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Texto:
Bálder Montesinos
Estupenda película de Terror. Sí… ¿Qué ocurre? Terror.
T-E-R-R-O-R.
Admito que 4 meses 3 semanas 2 días es un drama.
Sí. Netamente femenino. Emocionante. A la vez desgarrado y
contenido… Vale. También reconozco un buen ejemplo de cine político
bien realizado. Lo es incluso cuando pecan de miopía galopante -o
interesada- los que sólo ven una crítica a la gris Rumania de
Ceauçescu. Bien; hasta ahora estamos de acuerdo. Pero, he aquí mi
discrepancia, por encima de todo veo una pequeña obra maestra del
género de horror. Como suena. En vez de vampiros y zombis vemos
funcionarios y empleados antipáticos; en vez de castillos de
Transilvania, bloques en los suburbios de Bucarest; y en vez de
chica guapa y tonta chillando, otra con rostro de cajera del Dia,
fuerte y desprendida, franqueando un límite de la amistad que nadie
osaría pisar. Si la intención primigenia del señor Mungiu era que se
sintiese empatía con los dos personajes principales, debo
reconocerle que el público lo pasa mal en su butaca sin dar ni un
salto. Sólo se mueven los latidos, nerviosos, captando una angustia
soterrada, subconsciente. La que más llega… y se queda.
Desplegando
una dirección de secuencias muy largas (alguna estilo Berlanga,
desplazando cámara entre muchos personajes) Cristian Mungiu muestra
un dominio más que competente de los tiempos. Bien porque la
historia avanza, porque hay tensión, porque existe suspense (lo hay,
y mucho), o porque el personaje y nosotros necesitamos un respiro,
no sobran nunca los segundos en esas tomas que, estrictamente
medidas, son duraderas. La protagonista, que apenas transmite en las
escenas anodinas, se crece en las intensas con sobriedad envidiable.
La ambientación y la fotografía; sencillamente imponentes en su
aparente invisibilidad. El filme forma parte de una serie sobre la
sociedad rumana de la era Ceauçescu de la que al parecer es el
primer –y prometedor- capítulo. Sé que sueno a disco rayado y
mitómano, pero esta obra y la idea de tal serie serían imposibles
sin la presencia imprescindible en la Historia del Cine de
Kieslowski y su Decálogo.
¿De qué va la trama? No destripo ni menoscabo nada desde el
momento que se anuncia a bombo y platillo como un film sobre el
aborto. ¿De qué va el aborto? Buena y comprometida pregunta. Que no
caiga en saco roto. No soy un papá; no me escabullo.
Los regímenes e ideologías a los que les interesa la
posición subordinada de la mujer, condenan toda conducta que
implique afirmación de libertad o independencia para ellas.
Penalizan indiscriminadamente abortar; sin atender a supuestos y
mucho menos al bienestar de la madre, ser humano formado que al
parecer (en las prioridades de la gente que desde la comodidad de
sus sofás las persigue) vale menos que un óvulo engendrado de 3 o 4
meses. Como si para dar espacio a una incierta semilla de olmo
cortásemos de raíz un ejemplar de dos metros.
La estigmatización se reserva sólo a la mujer que ejerce su
capacidad de opción. El hombre, por supuesto, escapa como casi
siempre de estas tragedias cotidianas, aunque en su momento fuese
igualmente culpable del “execrable” acto de sentir amor o placer y
economizar en el precio del preservativo. El deporte de machacar y
encarcelar a estas féminas se ha practicado en casi todas las
tiranías que en el mundo han sido (no pocas, por desgracia): así
pasaba con Franco, con Ceaucescu… y aún día de hoy se sigue
importunando y criminalizando por parte de la conservadora Comunidad
de Madrid a algunas madres que practican lo que, por lo visto, es
considerado por los neoinquisidores como un hobby. Como si sintiesen
envidia de la gran diversión que debe suponer para estas señoras la
práctica en sus cuerpos de un acto no demasiado agradable (nótese el
eufemismo). O del enorme desembolso de dinero que supone. De traumas
personales ya ni hablemos, que eso son ya terrenos de psicólogos,
rojos y mariquitas, especie a cuál más indeseable.
Supongo que todo es cuestión de tiempo, como cuando estos
mismos señores “de centro” (con nombres y apellidos) se oponían sólo
hace dos décadas al divorcio, la objeción de conciencia o la
abolición de la pena de muerte.
No rendiría honor al talento del director, a sus
personajes, si no vinculara mi opinión a millones de personas,
mujeres en este caso, que han pasado, pasan o pasarán por
experiencias parecidas a la aquí filmada. Opinión -por supuesto-
personal, sesgada y posicionada. La “objetividad” la dejo para
periodistas a sueldo y mercenarios de la pluma conduciendo ovejas al
redil (señores corruptores: mi teléfono está abierto a ofertas y a
“entendernos como caballeros”).
Como dice la poeta polaca Wisława Szymborska, ser humano es
ser político en cada uno de los actos y omisiones del día y del
sueño. 4 meses 3 semanas 2 días es Política, como lo es mi
crispación. O la sangre caliente de la mujer que arroja un feto
muerto. O la sangre fría de los que dictan leyes a distancia y en
voz baja. Política… ¡¡y Terror!!
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