
The Twilight Singers

My Latest Novel

Belle And Sebastian

Belle And Sebastian

The Cardigans

Sigur Rós

Sigur Rós

Massive Attack


Fatboy Slim
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Texto:
Ruth Bautista,
J. Javier Peña y
Juan Aguado
Fotos:
Juan Aguado
La tarde del sábado se presentaba aún más apretada que la
del viernes, con varias coincidencias desquiciantes en el horario
que invitaban a tomarse el programa sin prisas, pero sin pausas.
Pues mientras Dirty Pretty Things se despachaba con
“Bang Bang You’re Dead” en el escenario principal, nos dirigíamos
raudos y veloces a nuestra cita con Greg Dulli y sus The Twilight
Singers. Dulli presentaba Powder Burns, disco que podéis
encontrar reseñado en este número por nuestro compañero Marcos
Ripalda, cuya elegancia se trasmite en forma de clásicos a voces
como “I’m Ready” o “My Time (Has Come)”. Catorce años separaban la
última visita de Dulli a Madrid por lo que entre su cuidado set nos
dejó un pequeño hueco a la locura en forma de “Fountain And Fairfax”
de los Afghan Whigs, que hizo las delicias de los presentes.
Esperamos que Dulli no dilate tanto su próxima visita, pues es un
lujo el poder disfrutar de su presencia encima de las tablas, cual
zorro viejo de la escena.
La segunda sorpresa agradable de la tarde vino de la mano
de los escoceses My Latest Novel. Al igual que nos ocurriera
el día anterior con Two Gallants, la carpa que formaba el
Terminal N se encontraba a muy bajo aforo, y es que la actuación de
My Latest Novel coincidía en el tiempo con las de Adam
Green, Belle & Sebastian y Sparks. Sobra decir que
la gran mayoría del público se encontraba viendo a los dos primeros.
Por los comentarios escuchados más tarde, parece ser que esa primera
hora de la noche, justo después de que la caída del sol, se vivió en
el Summercase una hora mágica, pues todos coincidíamos en comentar
lo mucho que nos habían gustado los conciertos que habíamos visto.
En mi caso, el de My Latest Novel, grupo que presentó casi al
completo su álbum Wolves. Estos cinco escoceses interpretaron
sus complejas composiciones, canciones multiestilo, de caóticas
estructuras y bellos juegos vocales e instrumentales. Lograron crear
un ambiente absorbente, como de cuento de brujas, con temas como su
“Learning Lego” que indirectamente recuerda a las atmósferas de los
Pink Floyd, o su “When We Were Wolves”, y es que parecen tocados por
una varita mágica. Quizás es que habitan en esa parte de Escocia en
la que habitan las meigas escocesas.
Con “Sleep
The Clock Around”, el mismo tema con el que cierto día de
Marzo de 2004 finalizaron la que hasta ahora era su última actuación
en Madrid, comenzaban Belle and Sebastian su concierto del
Summercase en Boadilla. No pensamos que fuera casualidad; aquel
concierto y aquella canción se conservan intactos en nuestra
memoria, y seguramente en la suya también, como punto final de dicho
día. La música de estos escoceses nos ha servido en más de una
ocasión como bálsamo para recuperar el optimismo y eso se agradece.
Y aunque cada disco que publiquen nos guste un poco menos que el
anterior, lo de seguir las giras de la banda, desde que los vimos
por primera vez bajo la fina lluvia inglesa en el mítico Glastonbury,
se ha convertido en una tradición de gustoso cumplimiento; como
cuando unos amigos vuelven de vez en cuando a tu ciudad.
La gira de 2006 se ha concebido como presentación del
último CD, The Life Pursuit, del que, tal y como tienen
costumbre cuando estrenan material, nos mostraron buena parte de su
contenido. Desde “Sukie
In The Graveyard”, hasta “White
Collar Boy”, pasando por “Funny
Little Frog”, “To
Be Myself Completely”, “For
The Price Of A Cup Of Tea” y “The
Blues are Still Blue”; los temas del nuevo álbum que
sonaron en el Summercase profundizan en estilos de apariencia
setentera a los que los escoceses dan la impresión de querer
aproximarse desde su anterior álbum Dear Catastrophe Waitress.
Nos seguimos quedando con las melodías folk-pop marca de la
casa de sus primeros trabajos, que últimamente nos muestran a
