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AZKENA 09

 

16 de mayo, Vitoria

Mike Farris

 

 

 

 

 

 

 

Escenario

 

 

 

 

 

 

Eli "Paperboy" Reed

 

 

 

 

 

 

 

Público

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alice Cooper

 

 

 

 

 

 

 

Alice Cooper

 

 

 

 

 

 

Público en la carpa

Texto: Asier R.

 

A estas alturas creo que ya es algo bien sabido que uno de las mayores sensaciones a todos los niveles (musical, humano, entretenimiento,…) fue Mike Farris. No resulta  nada difícil hablar de él. Aún recuerdo cuando le pudimos disfrutar en su concierto de la sala El Sol, un jueves 12 de febrero del 2003. Allí con una simple guitarra y una harmónica ya me impresionó. Y nunca ha fallado.

 

Lo primero que vimos el sábado fue un Mike Farris muy cómodo, caldeando un ambiente junto con sus Mc Crary Sisters, su banda, la Roseland Rhythm Revue y la sección de metales donostiarra dio toda una lección a tan temprana hora. Todos pensamos en ese momento que por la tarde, haría un concierto prácticamente igual… pero todo a su momento.

 

Tras degustar el pedazo de pasión que supone este hombre, nos dirigimos a disfrutar  de Jonny Kaplan, cuyo último disco es realmente bonito. Creo que no llega al nivel emocional de su Ride Free, pero es evidente que merecería mejor suerte. Sobre el escenario disfruta lo que hace. Y la banda también, empezando por la lap steel, un tipo que debe ser tan carismático como el propio Jonny y que sufrió la lacra del mal sonido (otra vez). Aún así, Jonny se basó fundamentalmente en el álbum Seasons, y fueron las canciones más roqueras de este las que mejor sonaron junto con “Damaged” de su segundo álbum y estuvieron realmente bien conjuntados. Hasta el propio Kaplan se quedó con ganas de más.

 

Con mucha curiosidad pasamos de la carpa (Ron Asheton, gran detalle) al escenario grande (Lux Interior, enorme detalle). Allí Dan Auerbach se presentó con doble batería y unos enormes bongos como si de los Allman Brothers se tratara. Curioso que se rodeó de uno de los grupos con los que ha mostrado más entusiasmo, Hacienda (fundamentalmente pop), y la verdad, creo que su concierto fue especial. En conjunto me pareció una enorme jam de cuarenta minutos, con una sección rítmica en la que no sobraban ninguno de sus instrumentos, muy cercanos a ritmos puramente tribales. Esto era más que evidente en canciones como “I Want Some More”, con la que empezó o “Street Walkin´”, mientras que “My Last Mistake” cortaba con esa base fundamentalmente pop el ritmo entre blues y tribal que desarrolló en su actuación.

 

Bajo carpa otra vez, pendientes de la salida del reverendo DEE, solo cabe desear que otra vez haya más suerte. Creo un grave error que al cantante no se le abran los micros en un concierto y eso ocurrió. Amén de sonar realmente embarullado…y es una lástima porque ellos fueron a lo suyo. Esta vez en formato trío, lo que en ningún momento le faltó fue poderío. No hace falta más que bajo, batería y guitarra para que Woven Hand suelten sus demonios interiores (parecen más eso que batallones celestiales). Eso sí, para que la intensidad llegue, algo más de tiempo y una luz más crepuscular acompañan. Como era de esperar, su repertorio fue de Mosaic a Ten Stones y la sensación fue que gustó bastante a pesar de todo lo reseñado. Pero para saber lo que realmente se siente, podéis buscar en esta misma página el desarrollo del concierto ofrecido en Bilbao el pasado diciembre.

 

No nos faltó tiempo para colarnos en las primeras filas de nuevo y ver al Mike “torrente” Farris. Torrente de voz, de simpatía, de arte, de músico con mayúsculas, de elegancia, de magnetismo. La sensación fue parecida a la tarde anterior con Eli “Paperboy Reed” pero aquí hubo un punto algo más alto y es que, incluso Mike Farris se delató con la frase: “No sé vosotros, pero yo me lo estoy pasando genial”. Y esa diversión era extensible al simpático baile del bajista, a esa forma tan peculiar (¡y enérgica!) de tocar la panderete de una de las Mc Crary Sisters, a un público que agitaba las manos fervorosamente (no me lo invento, es así). Me recordó (aunque claramente superior) a la sensación del año anterior con Los Lobos: allí, ya fueses experto en el artista, profano, heavy, seguidor de buda o de hacedor de lluvia, todo el mundo disfrutó con un artista, con una banda y con un repertorio soberbio. Y es decir poco. Porque cuando en un festival no se oye ni una mosca y cada vez que suenan los acordes, ya sea con la intimidad a flor de piel de “Trouble of the World” o la jarana (porque llamarlo fiesta es poco) de “Sit Down Servant” la sensación se vuelve colectiva y apabullantemente intensa. Allí, hay un concierto mayúsculo y en estado puro.

