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The Feeling

The Dandy Warhols

The Divine Comedy

Rufus Wainwright

Two Gallants

New Order


Primal Scream

Keane

Razorlight
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Texto:
Ruth Bautista,
J. Javier Peña y
Juan Aguado
Fotos:
Juan Aguado
Es mediados de julio en Madrid, y nos acercamos con ilusión
al nuevo festival que ha nacido dedicado a los más poperos,
con doble versión: Madrid/Barcelona. A priori los comentarios que se
encuentran son bastante críticos con la organización debido a la
coincidencia de horarios, algunos increíbles, que hacen saltar
chispas en los foros. Y una vez on site, la crítica más comentada es
el incómodo suelo de piedras sobre el que se ha instalado el recinto
de conciertos y la falta de sombras. Si bien no se creó demasiado
polvo como se podría haber esperado, si que resultó realmente
incómodo para caminar, especialmente a todos aquellos que iban con
sandalias, o para sentarse a descansar entre concierto y concierto.
Pero dejando a
parte el tema suelo y el tema horarios, el festival fue todo un
éxito. Sin incidencias reseñables, los conciertos se fueron
sucediendo con momentos álgidos y puntos bajos, sin demasiados
agobios en el público a pesar del calor (excepto algún momento que
ya comentaremos más adelante) y dejaron en la retina y los tímpanos
algunos de los conciertos más agradables del año: Two Gallants,
The Twilight Singers, My Latest Novel y Sigur Rós
entre otros.
El festival comenzó para nosotros con la actuación de los
edulcorados The Feeling. Para cuando llegamos, ellos ya
llevaban un rato de concierto y sudaban la gota gorda, y eso que la
tarde no estaba demasiado calurosa para lo que sería lo normal a
mediados de julio. Pero claro, ellos no están acostumbrados a estos
calores y discretamente se lamentaban sobre el escenario de la
temperatura ambiente. Las varias escuchas previas a su disco,
Twelve Stops And Home, que habíamos realizado antes de asistir
al festival nos daban una idea de lo que podría ser su concierto, de
pop dulce y estribillos pegadizos. Así fue, aunque quizás por el
calor, quizás por la sensación de sentirse arropados por un numeroso
público, el hecho es que lo desarrollaron con clase y esfuerzo y a
nosotros no nos resultó tan empalagoso como esperábamos. De hecho,
la sensación que nos quedó tras escuchar algunos de sus temas, como
“Rosé” y su incesante I Love You del estribillo, “Fill My
Little World”, el single “Sewn”, “Strange” o la optimista “Love It
When You Call” con la que cerraron el concierto, es que el
positivismo y buen rollito de The Feeling era la mejor manera de
empezar el festival. Todo un acierto el horario de su actuación, que
probablemente no hubiera encajado tan bien más tarde en la
programación.
Antes de que acabaran The Feeling en el Terminal E,
ya estaban en escena The Dandy Warhols en el Terminal O. No
era la primera vez que veíamos a los muchachos de Courtney Taylor,
por lo que su pose no nos pillaba por sorpresa, pero siempre esperas
un poquito más de ellos. Con la actitud pasota de soltar una canción
tras otra, al menos pudimos recordar los tiempos en los que se
tomaban algo más en serio su trabajo con “I Love You”.
A continuación en el escenario adyacente, aparecieron ante
nuestra presencia Neil Hannon y el resto de músicos que le acompañan
en su banda, The Divine Comedy. Al igual que nos pasara con
Natacha Atlas hace poco, la presencia física de Neil Hannon fue algo
chocante. Tanta voz en un cuerpo tan pequeño. Vestido de riguroso
traje verde y con su Guiness negra en la mano, poco a poco fue
desgranando algunas de sus nuevas composiciones, del reciente e
ignorado Victory For The Comic Muse. Comenzó con el primer
single, “To Die A Virgen” y continuó con varias canciones de éste
último álbum, como “Diva Lady”, “A Lady Of A Certain Age” o “Mother
Dear”. En las pocas ocasiones en que se separaba de su último
trabajo todos esperábamos con impaciencia algún tema de su álbum más
popular y logrado, Absent Friends. Pero Hannon se hacía de
rogar, y nos fue intercalando temas más antiguos, como “Generation
Sex” de su disco Fin De Siècle o “Note to Self” del
Regeneration. Ante su soberbia por no caer en populismos e
ignorar nuestras apetencias, la espera se nos estaba haciendo
bastante larga, por lo que muchos comenzamos a mirar el reloj y en
el momento en el que en el escenario de al lado comenzaron los
Starsailor, algunos hicimos un cambio estratégico hacia el
Terminal O, que lo cierto es que para mí no duró mucho. Al llegar
allí comprobamos que Starsailor nos negaba la posibilidad de
hacer fotos, cuales divas superestelares, por lo que con desdén nos