cuentagotas en sus conciertos, como “Get Me Away From Here, I’m
Dying”, a la que Stuart Murdoch definió como una very old
canción o “If You Are Feeling Sinister”, dando desde ese mismo
momento por bien pagados los más de cien euros que costaba el abono
del festival.
Y así; entre chascarrillo y chascarrillo en el macarrónico
castellano de Mr. Murdoch (que además salta, baila y baja al foso
para cantar con el público), idas y venidas de los ocho miembros del
grupo, subidas y bajadas de chicas del público al escenario y hasta
un “Happy Birthday” cantado a una de las espectadoras, transmitiendo
buen rollito como nos tienen acostumbrados; llegamos al final con “The
Boy With The Arab Strap”, uno de sus memorables clásicos
que puso el cierre a otro gran concierto. Hasta la próxima.
Quince minutos antes de que todos corriéramos a la carpa en
la que desafortunadamente estaba programada la actuación de Sigur
Rós, algunos llevados por la curiosidad de no haber visto nunca en
persona a Nina Persson nos acercamos a ver a The Cardigans.
Desafortunadamente, decía, porque la organización calculó muy a la
baja el tirón de los islandeses, asignándoles un aforo
extremadamente pequeño. El Terminal S se encontraría a rebosar un
rato más tarde, bien desbordados los límites de la carpa. Pero
volviendo a Nina Persson, quince minutos nos bastaron para saborear
su dulce y aguado pop nórdico. Muy embutida en sus ropajes negros,
su pequeña voz se hizo escuchar alta y clara, pues a esa hora no
actuaba nadie en el escenario contiguo. Tres canciones, y con uno de
sus mejores temas de fondo, “You’re The Storm”, no dirigimos hacia
los Sigur.
Aunque esta fuera ya la tercera vez que íbamos a tener
ocasión de presenciar el directo de Sigur Rós, nuestra
sensación previa al concierto era muy parecida a la de los
espectadores novatos que eran aleccionados por sus expertos
acompañantes con comentarios del estilo de “lo vas a flipar” o “no
se parece a nada de lo que hayas visto antes”. Los conciertos de los
islandeses resultan impactantes y lo mejor es sumergirse en sus
particularmente densas atmósferas audiovisuales y dejarse llevar por
las emociones sin oponer resistencia. La experiencia resulta siempre
especialmente satisfactoria.
Para dejar a un lado lo antes posible los aspectos
negativos, comentaremos lo agobiante que llegó a ser la carpa que
cobijaba el escenario, lo que provocó que más de uno saliera a
respirar antes de terminar el espectáculo, y el poco tiempo del que
disponía la banda para su concierto, quedándonos con las ganas de
escuchar un buen puñado de temas, algo por otro lado habitual en los
grandes festivales. Perdida la ocasión de disfrutar el pasado año de
la gira de presentación de su último y magnífico CD, Takk…,
en el íntimo y recogido ambiente que proporcionaban los teatros,
esto es lo que había y teníamos que aprovecharlo al máximo.
Tal y como vienen haciendo desde el pasado año, el
concierto daba comienzo con los samples que introducen el primer
tema del nuevo CD y que le da título, y con una gran cortina delante
del escenario que separa a los músicos del público. Las espectrales
sombras de los músicos proyectadas sobre la cortina contribuyen aún
más a recrear el misterioso y claustrofóbico ambiente que los
islandeses imprimen a su puesta en escena. La figura contorsionada
de Jónsi que se nos muestra como una sombra descabezada cuando toca
su guitarra con el arco de violín es impagable, metiéndonos
directamente en los acordes de “Glósóli”, uno de los temas nuevos
más alegres y que ha sorprendido muy gratamente a los seguidores de
la banda.
Ya sin cortinas, tras dar oportunidad al público de
propinarles la primera gran ovación de la noche, empezó a sonar con
bastante más potencia “Ný Batterí”, del imprescindible Agætis
Byrjun, el álbum que les hizo famosos hace ya unos años y del
que además sólo tocaron “Olsen Olsen”.
Hasta nueve músicos se subieron al escenario para acompañar
al cuarteto original; con violines, trompetas, xilófono… Todo un
