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SUMMERCASE 06

Jueves 20 de julio

The Feeling

 

The Dandy Warhols

 

The Divine Comedy

 

Rufus Wainwright

 

Two Gallants

 

New Order

 

Primal Scream

 

Keane

 

Razorlight

Texto: Ruth Bautista, J. Javier Peña y Juan Aguado

Fotos: Juan Aguado

 

Es mediados de julio en Madrid, y nos acercamos con ilusión al nuevo festival que ha nacido dedicado a los más poperos, con doble versión: Madrid/Barcelona. A priori los comentarios que se encuentran son bastante críticos con la organización debido a la coincidencia de horarios, algunos increíbles, que hacen saltar chispas en los foros. Y una vez on site, la crítica más comentada es el incómodo suelo de piedras sobre el que se ha instalado el recinto de conciertos y la falta de sombras. Si bien no se creó demasiado polvo como se podría haber esperado, si que resultó realmente incómodo para caminar, especialmente a todos aquellos que iban con sandalias, o para sentarse a descansar entre concierto y concierto.

 

Pero dejando a parte el tema suelo y el tema horarios, el festival fue todo un éxito. Sin incidencias reseñables, los conciertos se fueron sucediendo con momentos álgidos y puntos bajos, sin demasiados agobios en el público a pesar del calor (excepto algún momento que ya comentaremos más adelante) y dejaron en la retina y los tímpanos algunos de los conciertos más agradables del año: Two Gallants, The Twilight Singers, My Latest Novel y Sigur Rós entre otros.

 

El festival comenzó para nosotros con la actuación de los edulcorados The Feeling. Para cuando llegamos, ellos ya llevaban un rato de concierto y sudaban la gota gorda, y eso que la tarde no estaba demasiado calurosa para lo que sería lo normal a mediados de julio. Pero claro, ellos no están acostumbrados a estos calores y discretamente se lamentaban sobre el escenario de la temperatura ambiente. Las varias escuchas previas a su disco, Twelve Stops And Home, que habíamos realizado antes de asistir al festival nos daban una idea de lo que podría ser su concierto, de pop dulce y estribillos pegadizos. Así fue, aunque quizás por el calor, quizás por la sensación de sentirse arropados por un numeroso público, el hecho es que lo desarrollaron con clase y esfuerzo y a nosotros no nos resultó tan empalagoso como esperábamos. De hecho, la sensación que nos quedó tras escuchar algunos de sus temas, como “Rosé” y su incesante I Love You del estribillo, “Fill My Little World”, el single “Sewn”, “Strange” o la optimista “Love It When You Call” con la que cerraron el concierto, es que el positivismo y buen rollito de The Feeling era la mejor manera de empezar el festival. Todo un acierto el horario de su actuación, que probablemente no hubiera encajado tan bien más tarde en la programación.

 

Antes de que acabaran The Feeling en el Terminal E, ya estaban en escena The Dandy Warhols en el Terminal O. No era la primera vez que veíamos a los muchachos de Courtney Taylor, por lo que su pose no nos pillaba por sorpresa, pero siempre esperas un poquito más de ellos. Con la actitud pasota de soltar una canción tras otra, al menos pudimos recordar los tiempos en los que se tomaban algo más en serio su trabajo con “I Love You”.

 

A continuación en el escenario adyacente, aparecieron ante nuestra presencia Neil Hannon y el resto de músicos que le acompañan en su banda, The Divine Comedy. Al igual que nos pasara con Natacha Atlas hace poco, la presencia física de Neil Hannon fue algo chocante. Tanta voz en un cuerpo tan pequeño. Vestido de riguroso traje verde y con su Guiness negra en la mano, poco a poco fue desgranando algunas de sus nuevas composiciones, del reciente e ignorado Victory For The Comic Muse. Comenzó con el primer single, “To Die A Virgen” y continuó con varias canciones de éste último álbum, como “Diva Lady”, “A Lady Of A Certain Age” o “Mother Dear”. En las pocas ocasiones en que se separaba de su último trabajo todos esperábamos con impaciencia algún tema de su álbum más popular y logrado, Absent Friends. Pero Hannon se hacía de rogar, y nos fue intercalando temas más antiguos, como “Generation Sex” de su disco Fin De Siècle o “Note to Self” del Regeneration. Ante su soberbia por no caer en populismos e ignorar nuestras apetencias, la espera se nos estaba haciendo bastante larga, por lo que muchos comenzamos a mirar el reloj y en el momento en el que en el escenario de al lado comenzaron los Starsailor, algunos hicimos un cambio estratégico hacia el Terminal O, que lo cierto es que para mí no duró mucho. Al llegar allí comprobamos que Starsailor nos negaba la posibilidad de hacer fotos, cuales divas superestelares, por lo que con desdén nos volvimos rápidamente al Terminal E, a ver si a Hannon accedía a tocarnos de una vez por todas el tema “A Mutual Friend”, verdadero himno personal. Y por causas desconocidas tuvimos suerte. Nada más acercarnos a su vera de nuevo, nos obsequió con este poema romántico contemporáneo que es su mejor canción y que sin duda entraría en una hipotética lista de mis canciones favoritas. Lista que jamás haré, por otro lado. Así que contentos, agradecidos y con el objetivo cumplido nos alejamos hacia la parte opuesta del recinto, donde se situaban las Terminales S y N para continuar la noche.

