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AZKENA 10

 

Sábado 26 de junio, Vitoria

The Cubical

 

 

 

 

 

 

 

Robert Gordon

 

 

 

 

 

 

 

 

Bob Dylan

 

 

 

 

 

 

 

 

Chris Isaak

 

 

 

 

 

 

 

 

 

The Hives

 

 

 

 

 

 

Bad Religion

Texto: Asier R.

El último día del Azkena, no respetó a rock más 50´s, ya que llovió, ligeramente con Robert Gordon y continuamente con Chris Isaak, deseo que había pedido y que curiosamente se cumplió. Pero empecemos por el principio.

 

Y este no fueron Maggot Brain como nos hubiese gustado, si no los australianos Russian Roulettes. Una música muy basada en los años setenta, supongo que con grupos referenciales como Gran Funk Railroad e incluso Humble Pie en su versión más cruda pero como grupo joven sin un repertorio matador. Es decir, se deja escuchar muy bien y no aburren. Tienen una onda actual tipo Super 400 o The Muggs. Como se suele decir, tal vez si estás más metido en su discografía, también te implicas más en el concierto. Correctos y con ganas a pesar de las tempranas horas.

 

A los que teníamos ganas era a The Cubical, también con un sonido retro, claramente, pero con más mezcla que los anteriores, de estilos y de décadas. Se les oyó muy bien y a posteriori caí en la cuenta de que no llevaron teclados. Supongo que eso significa que yo estaba en la inopia o que ellos rellenaron muy bien los huecos. Me decido por esto último. Su guitarrista solista (Alex Gavaghan) me gustó mucho. Tanto por la forma de tocar como por esos movimientos, entre robóticos y orgánicos que le daban un toque distinto en su elegancia (iba trajeado pero de “sport”). Al cantante (Dan Wilson), para quién no lo sepa, se le compara con Tom Waits pero por lo típico: voz ronca  y profunda, parecido automático con Tom Waits. Creo, personalmente, que tiene su propia peculiaridad sin resultar absolutamente original pero con mucha presencia en el escenario, la forma de mover las piernas, de dirigirse al público, de apoyar a su banda y sobre todo esas caras de estar fuera de sí. Empezaron con dos de sus temazos: “Edward the Confessor” y “Great White Lie” y a partir de ahí, se liberaron bastante con lo que el concierto ganó en espontaneidad. Con la canción que se sintieron más a gusto: su single “Like Me (I´m a Peacock)” pero en general todo el concierto estuvo a un buen nivel. Para volver a verles en sala pequeña o mediana con su propio público.

 

Lo admito, no tengo ningún disco de Robert Gordon, y lo admito con menos vergüenza, ¡qué buen concierto! Especialmente por la elegancia a la hora de interpretar clásicos del rock de toda la vida. Aunque lo apoyó mucho, tal vez entre dos monstruos como Slim Jim Phantom y Chris Spedding, fuese su bajista el que quedó más discreto. Cambiaron decibelios por unos instrumentos aterciopelados, de sonido perfecto y ejecución sencilla pero llena de sentimiento en el que la profunda voz de Robert era el centro absoluto. Raro es que se hiciese sentir más en el pecho que en las caderas, teniendo en cuenta el estilo pero con la voz de crooner de Mr Gordon, casi era normal. Slim Jim Phantom se quedó durante unas canciones a cargo del show con su sempiterna batería en la que cayó, por supuesto, “Rock this Town” pero de todo el show, me quedo con “Beside You” de Iggy Pop (ya de paso revisitar “American Caesar” si hace tiempo que no deleita vuestros oídos) en el que prácticamente lo calcó…a su manera.

 

