|

Savia

Lagarto Amarillo

Canteca de Macao

La Excepción

Muchachito Bombo Infierno

Bad Religion

Los Delinqüentes
|
Texto: Consuelo Sánchez Condés
Fotos:
Violeta Simal Calderón
Rondaban las cuatro y media de la tarde cuando, bajo un sol
abrasador, se agolpaban en largas colas los asistentes al Metrorock
07; mientras, aprovechaban esos minutos al calor de los rayos para
embadurnarse con las cremas con filtro solar que habían de dejar en
puerta, ya que incomprensivos e incompresibles guardias de
seguridad, aparentemente sin órdenes de la organización del evento,
no permitían el acceso al recinto de los saludables frascos,
temiendo que pudieran convertirse en peligrosos para la salud de los
artistas (objetos arrojadizos, como los zapatos) o fuesen bebibles,
por su semejanza con...al...no sé, baileys. Pues sí, vamos a bailar,
música.
Comenzaban puntuales el ganador del concurso u-play, TYR,
y Uzzhuaïa, cada cual en su escenario. Seguía al grupo
valenciano que presentaba su tercer disco (todos puntuales)
Estirpe, con una voz desgañitada y un vozarrón que hace dudar si
sale de un cuerpo tan delgado, en el escenario Metrorock. A la vez
que Swan Bwoy y Kiki Sound, y Mendetz, se
sucedían en el otro escenario, Parque.
Pero no fue hasta que no entró Savia -el grupo
originado por Carlos Escobedo, ex Sôber- que el escenario
Metrorock no comenzaba a mostrar signos de lleno. Con su imno
“Inmortal”, el escenario comenzó a botar. Y tras “No más lágrimas”,
“Edén” esparció la savia de su amor entre el público, que
cantaba al unísono. Un directo potente, limpio y definido, que
aunque arrastra halos de la formación a la que perteneciera su
fundador, es un hard rock relativamente joven.
La idea de separar estilos en dos escenarios resulta
adecuada, si no se solapan. El festival se convertía en un auténtico
maratón –por las horas ininterrumpidas y por los viajes a galope
entre ambos escenarios- si los gustos personales se debatían entre
los dos tipos de música. Y si con Savia se comenzó a llenar
el escenario Metrorock, Lagarto Amarillo hacían lo propio en
el Parque. Revelándose en cada actuación como una promesa de futuro,
(y si no Dale su tiempo al tiempo, “Hoy”), demostraron
que llevan el ritmo en los talones, y fueron Arrasando y
arrastrando a los presentes hasta que todos bailaron, y
corearon, “Tengo un amigo alemán”.
Enter Shikari
realizaba sobre esa hora de esas mezclas peculiares, como por
ejemplo, techno y hardcore, en el escenario principal; un fenómeno
para aquellos que siguen las modas innovadoras de Londres.
Sorprendentes, en verdad. Preparaban, con o sin intención, así el
escenario para los canadienses, Billy Tallent, que sufrieron
el percance de la tarde –puesto que aún lucía el sol- con una
pérdida de electricidad y consecuente sonido, lo que aprovecharon
para presentarse como recién llegados de Toronto, Canadá.
Canteca de Macao
ya tenía el público listo, un público que ya se saben ganado, cuando
Lagarto Amarillo terminó en el escenario Parque, en un
mestizaje parecido, con mayor espectáculo (cariocas, esta vez no de
fuego, porque qué calor) cantando a la vida.
Y poco después, en el mismo escenario, La Excepción,
recién llegados de una actuación el día anterior y acompañados de
Josete, que actuaría más tarde con Los Delinqüentes, padrinos
de su disco en solitario. Siguen haciendo alarde de su origen de
barrio obrero, de su conciencia; y así tampoco cambian la función,
haciendo –entre las misma frases- una crítica constructiva de
organizaciones y medios, con un tarareado Jeeesús, (y aquí
hago un guiño, que soy periodista de barrio obrero).
A todo esto, vamos corriendo. Muchachito Bombo Infierno
se subía al escenario acompañado del contrabajo, al que acompañaron
más tarde a la cuerda un cuarteto de violines. Un deleite. Entre sus
temas más populares, “Siempre que quiera”, cerca de las doce
de la noche, que todos saltaron. Mientras, se iba dibujando su
conocida caricatura en una pizarra al fondo del decorado. Seguía
indicando, como anécdota, que el disco del que ha comenzado la gira,
continua sin salir. Y se iban sumando a la actuación La Excepción
y Los Delinqüentes.
Entre los grupos que más expectación causaba se encontraba
My Chemical Romance, que resultaron un poco calzados entre el
punk de Billy Tallent y el ya legendario melódico de Bad
Religion. Y por fin, en su única visita a Europa con su gira,
Bad Religion. Un detalle que se agradece, así como las palabras
que, aunque escasas, articulaba en español Greg Graffin, presentando
New maps of the hell, el nuevo álbum que saldrá en julio. Fue el
grupo que más espectadores agolpó frente a las vallas. Los fans
saltaban hacia el escenario. Y Greg Hetson, guitarra, devolvía los
frisbys que le enviaban casi sin dejar de tocar,
increíblemente. Mientras la gente esperaba “Losing Generation”
o “21st Century”, las expectativas se vieron
satisfactoriamente cubiertas.
Y al finalizar en este escenario, corriendo para el otro,
donde quedaban aún Los Delinqüentes, como broche de éste.
Abrían el espectáculo con su tradicional “Los Delinquentes y La
Banda Del Raton”. Y entre que el otro escenario descansaba y
que algunos intrusos saltaban la tapia para colarse, el aforo estaba
abarrotao. Con el estribillo de “Mis condiciones pajareras”,
quemo mi cama pa’ no dormir, las voces se escuchaban por todo
el recinto. Cantaron con Josete, y allí salió a montarla hasta el
último de La Excepción, que confirma la regla de que no hay
dos sin tres, “Los Piratas del Estrecho”.
Para cuando
The Pinker Tones (recomendados por MBI durante su función)
actuaban, la gente comenzaba a abandonar el recinto, cansada de
correr en estampida de un escenario a otro tragando el polvo
levantado. Eran ya más de las tres de la madrugada.
|