 

Y está claro que hay que hacer menciones a los vocalistas de la noche. Coristas es poco. Las estupendas hermanas que acompañan a nuestro héroe, lejos de agotar, se enfrentaban a una más difícil todavía del que salían reforzadas de modo que los juegos vocales con Mike Farris resultaban cada vez más maravillosos, dinámicos e imaginativos. Se podrían poner miles de adjetivos todos ellos positivos pero me da la sensación de que solo los que estuvimos allí hemos dejado impreso en nuestro tímpano buena parte de lo que nos brindaron entre los tres.

 

Mike terminó a lo grande, y pasamos a ver lo que es una banda entrada en años que se las sabe todas: Molly Hatchet. Si algo me quedó claro con ellos es que la  veteranía es un grado. Frase hecha que les viene como anillo al dedo. Un concierto lleno de guiños, con recordatorio a sus dos primeros discos (no exclusivamente), y cuyo casi final fue “Free Bird”. Claro, así es imposible fallar. Supongo que si alguien puede hacerla son ellos. Nunca nadie alcanzará la maestría de Lynyrd Skynyrd pero con ese pedazo de dinamita, nadie puede fallar. Más hard roqueros que boogie bluseros, hicieron un concierto efectivo.

 

Y casi vamos terminando. Este Azkena me ha parecido el de los paralelismos: Elliot Brood-Dan Auerbach (bandas jóvenes con conciertos especiales), Eli Reed-Mike Farris (triunfadores con un estilo musical parecido) o los que nos ocupan, Fun Lovin´Criminals. Me recordó a la dificultad de tocar antes de los cabezas de cartel. Pero claro, FLC tienen un prestigio que hace de lo suyo algo distinto. El principal problema con su concierto fue, tal vez, toda la puesta en escena que lleva Alice Cooper detrás. Aún así no dejé de pensar lo enormemente atractivos que resultan. Se centraron en sus tres primeros discos y así es difícil hacerlo mal. ¡Qué estilo tiene Huey! Esa voz entre susurrante y nicotinizada. Esa chulería con clase y esa simpatía chulesca hacen de él uno de esos tipos que se puede hacer con audiencias de miles de millones de personas. Bromearon con “Smoke ´Em” cuando se pasaron entre todos ellos un porro (hasta llegar al público), endurecieron su sonido, ofreciendo su versión más guitarrera con “Korean Bodega”, “10th Street” o “Where the Bumps Go” pero también ofrecieron su versión más lounge con “I Can´t Get with That”. Eso fue una mínima parte porque sonaron todos sus clasicazos (sí, tienen unos cuantos). Y se largaron con algo de malas pulgas. Antes de ello habían sonado también las versiones de “Foxy Lady” y “Rock & Roll” y se notó que habían adaptado el repertorio, no solo al concierto que venía después sino al estilo imperante del festival. Creo personalmente que no lo necesitan. Pero esa fue su opción y no creo que nadie dejase de disfrutar de la experiencia. Sigo pensando que hacen el mejor hip-hop, mezclado con rythm & blues, jazz o rock que ha salido en los últimos años.

 

Y nos despedimos con Alice Cooper que salió a matar: “No More Mr Nice Guys”. Creo que eso define su concierto. No hubo canción que no fuese un auténtico clasicazo de este hombre. Le puedes achacar que no tiene tanta voz como antaño pero nadie puede decir que actúe desganado. Alguien que canta cerca de tres canciones con una camisa de fuerza, una de ellas de rodillas, es que no está todavía nada mal.

Contar su concierto en breve espacio es imposible pero por delante vaya que es una de las personas que hay que ver una vez en la vida. Un concierto animado, con toda la teatralidad que conlleva el artista y con un set list que alguien encontrará excesivamente complaciente y que otros, entre los que me incluyo, verá como un grandes éxitos de ensueño entre los cuales no desentonaron absolutamente nada canciones más actuales como “Woman of Mass Destruction” o “Dirty Diamonds”.

 

Diamantes, sangre, globos, horcas, asesinatos, damas orientales, monstruos de pesadilla,  todo ello se fue entremezclando con canciones del tamaño de “Billion Dollar Babies”, “Poison” o Elected” (vaya final, tan increíble como el de The Black Crowes) en las que te dabas cuenta de la enorme versatilidad de este hombre que podía ir del heavy al rock & roll aunque eché en falta algo de su flirteo con el folk. Aunque, claro, tampoco parecía acompañar demasiado (¿tal vez en la horca?). Sin duda, uno de los grandes.

 

Y tras la fiesta que montaron Toy Dolls en la carpa mediana, nos despedimos hasta el siguiente Azkena, que tiene el listón muy alto aunque eso no ha sido nunca un problema (o casi).

 

 

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