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Dan Baird

El Vez

Imelday May

The Damned

Kiss |
Texto: Asier R.
Vayamos al grano. Segundo día, casi la misma intensidad.
Empezamos con Dan Baird y sus Homemade Sin, su horario, al
igual que el día anterior con Th´ Legendary Shack Shakers, no era el
apropiado pero, ¡qué más da!. Me quedo con dos cosas: una de ellas
es la sensación de que estos tipos disfrutan enormemente lo que
están haciendo, música de entrañas, cosa que se demuestra con un Dan
Baird en calcetines: por supuesto, es como tomarse una buena copa de
patxarán, cuanto más cómodo mejor sienta y así es su música.
Segundo, la atómica, pero atómica de verdad, versión de Crooked
Smile, con un Warner E. Hodge al que casi tuvieron que parar porque
se marcó unos cuantos solos en la canción llenos de ganas, pasión,
improvisación y talento. No sé si es arte pero es genuino rock ´n´
roll. Un placer.
Tan bien se lo estaban pasando Dan Baird y secuaces que se
pasaron, sobradamente, de su tiempo, cosa que perjudicó a El Vez,
pero personalmente tuve una dosis suficiente, no porque resultase
pesado ni nada por el estilo, al contrario, se mostró muy gallardo y
reivindicativo: primero al versionear “In The Ghetto”, donde algún
fan límite probablemente estaría pensando en saltar a asesinarle
pero a mi me resultó muy cachonda con ese spanglish que no sé oía
del todo bien en la carpa. Reivindicó el pop español de los 60´s,
70’s y 80´s con el “Eres tú” de Mocedades, ¡ja!, y por
supuesto, no faltó el “Volver, volver” canción que me hizo recordar
a Los Lobos hace un par de años y cuyo concierto también
acabó pareciendo una verbena. En este caso, sin la misma reacción
bailarina, vociferante del público.
Y por supuesto, mi mujer preferida del rock en estos
últimos años, Imelda May, no falló. Por supuesto, la vimos en
la Plaza
de la Virgen Blanca, que cada año está más bella y tiene más
encanto. Justo como Imelda. Efectivamente, como me comentaron, ni
siquiera suda en los conciertos pero la intensidad que consigue, el
entretenimiento y la fascinación, con unos simples movimientos,
probablemente sacados de alguna película y con canciones vomitadas
con una clase y pasión inigualables lo son todo. Se olvidó de esos
temas que silencian sus conciertos y fue a su vertiente más rock y
así sonaron sus nuevas canciones, incluido su single “Psycho”, al
igual que la versión de “Train Kept a Rollin´”. Consiguió no
obstante que el público susurrase con ella el “Tainted Love”. Y si
hubo una cosa que diferenció su actuación por la tarde en el
festival de la mañanera fue que en la primera perdió todo el decoro
en su estilo vocal y finalmente adoptó el estilo más arrabalero que
con cuentagotas podríamos encontrar en “Smoker´s Song”. Vaciada y
con gusto.
Y nuestro siguiente paso fueron The Damned. Puedo
ser objetivo en parte. Con un sonido bastante bueno, con un sonido
mucho más cercano al gótico que al punk, o un gótico-rock si os
gustan las etiquetas, disfruté muchísimo con su teclista. Al igual
que Dave Banian que estuvo inmenso, otro que lo dijo tal cual: “Es
un enorme placer ser parte de uno de los carteles más eclécticos en
los que se puede escuchar de todo, folk, punk,...”, poco más o menos
fueron estas sus palabras, y acertó. Ellos también acertaron con la
sorpresiva versión de Love, “Alone Again Or”, que si bien es
inigualable, por inesperada, fue un auténtico gusto para los oídos.
Y por supuesto, el clasicazo “New Rose” que, esta vez sí, sonó
agresiva sin ningún tipo de aditamentos. A media función, lo mejor
era fundirse en las primeras filas, momento en el que esto se vuelve
aún más subjetivo, como ya ocurriera el día anterior con
Airbourne, para saltar y fijarse en el andar sin rumbo por el
escenario de Captain Sensible.
He aquí que nos encontramos frente al escenario grande de
nuevo, y está ese tipo con pelos tan característicos y sombrero sin
par, Slash. Con él no hubo decepción porque tampoco llevaba
ningún tipo de expectativas. Su segundo álbum, “Ain´t Life Grand”,
sin pretensiones, pero con pasión, tal vez sea excesivamente largo
pero hay grandeza en él. El último, uf, es aburrido y su concepto es
muy parecido al álbum en solitario “Iommi” del genio de Black
Sabbath (sonido ligeramente actual, colaboraciones de cantantes
de lujo, …) pero no le llega ni a la suela. El de Slash suena
aburrido sin más. Y su concierto, pues tuvo fases. Como no tengo
ningún problema con Velvet Revolver, disfruté de su mínima
aportación al set-list, pero sin duda fueron “Rocket Queen”, “Civil
War” o “Paradise City” de los vituperados pero absolutamente
clásicos, Gun´s ´n´Roses , las que se llevaron todo el gato
al agua. Myles Kennedy, el cantante, me pareció un tipo que hacía
muy bien de “impersonator” de Axl, Scott Weiland e incluso Ian
Atsbury. Pero lo que claramente define este concierto fue lo que me
dijeron en una palabra: “Karaoke”. Que yo disfruté (mucho) a ratos.
Y llegamos al grupo que la inmensa mayoría esperaba ese
día: Kiss. ¿Qué puedo decir yo? Pues en primer lugar, se
pueden decir cosas muy positivas y muy negativas. De estas últimas,
lo de siempre, que siempre hacen lo mismo, etc. El mismo sambenito
que a AC/DC. Personalmente no tuve ningún problema en ver dos
conciertos parecidísimos de Imelda May. ¿Qué más da ver dos
conciertos muy parecidos de Kiss? ¿No revisitamos clásicos del cine?
¿no releemos? Pero bueno, esto es un tema que no lleva a ninguna
parte. Me divertí. Me esperaba más. Sí, en mi mente, y sé que está
mal, comparaba este concierto con el de Alice Cooper del año pasado,
que los que habéis leído aquella crónica, sabréis que me pareció
sublime, pero también es cierto que prefiero su cancionero. Me
sorprendió que sigan siendo tipos tan entregados, o tan
profesionales, según se mire, especialmente Paul Stanley. Y me gustó
la majestuosa pose de Gene Simmons, ante un público que estuvo muy
apático, y eso es así, del que sacaba ovaciones simplemente con
cruzar los brazos y mirar de soslayo. Con “Detroit Rock City” en los
bises la cosa despegó para no aterrizar hasta llegar al confeti
festivo de “Rock ´n´ Roll All Night” pero yo me quedo con ese punteo
de 100.000 years que se me sigue clavando en el cerebro. Un
concierto que perdía ritmo a veces pero que te deja escupiendo
papeles volantes con una sonrisa. |