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Baskery

Th' Legendary Shack Shakers

Kitty, Daysy & Lewis

Gov't Mule

Airbourne |
Texto: Asier R.
Lo primero que nuestros aún intactos oídos escucharon el
primer día, fueron el grupo femenino sueco Baskery, que sonó
estupendo. Joven, divertido y con desparpajo y con las ganas de
hacer pasar un breve instante musical con intensidad. A destacar el
banjo de Greta, lleno de efectos y que daba un toque especial a su
música. ¿Lo que menos me gustó? Tal vez los gritos estridentes en
algunos momentos. Supongo que es lo que tiene dejarse llevar. Por
cierto, el sonido en ocasiones me recordó a Elliot Brood.
Después de este trío, vinieron Th’ Legendary Shack
Shakers. Hemos hablado cientos de veces de ellos pero verlos en
directo en escenario grande me llenaba de curiosidad ya que sabía
que la intensidad y la interacción de un concierto de sala con ellos
es insustituible. Me gustó escuchar esa armónica del coronel a pleno
potencial. Ver que el coronel, el claro líder de la banda, sigue tan
desquiciado como siempre, aunque en este caso mucho menos salvaje y
mucho más actoral. Incluso cuando salen sus gafas despedidas es
capaz de ser todo presencia. ¡Vaya magnetismo!. No me gustó como
cantó, y eso lo achaco a la sensación que daba de tener problemas de
garganta, sobre todo por cómo se agarró el cuello en un par de
ocasiones pero gracias a eso pudimos disfrutar más, como he dicho,
de su explosiva armónica. Lo que no se puede compensar de ninguna
forma es la pérdida de su guitarrista, Dave Lee. En estudio, no se
nota, pero en directo sus macarradas son insustituibles. Y la
conexión con Wilkies, también. Por cierto, gran presencia de su gran
último disco: las tres primeras canciones en sonar fueron “Dump Road
Yodel”, “Sin Eater” y “Dixier Iron Fist”
Jim Jones Revue
llegaron y vencieron. También se comieron el escenario, en este caso
dejándose la garganta. Eso sí, han rebajado sus aristas creando un
sonido mucho más cercano al rock ´n´ roll clásico, en comparación a
la salvajada garage-punk-rock de sus anteriores conciertos. Cada
uno, por lo tanto, tendrá sus preferencias pero está claro que al
buen degustador de rock ´n´roll no dejará de disfrutar con ninguna
de sus facetas. Eso en cuanto a sonido, al menos en el Azkena. En
cuanto a actitud, estuvo tan frenético (o más) como en anteriores
visitas. Y fue el primero en hacer sonar a Elvis Presley por cierto,
con una elección muy, muy atípica: “A Big Hunk o´ Love”
Y ahora una decepción. Debo ser de los pocos que aún no
había visto a Kitty, Daisy & Lewis en directo y no por falta
de ganas. Y tengo que admitir que no me dieron lo que esperaba.
Personalmente creo que es por varias cosas. A los tres les vi tan
centrados en sus instrumentos que en muy pocas ocasiones pudieron
centrase en nada que no fuese la música con lo que la forma de
llevar el concierto quedaba parca y forzada debido a la falta de
soltura. Observándoles daba la impresión de que cada uno tiene sus
preferencias con sus instrumentos (normal) y tanto cambio a lo largo
de la actuación, lastraba más que aportar dinamismo. Daisy a la
batería se la notaba suelta, Kitty con la armónica igual y Lewis
tal vez con la guitarra pero era algo más que curioso ver como en la
banda, era su madre al contrabajo la que se veía, no solo más suelta
si no que además era la que más disfrutaba. Los temas cercanos al
reagge lastraron también el concierto, precisamente por que es
necesaria cierta soltura para ejecutarlo. No es mi estilo, lo
admito, pero hay gente (pongamos por ejemplo, Gov´t Mule en su
penúltima visita) que me ha hecho disfrutar enormemente a pesar de
no estar familiarizado con él. No ocurrió así con estos tres
músicos, a pesar de la ayuda extra del trompetista. ¿Es esto para
echarlos a los lobos? No, después de los artistas que hemos visto,
es inevitable que el recuerdo de ellos quede como uno de los
conciertos más anquilosados pero personalmente creo que están al
