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SUMMERCASE 06

Viernes 21 de julio

The Twilight Singers

 

My Latest Novel

 

Belle And Sebastian

 

Belle And Sebastian

 

The Cardigans

 

Sigur Rós

 

Sigur Rós

 

Massive Attack

 

 

 

Fatboy Slim

Texto: Ruth Bautista, J. Javier Peña y Juan Aguado

Fotos: Juan Aguado

 

La tarde del sábado se presentaba aún más apretada que la del viernes, con varias coincidencias desquiciantes en el horario que invitaban a tomarse el programa sin prisas, pero sin pausas.

 

Pues mientras Dirty Pretty Things se despachaba con “Bang Bang You’re Dead” en el escenario principal, nos dirigíamos raudos y veloces a nuestra cita con Greg Dulli y sus The Twilight Singers. Dulli presentaba Powder Burns, disco que podéis encontrar reseñado en este número por nuestro compañero Marcos Ripalda, cuya elegancia se trasmite en forma de clásicos a voces como “I’m Ready” o “My Time (Has Come)”. Catorce años separaban la última visita de Dulli a Madrid por lo que entre su cuidado set nos dejó un pequeño hueco a la locura en forma de “Fountain And Fairfax” de los Afghan Whigs, que hizo las delicias de los presentes. Esperamos que Dulli no dilate tanto su próxima visita, pues es un lujo el poder disfrutar de su presencia encima de las tablas, cual zorro viejo de la escena.

 

La segunda sorpresa agradable de la tarde vino de la mano de los escoceses My Latest Novel. Al igual que nos ocurriera el día anterior con Two Gallants, la carpa que formaba el Terminal N se encontraba a muy bajo aforo, y es que la actuación de My Latest Novel coincidía en el tiempo con las de Adam Green, Belle & Sebastian y Sparks. Sobra decir que la gran mayoría del público se encontraba viendo a los dos primeros. Por los comentarios escuchados más tarde, parece ser que esa primera hora de la noche, justo después de que la caída del sol, se vivió en el Summercase una hora mágica, pues todos coincidíamos en comentar lo mucho que nos habían gustado los conciertos que habíamos visto. En mi caso, el de My Latest Novel, grupo que presentó casi al completo su álbum Wolves. Estos cinco escoceses interpretaron sus complejas composiciones, canciones multiestilo, de caóticas estructuras y bellos juegos vocales e instrumentales. Lograron crear un ambiente absorbente, como de cuento de brujas, con temas como su “Learning Lego” que indirectamente recuerda a las atmósferas de los Pink Floyd, o su “When We Were Wolves”, y es que parecen tocados por una varita mágica. Quizás es que habitan en esa parte de Escocia en la que habitan las meigas escocesas.

 

Con “Sleep The Clock Around”, el mismo tema con el que cierto día de Marzo de 2004 finalizaron la que hasta ahora era su última actuación en Madrid, comenzaban Belle and Sebastian su concierto del Summercase en Boadilla. No pensamos que fuera casualidad; aquel concierto y aquella canción se conservan intactos en nuestra memoria, y seguramente en la suya también, como punto final de dicho día. La música de estos escoceses nos ha servido en más de una ocasión como bálsamo para recuperar el optimismo y eso se agradece. Y aunque cada disco que publiquen nos guste un poco menos que el anterior, lo de seguir las giras de la banda, desde que los vimos por primera vez bajo la fina lluvia inglesa en el mítico Glastonbury, se ha convertido en una tradición de gustoso cumplimiento; como cuando unos amigos vuelven de vez en cuando a tu ciudad.

 

La gira de 2006 se ha concebido como presentación del último CD, The Life Pursuit, del que, tal y como tienen costumbre cuando estrenan material, nos mostraron buena parte de su contenido. Desde “Sukie In The Graveyard”, hasta “White Collar Boy”, pasando por “Funny Little Frog”, “To Be Myself Completely”, “For The Price Of A Cup Of Tea” y “The Blues are Still Blue”; los temas del nuevo álbum que sonaron en el Summercase profundizan en estilos de apariencia setentera a los que los escoceses dan la impresión de querer aproximarse desde su anterior álbum Dear Catastrophe Waitress.

