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Texto:
Marcos
Ripalda
El mismo día que me entretuve, más de lo esperado, con
Bienvenidos a Zombieland, para mi sorpresa, me tragué, no sé si
antes o después, pero, ya digo, la una siguió a la otra, por
casualidad, no sabía que trabajara el mismo actor, y desde ahora me
sumo a sus admiradores porque tiene ese regustillo freakie
que tanto mola, pero sin que, espero, le huelan las zapatillas,
fobia personal, conste, Adventureland. Y el caso es que la
película me encantó. Hastiado de esas obras maestras del cine
independiente que aspiran a perdurar y que no aguantarán una década,
tiempo al tiempo, la cinta de Mottola es un divertimento con nota
que aspira a ser un clásico del cine moderno, una de esas películas
en la senda de American Splendor: sencillas, bien resueltas,
adorables. O sea, películas sin mucho follón, con presupuesto
reducido (hablamos de América, con eso hacemos nosotros seis, pero
eso es otro cantar). Sí, es una película a la que le coges cariño
enseguida, como me sucedió con El marido de la peluquera hace
ya muchos años. Porque habla de cosas que importan, parafraseando un
título que también puede echarse al cesto. La protagonista de la
saga Crepúsculo, hace de, muy probablemente, sí misma, tan
pálida-enfermiza como en la serie de los vampiros, dulce, etérea,
cómo no enamorarse de ella y de su estudiadísima fragilidad. Que
quede claro: por mucho que, como escribí en una reseña anterior, me
haya gustado La cinta blanca, será ésta, el “divertimento”,
la que pasará a mi filmoteca de elegidas, que no son necesariamente,
ya está dicho, títulos sacados de las listas de lo mejor del cine
mundial, sino aquellas por las que siento empatía. No aspira a nada,
transmite vida. Más que suficiente.
Qué cuenta. Algunos de los momentos que creemos más jodidos
de la adolescencia cuando aún no sabemos que lo más jodido está por
llegar (aunque lo intuimos, desgraciadamente, porque no somos tan
lerdos cuando desactivamos el piloto automático). ¿Será que ya soy
lo suficientemente mayor y lo que me pasa es que me entra la morriña
y siento nostalgia al estilo del protagonista de Cinema Paradiso?
Leo en la red: “Se podría considerar una película menor,
que decepcionará quizás a quienes vayan al cine esperando una
comedia desternillante; pero que podría sorprender gratamente a
quienes la estén rechazando por el mismo motivo. En ese tono menor,
cotidiano y carente de grandes aspavientos está su valor”. No podría
estar más de acuerdo.
Mottola me aburrió con su anterior largometraje
Supersalidos, aunque había alguna secuencia descacharrante,
conste.
Adventureland
está ambientada en el verano de 1987 donde un adolescente recién
graduado en la universidad se ve forzado a aceptar un empleo
precario en un parque de atracciones local.
Muy
recomendable su banda Sonora, tanto si acierta como si no.
Rolling Stones, Lou Reed, The Replacements, The Cure, Judas Priest o
Crowded House, entre otros.
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