comienzo de una carrera en la que aparte de marcar un estilo propio
de hacer las cosas en su estilo retro deberían cambiar el
planteamiento en los conciertos que les aleje de la tutela familiar
y les acerque a ellos mismos. O, simplemente, tal vez tuvimos mala
suerte.
Hold Steady
fue la siguiente presencia escénica. Mucha gente se fue después de
ver a los tres hermanos, pero si algo tiene este festival es que hay
unos cuantos miles que van a disfrutar de la música y con este grupo
hubo momentos muy intensos. Su comienzo fue fantástico con
“Constructive Summer” balazo que abre su estupendísimo disco Stay
Positive. Lástima que solo cayesen otros dos temazos de ese álbum
pero su cancionero se basó sobre todo en los álbumes, Boys & Girls
in America y juraría que el recién publicado Heaven is Whenever. Aún
así, las primeras características en directo a resaltar de su líder
son: el nerviosismo frente al micro, sin agarrarse a él en ningún
momento, con todo su cuerpo en continuo llamamiento al personal,
mucho más parecido a un predicador drogado con algún tipo de
alucinógeno (su casi permanente sonrisa feliz, también hacía pensar
algo parecido a eso). Sus fraseados o preguntas o exclamaciones
continuistas fuera de micro mientras se desarrollaba la canción es
otro de esos gestos que le hacen tan peculiar y que de una forma que
puede parecer casual, provoca una respuesta del público. Y por otro
lado, era gracioso observar como la guitarra que colgaba de su
cuello era más bien un artefacto al que agarrarse que un instrumento
musical, ya que los aspavientos con los brazos provocaban que pocas
veces pudiese rasgarle a su guitarra más de dos acordes. Sin la
presencia de su teclista habitual, de bigotes dalinianos (el
absolutamente magnífico Franz Nicolay), Craig Finn era la presencia
escénica. El resto del grupo le respaldó con esa mezcla de power-pop,
de guitarras en ocasiones hardrockeras que sirven de base a los
fraseados que a veces pueden resultar irritantes pero que al llegar
a los estribillos, se borran de tu cabeza. Otras veces era el rock
más tradicional, con esa mezcla de tormenta y de calma donde fue el
teclado el que se dejó lucir.
Y diría que el concierto con el que más disfruté ese día
fue el de Gov´t Mule, quién me lo iba a decir. Tras pensar
que tan solo hora y media no era suficiente para ellos, diría que de
los últimos conciertos que he visto (a pesar de que el último en
Arena fue fantástico) ha sido el mejor. Sentimiento, repertorio.
Creo que a más de uno se nos calló la baba cuando sonó el inicio de
“Blind Man in the Dark” pero os dejo aquí el
repertorio para que a alguno se os salten las lágrimas por no
acudir y os lo penséis para otra vez. Tan solo decir que cuando
entras-conectas-fluyes en un concierto de Gov´t Mule y se junta con
un repertorio genial y unos tipos inspirados, tienes el concierto
del Azkena y la experiencia no se olvida.
Y los que eran el grupo grande del día, no me explico muy
bien porqué, fueron los ganadores en espectáculo y fisicidad. Ni un
solo pero que poner a Airbourne. No puedo decir que escuche
sus discos día y noche. Más bien no. Pero qué más se puede pedir a
un tipo (su cantante y guitarra solista, todo en uno, Joel O´Keaffe)
que se subió a lo más alto del lateral del escenario con guitarra a
la espalda (¡qué recuerdos de Eddie Veder!) para realizar un punteo,
corría como un poseso de un lado al otro del escenario (¡aquel Axl
de antaño!, entre otros) junto con el resto del grupo, y abría
(perdón, reventaba) latas de cerveza contra su cabeza y luego se las
daba gracilmente al público. ¿De verdad alguien puede pedirle/s más?
Tuvieron entrega y hasta a mi, cuyos discos, no me apasionan, me
hicieron pasar un buen rato, al fin y al cabo, sus canciones son un
rock o metal , a veces, vigoroso que siempre te sirve para irte a
las primeras filas a compartir diversión. Sigo sin entender muy bien
el porqué de su éxito pero visto lo que hay por ahí fuera y
presenciado este concierto, me alegro. |