 

Nos seguimos quedando con las melodías folk-pop marca de la casa de sus primeros trabajos, que últimamente nos muestran a cuentagotas en sus conciertos, como “Get Me Away From Here, I’m Dying”, a la que Stuart Murdoch definió como una very old canción o “If You Are Feeling Sinister”, dando desde ese mismo momento por bien pagados los más de cien euros que costaba el abono del festival.

Y así; entre chascarrillo y chascarrillo en el macarrónico castellano de Mr. Murdoch (que además salta, baila y baja al foso para cantar con el público), idas y venidas de los ocho miembros del grupo, subidas y bajadas de chicas del público al escenario y hasta un “Happy Birthday” cantado a una de las espectadoras, transmitiendo buen rollito como nos tienen acostumbrados; llegamos al final con “The Boy With The Arab Strap”, uno de sus memorables clásicos que puso el cierre a otro gran concierto. Hasta la próxima.

 

Quince minutos antes de que todos corriéramos a la carpa en la que desafortunadamente estaba programada la actuación de Sigur Rós, algunos llevados por la curiosidad de no haber visto nunca en persona a Nina Persson nos acercamos a ver a The Cardigans. Desafortunadamente, decía, porque la organización calculó muy a la baja el tirón de los islandeses, asignándoles un aforo extremadamente pequeño. El Terminal S se encontraría a rebosar un rato más tarde, bien desbordados los límites de la carpa. Pero volviendo a Nina Persson, quince minutos nos bastaron para saborear su dulce y aguado pop nórdico. Muy embutida en sus ropajes negros, su pequeña voz se hizo escuchar alta y clara, pues a esa hora no actuaba nadie en el escenario contiguo. Tres canciones, y con uno de sus mejores temas de fondo, “You’re The Storm”, no dirigimos hacia los Sigur.

 

Aunque esta fuera ya la tercera vez que íbamos a tener ocasión de presenciar el directo de Sigur Rós, nuestra sensación previa al concierto era muy parecida a la de los espectadores novatos que eran aleccionados por sus expertos acompañantes con comentarios del estilo de “lo vas a flipar” o “no se parece a nada de lo que hayas visto antes”. Los conciertos de los islandeses resultan impactantes y lo mejor es sumergirse en sus particularmente densas atmósferas audiovisuales y dejarse llevar por las emociones sin oponer resistencia. La experiencia resulta siempre especialmente satisfactoria.

 

Para dejar a un lado lo antes posible los aspectos negativos, comentaremos lo agobiante que llegó a ser la carpa que cobijaba el escenario, lo que provocó que más de uno saliera a respirar antes de terminar el espectáculo, y el poco tiempo del que disponía la banda para su concierto, quedándonos con las ganas de escuchar un buen puñado de temas, algo por otro lado habitual en los grandes festivales. Perdida la ocasión de disfrutar el pasado año de la gira de presentación de su último y magnífico CD, Takk…, en el íntimo y recogido ambiente que proporcionaban los teatros, esto es lo que había y teníamos que aprovecharlo al máximo.

 

Tal y como vienen haciendo desde el pasado año, el concierto daba comienzo con los samples que introducen el primer tema del nuevo CD y que le da título, y con una gran cortina delante del escenario que separa a los músicos del público. Las espectrales sombras de los músicos proyectadas sobre la cortina contribuyen aún más a recrear el misterioso y claustrofóbico ambiente que los islandeses imprimen a su puesta en escena. La figura contorsionada de Jónsi que se nos muestra como una sombra descabezada cuando toca su guitarra con el arco de violín es impagable, metiéndonos directamente en los acordes de “Glósóli”, uno de los temas nuevos más alegres y que ha sorprendido muy gratamente a los seguidores de la banda.

 

Ya sin cortinas, tras dar oportunidad al público de propinarles la primera gran ovación de la noche, empezó a sonar con bastante más potencia “Ný Batterí”, del imprescindible Agætis Byrjun, el álbum que les hizo famosos hace ya unos años y del que además sólo tocaron “Olsen Olsen”.

