mezclado con raíces y con algo de punk. Y eso es lo que hubo en el Azkena, creo que fueron versátiles, humorísticos (impagable cuando tras un comienzo erróneo comenzó a cantar “The Rain in Spain Only Fall In the Plains” de My Fair Lady y el chiste sobre los trozos de tarta, bastante malo, por cierto) y que lo dieron todo (lo que pueden). Por todo ello, no creo que se mereciese un público bastante más digno de Britney Spears o tal vez, muy nervioso por la pronta salida de The Black Crowes.

 

Y llegaron, si. Pero no sabría decir si vencieron. Odio las comparaciones pero, tal vez el listón que tenía con el concierto que ofrecieron en el Festimad hace ya unos cuantos años, uno de los mejores que yo he visto y vivido, era muy alto. A pesar de tocar aquí el doble de duración, me pareció un concierto un tanto extraño. Me sorprendo más a mi mismo cuando pienso en el comienzo (“Sting Me”, “Twice As hard”) y el final (“Remedy”, “Thick ‘n Thin”). ¿Cómo puede fallar algo con semejante set list? Porque no estoy hablando solamente de estas cuatro obras de arte: “Wiser Time”, “Soul Singing” y ¡seis canciones seguidas de sus dos primeros discos! No hay que dudar que fue un gran concierto, las canciones del últimos disco como “Goodnight Daughters of the Revolution” no desentonaron nada pero el listón con ellos es muy alto y siempre esperas algo más. De hecho, creo que como músico, Luther Dickinson estuvo colosal, disfrutando, imaginativo pero hubo algo en Rich Robinson, especialmente en el duelo guitarrístico que realizaron en la jam de “Thorn in My Pride” que me hizo sentir cierta dejadez o cansancio y que conste que no es su habitual manera de ser de lo que hablo, sino de la interpretación más fría de lo habitual que hizo de su propia música... Chris Robinson cantó y tocó la armónica como el gran maestro que es pero eché en falta ese hombre-espectáculo electrizante que no paraba de bailar y moverse al ritmo de sus propias creaciones. El breve bis de la acelerada versión  de su roquera “Thick ‘n Thin” también dejó ganas de algo más. Claro que, llegados a este punto, tal vez dé lo mismo. Puede que ningún neófito saliese de allí convencido pero con semejante repertorio, ¿acaso importa? La sensación más clara desde mi punto de vista fue la de estar viendo a una banda completamente consagrada al estilo de cualquier nombre mítico que podáis imaginar con noches simplemente buenas y otras que son espectaculares. En el Azkena, nos tocó de las primeras.

 

 

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