 

A esas horas, las diez de la noche, nos enfrentábamos a un profundo dilema: escoger entre Rufus Wainwright, al que hemos visto ya en varias ocasiones, y Two Gallants, de los que recientemente habíamos descubierto su magnifico álbum llamado What The Toll Tells. Probablemente la decisión habría sido fácil para muchos, pero no lo fue para nosotros en absoluto. Por ello, con la cabeza gacha y el sentido de la responsabilidad del que no sabe ser infiel, nos encaminamos hacia el Terminal S, donde con un cuarto de hora de adelanto se presentó Mr. Wainwright. Presto se sentó ante su piano y comenzó su actuación. Ante su desesperación, y sobre todo la nuestra, apenas se le oía, pues en la carpa se filtraba todo el ruido de los otros escenarios. Tras cuatro temas como pianoman, lanzar algún soplido y un “esto parece the battle of the bands”, se agarró a su guitarra para tocar lo que para él es una canción española, su “California”. Tras desplazarnos por la carpa para intentar lograr un mejor sonido, sin éxito por nuestra parte, y siendo conscientes de que veríamos a Rufus una semana más tarde en el FIB (lo cual apaciguaba en cierta manera la conciencia) ahí le dejamos, luchando contra los elementos, y nos dirigimos, algo tarde, pero aún con tiempo a disfrutar el que resultó el mejor concierto de todo el festival, el de los Two Gallants, y eso teniendo en cuenta que les vimos tocar una media hora, entre otros los temas “Some Slender Rest”, “Nothing to You” y la gloriosa “Las Cruces Jail”. Lo cierto es que éramos cuatro gatos viendo a estos dos humildes artistas, que son Adam Stephens (voz y guitarra) y Tyson Vogel (batería y coros), y se hubieran merecido una audiencia más poblada. Pero los pocos que éramos lo disfrutamos en grande, con la voz felina de Adam y la fuerza descomunal de la batería de Tyson. Grandes, muy grandes son estos “dos galantes”, como ellos se despidieron al terminar la actuación, dando las gracias tímidamente por recibirles tan bien. Esperamos que a alguien se le ocurra traerlos pronto de vuelta. De momento se encuentran haciendo varios festivales europeos de verano que les trajo a Roskilde a principios de julio y en septiembre telonearán a Wolfmother y Gotv Mule en los estates.

 

Es natural que uno se cree ciertas expectativas ante la posibilidad de ver sobre un escenario a una de esas bandas que en su momento causaron un impacto importante y que vuelven no se sabe muy bien de donde ni para qué. Algo así nos pasó hace dos años con los Pixies y hace cuatro con los Guns N’ Roses, y la experiencia nos dice que tales reencuentros no siempre resultan agradables.

 

Un sabor agridulce fue lo que nos dejó el concierto de New Order en el Summercase 2006. Los ingleses marcaron una época aunque desde los años ochenta ya ha llovido mucho. De la esencia de Joy Division no queda demasiado, y lo poco que queda de ella se mantiene dando vueltas por el mundo no todo lo decorosamente que algunos quisiéramos. El paso del tiempo provoca evidentes e inevitables cambios; Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris ya no tienen veinte años (ni treinta, ni cuarenta), y eso se nota, principalmente en la voz de Sumner que llegó muy justito al final del concierto.

 

Los de Manchester empezaron con “Crystal”, uno de los temas de su nueva etapa en la que parecen querer volver a sus orígenes sonoros, cortando con experimentos como los que en los años noventa sorprendieron a más de uno y desembocaron en la ruptura de la banda y en los consecuentes proyectos individuales de cada uno de sus miembros. Los ritmos más electrónicos vuelven a dejar paso a bajo y batería que siempre fueran seña de identidad del grupo. Lo cierto es que los temas nuevos como “Working Overtime” o “Waiting For The Sirens' Call” suenan muy parecidos los antiguos aunque los momentos más emocionantes de la noche se vivieron con las canciones recuperadas de Joy Division, como “Ceremony” o la inolvidable “Love Will Tear Us Apart”, sin duda una de las cumbres del pop británico. Lástima que la versión que nos ofrecieron New Order esa noche resultara ciertamente “chirriante”, y es que sin Ian Curtis no es lo mismo, claro.