 

Hasta nueve músicos se subieron al escenario para acompañar al cuarteto original; con violines, trompetas, xilófono… Todo un arsenal que estructura la ornamentada instrumentación de temas como “Sæglópur” y “Hoppípolla”, al que siempre sigue “Með Blóðnasir”, otras de las brillantes composiciones del último CD.

 

Pero lo mejor estaba reservado para el final. Cierto es que Takk… es un trabajo excepcional, lleno de embriagadores matices, que resulta incluso más emocionante que sus predecesores y que en un teatro debió sonar mejor que bien; pero para un concierto dentro de un gran festival y bajo una asfixiante carpa no hay nada como terminar con un par de temas de los que cortan la respiración, de los que te dejan clavado al suelo, sin palabras. Como el ya antiguo “Hafsól”, del primer CD Von y recuperado ahora como cara B de un single, con Georg tocando el bajo con la baqueta de la batería, y con uno de esos finales absolutamente demoledores. O con “Popplagið”, del disco de los Paréntesis, en una versión que adquirió una dimensión aún mayor de la que ya nos impresionó en la gira del año 2003, y que la banda divide ahora en dos actos claramente diferenciados, el primero de ellos más reposado para dar paso, tras cerrar nuevamente las cortinas, a un brutal y apoteósico final que muy pocas bandas de rock superan.

 

Hasta tres veces tuvieron que salir a saludar al insistente público los componentes del grupo, las dos primeras acompañados por todos sus músicos, con el consabido Takk… como imagen de fondo. Una vez más, gracias a vosotros.

 

Una cosa estaba clara, por lo menos en la programación del Summercase en Madrid, el fin de fiesta tenía un claro protagonista en forma de música bailable, explorando diversos campos. Lo primero con lo que pudimos encontrarnos fue la gigantesca sala de baile en la que se convirtió la explanada del escenario principal gracias al dúo francés Daft Punk. Sobre una enorme pirámide que ocupaba todo el escenario y con un montaje visual impactante, disfrazados con trajes al más puro estilo espacial, fueron desgranando todos los grandes hitos de la banda. Con un volumen atronador, cosa de agradecer a lo largo de todo este festival, se desató la locura colectiva con “Robot Rock”, “One More Time”, “Around The World” o “Face To Face” entre otras. Una manera perfecta de subir la adrenalina del personal.

 

Otro registro dentro las tendencias más electrónicas nos deparaba Massive Attack, a los que después de varios años teníamos la posibilidad de contemplar en directo. Con una puesta en escena de lo más sobria y colorista se nos mostraba un muy serio Robert Del Naja al frente. Algo del último material, como “Butterfly Cought” o “Future Proof”, para ir intercalando con los clásicos, pues como gira de presentación de Collected no tardaron en sonar “Karmacoma”, “Teardrop”, “Angel” o una versión extendida de “Safe From Harm” mientras la cual iban alternándose fugazmente datos sobre el coste económico y sobre todo humano de la invasión de Iraq. Curioso es que mientras que horas antes podíamos ver en el telediario de cualquier cadena como la escalada de violencia en oriente próximo se elevaba sobre el Líbano de manera brutal y totalmente injustificada hasta límites de lo irreal, nosotros estábamos tan placidamente contemplando un concierto dentro del mal llamado primer mundo. Al menos la actitud del grupo de Bristol logra aportar su grano de arena en este aspecto ético, humano y social, denunciando incluso el papel de su propio país en los conflictos internacionales.

 

Por lo menos para nosotros casi había llegado el final del festival, pero aún quedaba la segunda transformación de la explanada principal en pista masiva gracias al Norman Cook aka Fatboy Slim para los amigos. Esta vez la fiesta era mucho mas destructora llevando a los maltrechos cuerpos del público a moverse cual poseídos por el demonio. Pues Norman Cook no hace prisioneros, y para su labor saca el tarro de las esencias en el que sin el menos descaro mezcla todo lo que sale a su paso, de aquí y de allá. Por cierto, muchas gracias por el par de minutos de Gnarls Barkley, de lo mejor de la noche.

 

SUMMERCASE 06

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