arsenal que estructura la ornamentada instrumentación de temas como
“Sæglópur” y “Hoppípolla”, al que siempre sigue “Með Blóðnasir”,
otras de las brillantes composiciones del último CD.
Pero lo mejor estaba reservado para el final. Cierto es que
Takk… es un trabajo excepcional, lleno de embriagadores
matices, que resulta incluso más emocionante que sus predecesores y
que en un teatro debió sonar mejor que bien; pero para un concierto
dentro de un gran festival y bajo una asfixiante carpa no hay nada
como terminar con un par de temas de los que cortan la respiración,
de los que te dejan clavado al suelo, sin palabras. Como el ya
antiguo “Hafsól”, del primer CD Von y recuperado ahora como
cara B de un single, con Georg tocando el bajo con la baqueta de la
batería, y con uno de esos finales absolutamente demoledores. O con
“Popplagið”, del disco de los Paréntesis, en una versión que
adquirió una dimensión aún mayor de la que ya nos impresionó en la
gira del año 2003, y que la banda divide ahora en dos actos
claramente diferenciados, el primero de ellos más reposado para dar
paso, tras cerrar nuevamente las cortinas, a un brutal y apoteósico
final que muy pocas bandas de rock superan.
Hasta tres veces tuvieron que salir a saludar al insistente
público los componentes del grupo, las dos primeras acompañados por
todos sus músicos, con el consabido Takk… como imagen de
fondo. Una vez más, gracias a vosotros.
Una cosa estaba clara, por lo menos en la programación del
Summercase en Madrid, el fin de fiesta tenía un claro protagonista
en forma de música bailable, explorando diversos campos. Lo primero
con lo que pudimos encontrarnos fue la gigantesca sala de baile en
la que se convirtió la explanada del escenario principal gracias al
dúo francés Daft Punk. Sobre una enorme pirámide que ocupaba
todo el escenario y con un montaje visual impactante, disfrazados
con trajes al más puro estilo espacial, fueron desgranando todos los
grandes hitos de la banda. Con un volumen atronador, cosa de
agradecer a lo largo de todo este festival, se desató la locura
colectiva con “Robot Rock”, “One More Time”, “Around The World” o
“Face To Face” entre otras. Una manera perfecta de subir la
adrenalina del personal.
Otro registro dentro las tendencias más electrónicas nos
deparaba Massive Attack, a los que después de varios años
teníamos la posibilidad de contemplar en directo. Con una puesta en
escena de lo más sobria y colorista se nos mostraba un muy serio
Robert Del Naja al frente. Algo del último material, como “Butterfly
Cought” o “Future Proof”, para ir intercalando con los clásicos,
pues como gira de presentación de Collected no tardaron en
sonar “Karmacoma”, “Teardrop”, “Angel” o una versión extendida de
“Safe From Harm” mientras la cual iban alternándose fugazmente datos
sobre el coste económico y sobre todo humano de la invasión de Iraq.
Curioso es que mientras que horas antes podíamos ver en el
telediario de cualquier cadena como la escalada de violencia en
oriente próximo se elevaba sobre el Líbano de manera brutal y
totalmente injustificada hasta límites de lo irreal, nosotros
estábamos tan placidamente contemplando un concierto dentro del mal
llamado primer mundo. Al menos la actitud del grupo de Bristol logra
aportar su grano de arena en este aspecto ético, humano y social,
denunciando incluso el papel de su propio país en los conflictos
internacionales.
Por lo menos
para nosotros casi había llegado el final del festival, pero aún
quedaba la segunda transformación de la explanada principal en pista
masiva gracias al Norman Cook aka Fatboy Slim para los
amigos. Esta vez la fiesta era mucho mas destructora llevando a los
maltrechos cuerpos del público a moverse cual poseídos por el
demonio. Pues Norman Cook no hace prisioneros, y para su labor saca
el tarro de las esencias en el que sin el menos descaro mezcla todo
lo que sale a su paso, de aquí y de allá. Por cierto, muchas gracias
por el par de minutos de Gnarls Barkley, de lo mejor de la
noche.
SUMMERCASE 06
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