volvimos rápidamente al Terminal E, a ver si a Hannon accedía a
tocarnos de una vez por todas el tema “A Mutual Friend”, verdadero
himno personal. Y por causas desconocidas tuvimos suerte. Nada más
acercarnos a su vera de nuevo, nos obsequió con este poema romántico
contemporáneo que es su mejor canción y que sin duda entraría en una
hipotética lista de mis canciones favoritas. Lista que jamás haré,
por otro lado. Así que contentos, agradecidos y con el objetivo
cumplido nos alejamos hacia la parte opuesta del recinto, donde se
situaban las Terminales S y N para continuar la noche.
A esas horas, las diez de la noche, nos enfrentábamos a un
profundo dilema: escoger entre Rufus Wainwright, al que hemos
visto ya en varias ocasiones, y Two Gallants, de los que
recientemente habíamos descubierto su magnifico álbum llamado
What The Toll Tells. Probablemente la decisión habría sido fácil
para muchos, pero no lo fue para nosotros en absoluto. Por ello, con
la cabeza gacha y el sentido de la responsabilidad del que no sabe
ser infiel, nos encaminamos hacia el Terminal S, donde con un cuarto
de hora de adelanto se presentó Mr. Wainwright. Presto se
sentó ante su piano y comenzó su actuación. Ante su desesperación, y
sobre todo la nuestra, apenas se le oía, pues en la carpa se
filtraba todo el ruido de los otros escenarios. Tras cuatro temas
como pianoman, lanzar algún soplido y un “esto parece the
battle of the bands”, se agarró a su guitarra para tocar lo que
para él es una canción española, su “California”. Tras desplazarnos
por la carpa para intentar lograr un mejor sonido, sin éxito por
nuestra parte, y siendo conscientes de que veríamos a Rufus una
semana más tarde en el FIB (lo cual apaciguaba en cierta manera la
conciencia) ahí le dejamos, luchando contra los elementos, y nos
dirigimos, algo tarde, pero aún con tiempo a disfrutar el que
resultó el mejor concierto de todo el festival, el de los Two
Gallants, y eso teniendo en cuenta que les vimos tocar una media
hora, entre otros los temas “Some Slender Rest”, “Nothing to You” y
la gloriosa “Las Cruces Jail”. Lo cierto es que éramos cuatro gatos
viendo a estos dos humildes artistas, que son Adam Stephens (voz y
guitarra) y Tyson Vogel (batería y coros), y se hubieran merecido
una audiencia más poblada. Pero los pocos que éramos lo disfrutamos
en grande, con la voz felina de Adam y la fuerza descomunal de la
batería de Tyson. Grandes, muy grandes son estos “dos galantes”,
como ellos se despidieron al terminar la actuación, dando las
gracias tímidamente por recibirles tan bien. Esperamos que a alguien
se le ocurra traerlos pronto de vuelta. De momento se encuentran
haciendo varios festivales europeos de verano que les trajo a
Roskilde a principios de julio y en septiembre telonearán a
Wolfmother y Gotv Mule en los estates.
Es natural que uno se cree ciertas expectativas ante la posibilidad
de ver sobre un escenario a una de esas bandas que en su momento
causaron un impacto importante y que vuelven no se sabe muy bien de
donde ni para qué. Algo así nos pasó hace dos años con los Pixies
y hace cuatro con los Guns N’ Roses, y la experiencia nos
dice que tales reencuentros no siempre resultan agradables.
Un sabor agridulce fue lo que nos dejó el concierto de New Order
en el Summercase 2006. Los ingleses marcaron una época aunque desde
los años ochenta ya ha llovido mucho. De la esencia de Joy
Division no queda demasiado, y lo poco que queda de ella se
mantiene dando vueltas por el mundo no todo lo decorosamente que
algunos quisiéramos. El paso del tiempo provoca evidentes e
inevitables cambios;
Bernard Sumner,
Peter Hook y Stephen Morris ya no tienen veinte años (ni treinta, ni
cuarenta), y eso se nota, principalmente en la voz de Sumner que
llegó muy justito al final del concierto.
Los de Manchester empezaron con “Crystal”, uno de los temas
de su nueva etapa en la que parecen querer volver a sus orígenes
sonoros, cortando con experimentos como los que en los años noventa
sorprendieron a más de uno y desembocaron en la ruptura de la banda
y en los consecuentes proyectos individuales de cada uno de sus
miembros. Los ritmos más electrónicos vuelven a dejar paso a bajo y
batería que siempre fueran seña de identidad del grupo. Lo cierto es
que los temas nuevos como “Working Overtime” o “Waiting For The
Sirens' Call” suenan muy parecidos los antiguos aunque los momentos
más emocionantes de la noche se vivieron con las canciones
recuperadas de Joy Division, como “Ceremony” o la inolvidable
“Love Will Tear Us Apart”, sin duda una de las cumbres del pop
británico. Lástima que la versión que nos ofrecieron New Order
esa noche resultara ciertamente “chirriante”, y es que sin Ian
