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James
DJ Shadow

Jarvis Cocker

The Jesus and Mary Chain

Kaiser Chiefs
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Texto:
Marcos
Ripalda
Fotos:
Juan Aguado
Para esta segunda edición del Summercase, nos encontramos
con la agradable sorpresa de que no se solapan -o se solapan
poquito- grupos que podríamos calificar de atraco-a-mano-armada no
verlos. El suelo, eso sí, sigue siendo una alfombra comodísima de
guijarros y polvo, aunque te podías sentar en la carpa Movistar, con
césped artificial mullidito e igualmente lleno de polvo o arenisca
en suspensión, que los purificadores de aire eliminaban en buena
medida. Aparte de que el ketchup se acabase el primer día a
las tres de la mañana y que la procedencia de la carne para el
bocadillo de hamburguesa que, por cierto, entraba estupendamente
cuando el hambre apretaba, fuese dudosa, en lo estrictamente musical
ha sido un festival equilibrado, con grandes actuaciones y algún
bluf más que evidente.
Son las ocho menos cuarto de la tarde. Preguntamos a un
compañero de prensa qué tal la actuación de The Sunday Drivers.
Ciertamente no sabe qué decirnos, aunque, por lo poco que hemos
captado, mientras nos revisaban muy educadamente la mochila en busca
de, por ejemplo, pilas alcalinas asesinas, han debido de estar
correctos y punto, que tampoco es que tengan un repertorio para
echar cohetes.
El concierto de Damon Gough, alias Badly Drawn Boy,
cuyo nombre proviene de uno de los personajes de la serie de dibujos
animados Sam And His Magic Ball, endulza una mijita la tarde. Su
último disco Born In The UK (2006), a pesar de no ser ninguna
maravilla, convence en directo, sobre todo cuando aterriza esa gema
que es “Promises”. Nos preocupa, cómo no, que el cerebro de este
hombre pueda arder en cualquier momento, pues no abandona el gorro
(¿de lana?) que ya forma parte de su iconografía personal, pues lo
lleva encasquetado en todas las fotos promocionales que hemos
visto.
Tras ubicarnos en el mapa del festival que incluye el
necesario programa de mano, pues hasta entonces nos hemos guiado a
golpe de oído, nos dirigimos al Terminal 0, el escenario grande,
para que nos entendamos, donde Tim Booth, el cantante de James,
emulando al rabo largatija Michael Stipe de R.E.M, con unos
movimientos arrítmicos preocupantes (¿recuerdan el baile que se
marca Stipe en el video de “Losing My Religion?), ofrece un recital
de pop anímico, mezcla de The Smiths y Franz Ferdinand, y que tan
bien manufacturan los grupos ingleses. James tiene material de sobra
para dejar al público satisfecho. Cierran con “Sometimes”, excelente
tema de su mejor disco, Laid (2003).
Con la que estaba cayendo, decidimos refrigerarnos con unas
cañas. Hora de comprar unos tickets. Tres euros la botellita de
agua, el refresco y la caña. Bebidas energéticas a cuatro, lo mismo
que los bocadillos.
Nos acercamos al Terminal N, el escenario pequeño, donde,
mientras se cuecen unos pocos bajo la carpa, actúa My Brightest
Diamond, que presenta su segundo trabajo Tear It Down (2006). La
cantante salta sobre un altavoz, guitarra en mano, y se desgañita y
hasta parece disfrutarlo by herself. Aguantamos una canción.
Turno de Soulsavers, con Mark Lanegan al
micrófono, un cruce biológico entre Tom Waits y uno de los
personajes del filme En busca del fuego, de Jean Jacques Annaud.
Presentación oficial de una joya titulada It´s Not How Far You Fall,
It´s The Way You Land (2007), donde el urban blues se mancha
de trip-hop.
Lanegan, con su voz cavernosa mitad Nick Cave mitad
Leonard Cohen, estuvo inmenso en el tema “Revival”, corte que abre
el disco, insuperable desde ya, y que cerró el concierto como Dios
manda. Vino, vio y venció. De lo mejor del festival.
Como ni Juan ni yo tenemos la facultad de partirnos en dos
sin perecer en el intento, decidimos echar un rápido vistazo a la
actuación de DJ Shadow que, por supuesto, puso el piloto
automático para elaborar ese hip hop vía sampleados que le hace ser
el primero de su clase, y volvemos a tiempo para presenciar la
entrada de Jarvis Cocker en el escenario. Jarvis salta que te
salta y el público se lo agradece. Mete la primera y la carpa se
viene abajo. Qué bueno que es. Mete la segunda y nos deleita con el
single “Don´t Let Him Waste Your Time”. Y ahí se acabó el asunto.
Toda la artillería pesada del mediocre álbum Jarvis (2006) en apenas
diez minutos. Como vemos que no se estira con nada de Pulp, le
abandonamos a su suerte, que, por supuesto, será mucha, pues este
tipo con gafas de pasta sabe ganarse al público. Un saltito, mueve
el culito. Y muchos culitos, algunos muy apetitosos, hicieron lo
propio. Middle-class heroe(s). Yeah!
The Jesus And Mary Chain.
Los
hermanos Reid vuelven tras una década de silencio. No traen nada
nuevo. Tampoco les hace falta. Porque tienen ese sonido
inconfundible que ha sido plagiado hasta el paroxismo. ¿Cuántos
grupos suenan como The Jesus And Mary Chain? Pero sólo hay un
original. Y lo bordan. Bien distinto es que a partir de la tercera
canción no se distinga más un mejunje sónico que hace las delicias,
cosa curiosa, de los seguidores más jóvenes. Eso sí: las dos
primeras canciones te saben a gloria.
Desechamos el electro-pop ochentero de OMD para
acercarnos a Air y, desgraciadamente, metemos el gambón.
Porque es como si nos hubiesen disparado un dardo narcótico.
Asistimos a un espectáculo de electrosushi descafeinado en el
que los gorgoritos y gallos varios que se marcan Nicolas Godin y
Jean-Benoît Dunckel acaban por irritarnos. Air tiene balas en la
recámara pero se resiste a gastarlas. Ay, estos franceses. A piñón
fijo, lástima.
Ratatat.
No, no es la onomatopeya que haría un niño o un capullo para decirte
que estás muerto, no. Es el nombre de un grupo neoyorquino que se
dedica a elaborar canapés para guateques cósmicos. Presentaron
Classics (2006). Indie rock desquiciado y algunos momentos de
auténtico post-rock. Aturden.
Uy, turno de !!! Los revienta correctores
ortográficos de nombre impronunciable no lo pusieron fácil con su
batido de post-punk. Demasiadas vitaminas. Claro que para saltarines
y saltarinas indies tuvo que ser gozoso. Mientras, los parásitos
británicos Kaiser Chiefs hacían fuego con sus tonadillas post
brit-pop y daban en el blanco de un público exorcizado por las
revistas de tendencias. Realmente aburridos. Desde la primera
canción.
Final de
fiesta con The Chemical Brothers. Es la crónica de una muerte
anunciada. Experimentación cero, riego cero. Ni los temas nuevos
cicatrizaron una brecha cada vez más evidente. Que las ideas unas
veces se tienen y otras no. Qué duda cabe que ofrecen espectáculo,
sí, pero ¿pondrían poner sus señorías un poco más de variedad y
empaque en este cocido electrónico? No se puede vivir de las rentas.
SUMMERCASE 07
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