 

Los grandes hits de la banda que marcaron la década de los ochenta como “Your Silent Face”, “Bizarre Love Triangle” o “True Faith” sonaron en la segunda mitad del recital, con el público entregado y unos músicos que no daban para mucho más. Para los bises reservaron, como no podía ser de otra manera, “The Perfect Kiss”; intenso final de un espectáculo del que, quizá no siendo del todo realistas, esperábamos algo más.

 

Antes de que acabaran New Order en el escenario principal, comenzaron su actuación en el Terminal contiguo los Primal Scream. Gillespie y compañía empezaron muy flojos, pero el concierto fue tomando vida según avanzaba y lo que se inició de manera más sobria que en otras ocasiones, acabó estallando en la última tanda de canciones: “Kovalsky”, “Swastica Eyes”, con un topless femenino en el público que no es frecuente de ver, “Country Girl” del último disco Riot City Blues, y “Rocks” para acabar por todo lo alto.

 

Solapándose también con el final de los Primal, comenzó el concierto de Keane. Poco tenemos que decir de ellos, más que la evolución desde hace un par de años, cuando los vimos en el FIB a aquí, no es demasiado favorable. Sea dicho de antemano que su pop meloso nos resulta cargante en exceso y difícil de digerir, por lo que es probable que este breve comentario no sea demasiado objetivo. Pero la pequeña evolución que hemos visto en ellos no estriba en su música, sino en su actitud. Mientras que Tim Rice-Oxley, verdadero compositor de las letras, continúa en su ostracismo en escena, Tom Chaplin, voz de la banda, ha visto crecer su ego al mismo ritmo que estilizaba su figura y era enseñado a moverse sobre el escenario. Si algo nos ha enseñado un programa como Operación Triunfo (y perdón por sacar a relucir aquí semejante referencia) es a reconocer en un abrir y cerrar de ojos los movimientos encorsetados y dirigidos cual marioneta de un triunfito. Lamentablemente, Chaplin repite ese modelo, cosa que no hacía cuando le vimos dos años atrás y lo cual dice mucho del camino escogido por la banda en sus directos. Por lo tanto, lo que vimos el viernes en el Summercase fueron los mismos temas de siempre (los de su anterior álbum y los del nuevo), ordenadamente bailados en el escenario y poca reacción en un público que los escuchaba y coreaba sin mucho entusiasmo.

 

La actuación de los Razorlight estaba programada para las dos, hora en la que algunos nos encontrábamos esperando ante el escenario a que comenzara. Al parecer, a esta nueva banda de moda, la audiencia le pareció escasa, por lo que decidió retrasar el comienzo una media hora, esperando así a que terminara la actuación de Keane y que parte del público se acercara hasta ellos, aunque fuera de rebote. A pesar de la espera a la que nos sometieron, esto no ocurrió, por lo que media hora tarde el concierto comenzó con el mismo público que al principio, pero algo más cansado. El caso es que no parecían demasiado contentos, bien con el horario de actuación, bien con su aforo, por lo que dieron un concierto con desgana, que obviamente repercutió en la calidad. Podemos decir que fueron la gran decepción del festival, pues su estupendo primer disco, Up All Night, había hecho subir muy alto las expectativas, que quedaron totalmente defraudadas. El set comenzó bien con “Rip It Up”, al que siguió el primer single de su nuevo álbum, “In The Morning”. De Razorlight, segundo trabajo homónimo, nos presentaron además otros dos temas, “Before I Fall To Pieces” y el pastoso “America”, que dieron una idea bastante clara del giro que han tomado para su nuevo disco, en el que han perdido toda la fuerza y frescura de su predecesor, del que tocaron temas como “Golden Touch”, “In The City” y la rápida “Stumble And Fall”. Tras éste, dieron por terminado su set, brevísimo set. Tras un corto lapso dubitativo, donde el personal no sabía si recoger el escenario o prepararlo para los bises, pronto quedó claro que los gritos del público caían en saco roto. Los Razorlight habían decidido dar la noche por cerrada, a pesar de que faltaban por sonar dos de sus mejores temas, que sin duda alguna estaban previstos para los bises, “Get It And Go” y el temazo central de Up All Night, “Don’t Go Back To Dalston”. Así que nos quedamos con dos ideas claras, decepción ante una actuación mediocre y un disco nuevo que no perderemos el tiempo en escuchar.

 

Tras ellos, aun estaban programadas varias actuaciones en los Terminales S y N, pero nosotros dimos la noche por cerrada, teniendo en mente el denso programa que nos aguardaba al día siguiente. 

 

SUMMERCASE 06

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