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SUMMERCASE 07

Viernes 13 de julio

 

James

DJ Shadow

Jarvis Cocker

The Jesus and Mary Chain

Kaiser Chiefs

Texto: Marcos Ripalda

Fotos: Juan Aguado

 

Para esta segunda edición del Summercase, nos encontramos con la agradable sorpresa de que no se solapan -o se solapan poquito- grupos que podríamos calificar de atraco-a-mano-armada no verlos. El suelo, eso sí, sigue siendo una alfombra comodísima de guijarros y polvo, aunque te podías sentar en la carpa Movistar, con césped artificial mullidito e igualmente lleno de polvo o arenisca en suspensión, que los purificadores de aire eliminaban en buena medida. Aparte de que el ketchup se acabase el primer día a las tres de la mañana y que la procedencia de la carne para el bocadillo de hamburguesa que, por cierto, entraba estupendamente cuando el hambre apretaba, fuese dudosa, en lo estrictamente musical ha sido un festival equilibrado, con grandes actuaciones y algún bluf más que evidente.

 

Son las ocho menos cuarto de la tarde. Preguntamos a un compañero de prensa qué tal la actuación de The Sunday Drivers. Ciertamente no sabe qué decirnos, aunque, por lo poco que hemos captado, mientras nos revisaban muy educadamente la mochila en busca de, por ejemplo, pilas alcalinas asesinas, han debido de estar correctos y punto, que tampoco es que tengan un repertorio para echar cohetes.

 

El concierto de Damon Gough, alias Badly Drawn Boy, cuyo nombre proviene de uno de los personajes de la serie de dibujos animados Sam And His Magic Ball, endulza una mijita la tarde. Su último disco Born In The UK (2006), a pesar de no ser ninguna maravilla, convence en directo, sobre todo cuando aterriza esa gema que es “Promises”. Nos preocupa, cómo no, que el cerebro de este hombre pueda arder en cualquier momento, pues no abandona el gorro (¿de lana?) que ya forma parte de su iconografía personal, pues lo lleva encasquetado en todas las fotos promocionales que hemos visto. 

 

Tras ubicarnos en el mapa del festival que incluye el necesario programa de mano, pues hasta entonces nos hemos guiado a golpe de oído, nos dirigimos al Terminal 0, el escenario grande, para que nos entendamos, donde Tim Booth, el cantante de James, emulando al rabo largatija Michael Stipe de R.E.M, con unos movimientos arrítmicos preocupantes (¿recuerdan el baile que se marca Stipe en el video de “Losing My Religion?), ofrece un recital de pop anímico, mezcla de The Smiths y Franz Ferdinand, y que tan bien manufacturan los grupos ingleses. James tiene material de sobra para dejar al público satisfecho. Cierran con “Sometimes”, excelente tema de su mejor disco, Laid (2003).

 

Con la que estaba cayendo, decidimos refrigerarnos con unas cañas. Hora de comprar unos tickets. Tres euros la botellita de agua, el refresco y la caña. Bebidas energéticas a cuatro, lo mismo que los bocadillos.  

 

Nos acercamos al Terminal N, el escenario pequeño, donde, mientras se cuecen unos pocos bajo la carpa, actúa My Brightest Diamond, que presenta su segundo trabajo Tear It Down (2006). La cantante salta sobre un altavoz, guitarra en mano, y se desgañita y hasta parece disfrutarlo by herself. Aguantamos una canción.

 

Turno de Soulsavers, con Mark Lanegan al micrófono, un cruce biológico entre Tom Waits y uno de los personajes del filme En busca del fuego, de Jean Jacques Annaud. Presentación oficial de una joya titulada It´s Not How Far You Fall, It´s The Way You Land (2007), donde el urban blues se mancha de trip-hop. Lanegan, con su voz cavernosa mitad Nick Cave mitad Leonard Cohen, estuvo inmenso en el tema “Revival”, corte que abre el disco, insuperable desde ya, y que cerró el concierto como Dios manda. Vino, vio y venció. De lo mejor del festival.

 

Como ni Juan ni yo tenemos la facultad de partirnos en dos sin perecer en el intento, decidimos echar un rápido vistazo a la actuación de DJ Shadow que, por supuesto, puso el piloto automático para elaborar ese hip hop vía sampleados que le hace ser el primero de su clase, y volvemos a tiempo para presenciar la entrada de Jarvis Cocker en el escenario. Jarvis salta que te salta y el público se lo agradece. Mete la primera y la carpa se viene abajo. Qué bueno que es. Mete la segunda y nos deleita con el single “Don´t Let Him Waste Your Time”. Y ahí se acabó el asunto. Toda la artillería pesada del mediocre álbum Jarvis (2006) en apenas diez minutos. Como vemos que no se estira con nada de Pulp, le abandonamos a su suerte, que, por supuesto, será mucha, pues este tipo con gafas de pasta sabe ganarse al público. Un saltito, mueve el culito. Y muchos culitos, algunos muy apetitosos, hicieron lo propio. Middle-class heroe(s). Yeah!

 

The Jesus And Mary Chain. Los hermanos Reid vuelven tras una década de silencio. No traen nada nuevo. Tampoco les hace falta. Porque tienen ese sonido inconfundible que ha sido plagiado hasta el paroxismo. ¿Cuántos grupos suenan como The Jesus And Mary Chain? Pero sólo hay un original. Y lo bordan. Bien distinto es que a partir de la tercera canción no se distinga más un mejunje sónico que hace las delicias, cosa curiosa, de los seguidores más jóvenes. Eso sí: las dos primeras canciones te saben a gloria.

 

Desechamos el electro-pop ochentero de OMD para acercarnos a Air y, desgraciadamente, metemos el gambón. Porque es como si nos hubiesen disparado un dardo narcótico. Asistimos a un espectáculo de electrosushi descafeinado en el que los gorgoritos y gallos varios que se marcan Nicolas Godin y Jean-Benoît Dunckel acaban por irritarnos. Air tiene balas en la recámara pero se resiste a gastarlas. Ay, estos franceses. A piñón fijo, lástima.

 

Ratatat. No, no es la onomatopeya que haría un niño o un capullo para decirte que estás muerto, no. Es el nombre de un grupo neoyorquino que se dedica a elaborar canapés para guateques cósmicos. Presentaron Classics (2006). Indie rock desquiciado y algunos momentos de auténtico post-rock. Aturden.

 

Uy, turno de !!! Los revienta correctores ortográficos de nombre impronunciable no lo pusieron fácil con su batido de post-punk. Demasiadas vitaminas. Claro que para saltarines y saltarinas indies tuvo que ser gozoso. Mientras, los parásitos británicos Kaiser Chiefs hacían fuego con sus tonadillas post brit-pop y daban en el blanco de un público exorcizado por las revistas de tendencias. Realmente aburridos. Desde la primera canción.

 

Final de fiesta con The Chemical Brothers. Es la crónica de una muerte anunciada. Experimentación cero, riego cero. Ni los temas nuevos cicatrizaron una brecha cada vez más evidente. Que las ideas unas veces se tienen y otras no. Qué duda cabe que ofrecen espectáculo, sí, pero ¿pondrían poner sus señorías un poco más de variedad y empaque en este cocido electrónico? No se puede vivir de las rentas.

 

SUMMERCASE 07

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