Con NRBQ, estuvimos testimonialmente con lo que es mejor que nos centremos en: Bob Dylan. Hay gente que le ha visto diez veces. Otros que lo han visto dos y estoy yo que tras muchos miedos, lo he visto una vez. Y fue el día del cual escribimos. Mucho se ha hablado de sus conciertos, y a pesar de que en general las críticas no son malas, siempre había notado un poso de amargura. Así que, visto lo visto, oído lo oído y leído lo leído creo que los reunidos en el Azkena (o en el presente momento de Dylan) fuimos afortunados porque vi el directo de un chaval, con la interpretación de un anciano. Los miedos que me habían hecho no acudir a sus citas anteriores se esfumaron. Al comenzar el concierto, casi llegamos a pensar que íbamos a escuchar el álbum “Blonde on Blonde” entero, pero no, hubo de todo. Y de todo con muchísimo arte. Desde la sobria puesta en escena, con una luz cálida, crepuscular y un juego de sombras que no sé si era casual, pero si fascinante, hasta la versatilidad de Dylan que nos dio de todo: guitarra, armónica y por supuesto, su teclado de los últimos años. Versiones reconocibles, para quién las necesite (yo entre otros) y cambios magníficos (“Shelter from the Storm”, no la reconocí, me lo dijeron). Estilos, rock ´n´ roll y blues. Su voz, cada vez más, ajada, como su piel, y por ello, ganando enteros. Nos llevó de paseo combinando canciones de sentimiento más enérgico con absolutas delicias reposadas. Por ello me quedo con una de cada: “Rainy Day Woman # 12 & 35”, con la que comenzó este concierto y que servía para entrever lo que nos esperaba y para calentar motores y la interpretación (yo me rendí al placer) de “Just Like A Woman”. Me pregunto como puedo seleccionar solo dos.

 

Y empezó a llover persistentemente. Y se cumplió mi deseo. Yo con Chris Isaak quería lluvia, tal vez porque sabía que lo iba a ver en el Palacio de Congresos, sequito y sin problemas, al martes siguiente. No solo no defraudó, sino que al igual que Bob Dylan, dio más de lo que esperaba. Entretenimiento, simpatía, clase (¿quién si no puede beber en un vaso de cartón con una pose tan glamurosa?), música y emoción. Después de empezar con “The Lonely One” y “Dancin´”, ni corto ni perezoso, empezó a cantar “Love Me Tender” donde se acercó al público por el pasillo central bajo un paragüitas rojo. En Madrid, me recordó más al Elvis del ´68 que se iba dejando querer por las damas. No fue la única versión, también recordó a Roy Orbison y James Brown y me demostró que es el tipo que mejor fusiona a Elvis, Dean Martin y el propio Roy a lo largo de la actuación: simplificando, del primero coge la faceta más enérgica, del segundo la socarronería y diversión y del tercero la sensibilidad pura. Me quedó patente, tras escuchar el concierto que su último album está a la altura de cualquiera de sus clásicos porque “We Lost Our Way”  sonó tan emocionante bajo la lluvia como lo hizo “Wicked Game” y “Take My Heart” tan animada como “San Francisco Days, San Francisco Nights” que por cierto, nos deleitó con un final percusivo a cargo de Rafael Padilla que le va como anillo al dedo. EL concierto fue versátil, intenso (escucharle a él solo interpretar “Forever Blue” mientras el cielo nos iba regando fue sublime) y con un ritmo endiablado en el que Chris nos metió en su engranaje. Y vaya voz. Y vaya banda, todos a un nivel de ejecución y de compenetración maravilloso.

 

Y tras esto seré breve: The Hives. Desde fuera, para quién no los haya visto, se podría decir que dieron EL concierto del Azkena. No creo que sea así, pero tienen un líder a las voces con una pose de ego enorme (“agradecemos a Dylan y Isaak que hayan abierto para nosotros: ¡esto es el negocio musical!) que le queda genial y  que animó al personal con un repertorio algo mimético en si mismo pero pleno de adrenalina. A pesar de esto, hubo canciones que descollaron por el frenesí que imprimieron en ellas. Especialmente, un corte que presentó como nueva canción,  “Tobbacco Song” o algo por el estilo, fue grande por la tensión que consiguieron imprimir en ella. Con diálogo constante con el público. Con una puesta en escena que me recordaba a “La Naranja Mecánica que también aportaba magia al conjunto. Tanto ellos como Isaak y Dylan, hicieron del escenario un personaje más del concierto.

 

Para finalizar, Bad Religion, que llegaron cuando los amplificadores debían haber perdido ya todo su fuelle porque se oyó excesivamente bajo para lo que es su música (¿tal vez la culpa es de The Hives por su sonido atronador?), pero dieron su concierto. Lo disfruté porque estuve adelante del todo, fundido con la multitud, pero me pregunto si en las filas de atrás disfrutarían con un Greg Graffin (voces) que a veces parecía incomodo en el escenario, como cumpliendo la papeleta. Y de un repertorio que en directo deja la mayor parte de su melodía de lado y lo hace muchísimo más hardcore, cosa que puede ser meritoria pero que les hace perder parte de la seña de identidad que es su estilo. Aún así, buen broche final para tres días que por momentos, resultaron absolutamente gloriosos.

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