Curtis no es lo mismo, claro.
Los grandes hits de la banda que marcaron la década de los
ochenta como “Your Silent Face”, “Bizarre Love Triangle” o “True
Faith” sonaron en la segunda mitad del recital, con el público
entregado y unos músicos que no daban para mucho más. Para los bises
reservaron, como no podía ser de otra manera, “The Perfect Kiss”;
intenso final de un espectáculo del que, quizá no siendo del todo
realistas, esperábamos algo más.
Antes de que acabaran New Order en el escenario
principal, comenzaron su actuación en el Terminal contiguo los
Primal Scream. Gillespie y compañía empezaron muy flojos, pero
el concierto fue tomando vida según avanzaba y lo que se inició de
manera más sobria que en otras ocasiones, acabó estallando en la
última tanda de canciones: “Kovalsky”, “Swastica Eyes”, con un
topless femenino en el público que no es frecuente de ver, “Country
Girl” del último disco Riot City Blues, y “Rocks” para acabar
por todo lo alto.
Solapándose también con el final de los Primal, comenzó el
concierto de Keane. Poco tenemos que decir de ellos, más que
la evolución desde hace un par de años, cuando los vimos en el FIB a
aquí, no es demasiado favorable. Sea dicho de antemano que su pop
meloso nos resulta cargante en exceso y difícil de digerir, por lo
que es probable que este breve comentario no sea demasiado objetivo.
Pero la pequeña evolución que hemos visto en ellos no estriba en su
música, sino en su actitud. Mientras que Tim Rice-Oxley, verdadero
compositor de las letras, continúa en su ostracismo en escena, Tom
Chaplin, voz de la banda, ha visto crecer su ego al mismo ritmo que
estilizaba su figura y era enseñado a moverse sobre el escenario. Si
algo nos ha enseñado un programa como Operación Triunfo (y perdón
por sacar a relucir aquí semejante referencia) es a reconocer en un
abrir y cerrar de ojos los movimientos encorsetados y dirigidos cual
marioneta de un triunfito. Lamentablemente, Chaplin repite ese
modelo, cosa que no hacía cuando le vimos dos años atrás y lo cual
dice mucho del camino escogido por la banda en sus directos. Por lo
tanto, lo que vimos el viernes en el Summercase fueron los mismos
temas de siempre (los de su anterior álbum y los del nuevo),
ordenadamente bailados en el escenario y poca reacción en un público
que los escuchaba y coreaba sin mucho entusiasmo.
La actuación de los Razorlight estaba programada
para las dos, hora en la que algunos nos encontrábamos esperando
ante el escenario a que comenzara. Al parecer, a esta nueva banda de
moda, la audiencia le pareció escasa, por lo que decidió retrasar el
comienzo una media hora, esperando así a que terminara la actuación
de Keane y que parte del público se acercara hasta ellos,
aunque fuera de rebote. A pesar de la espera a la que nos
sometieron, esto no ocurrió, por lo que media hora tarde el
concierto comenzó con el mismo público que al principio, pero algo
más cansado. El caso es que no parecían demasiado contentos, bien
con el horario de actuación, bien con su aforo, por lo que dieron un
concierto con desgana, que obviamente repercutió en la calidad.
Podemos decir que fueron la gran decepción del festival, pues su
estupendo primer disco, Up All Night, había hecho subir muy
alto las expectativas, que quedaron totalmente defraudadas. El set
comenzó bien con “Rip It Up”, al que siguió el primer single de su
nuevo álbum, “In The Morning”. De Razorlight, segundo trabajo
homónimo, nos presentaron además otros dos temas, “Before I Fall To
Pieces” y el pastoso “America”, que dieron una idea bastante clara
del giro que han tomado para su nuevo disco, en el que han perdido
toda la fuerza y frescura de su predecesor, del que tocaron temas
como “Golden Touch”, “In The City” y la rápida “Stumble And Fall”.
Tras éste, dieron por terminado su set, brevísimo set. Tras un corto
lapso dubitativo, donde el personal no sabía si recoger el escenario
o prepararlo para los bises, pronto quedó claro que los gritos del
público caían en saco roto. Los Razorlight habían decidido
dar la noche por cerrada, a pesar de que faltaban por sonar dos de
sus mejores temas, que sin duda alguna estaban previstos para los
bises, “Get It And Go” y el temazo central de Up All Night,
“Don’t Go Back To Dalston”. Así que nos quedamos con dos ideas
claras, decepción ante una actuación mediocre y un disco nuevo que
no perderemos el tiempo en escuchar.
Tras ellos, aun estaban programadas varias actuaciones en
los Terminales S y N, pero nosotros dimos la noche por cerrada,
teniendo en mente el denso programa que nos aguardaba al día
siguiente.
SUMMERCASE 06
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