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Texto: Tomás Sendarrubias
Hacía mucho tiempo que el estreno de una película no
levantaba la expectación provocada por las noticias sobre el estreno
de Avatar, la nueva obra revienta taquillas de James Cameron
que ha superado incluso las expectativas más positivas en cuanto a
recaudación y asistencia de público a las salas. Desde luego, gran
parte del éxito de la película ha venido de una campaña de marketing
digna de las elecciones a la presidencia de EE.UU, pero también es
cierto que se trata de una de esas películas en las que el boca a
boca está obrando auténticos milagros a la hora de conducir a la
gente al cine a elegir esta película y no cualquier otra.
El argumento como tal es un tanto básico, muy fácil de
resumir. Se desarrolla en el año 2154, en Pandora, la luna habitada
por una raza casi homínida llamada na´vi, con la que se
encuentra en conflicto el ejército del Planeta Tierra debido a que
una de las colonias principales de los na´vi se encuentra en
torno a una veta de un mineral de extraordinaria importancia para
los terrestres por su capacidad energética. El protagonista, Jake
Sully (Sam Worthington), es un ex marine que se vio atrapado en una
silla de ruedas debido a un accidente en la Tierra, es enviado a
Pandora debido a que su hermano gemelo, muerto en un acto
terrorista, era un científico del proyecto Avatar, que plantea la
integración entre los humanos y los na´vi, dirigido por la
doctora Grace Agustine (Sigourney Weaver). Durante su estancia en
Pandora, Jake conoce a una de las na´vi, la princesa Neytiri (Zoe
Saldana), que le introducirá en la cultura, tradiciones y costumbres
de un mundo fascinante y sorprendente en cada uno de sus rincones.
Como podéis suponer, es obvio que poco a poco Jake se va
sintiendo cada vez más vinculado a los na´vi y Neytiri, hasta
el punto de enfrentarse al resto de los terrestres para ayudar a los
na´vi cuando llega el momento de las hostilidades. No es
difícil encontrar referencias anteriores con argumentos parecidos,
como la propia Pocahontas, y de hecho, toda la película está
cuajada de referencias que nos llevan a interpretar Avatar como una
alegoría de la conquista del Oeste, y a otras películas como
Bailando con Lobos. Hasta aquí, nada sorprendente, nada
innovador, nada que haga destacar Avatar por encima de
cualquier otra película…
Porque lo destacable es todo lo demás. Abundar en el tema
de los fantásticos efectos especiales sería algo repetitivo, porque
es lo que todo el mundo ha destacado (aunque realmente son
impresionantes), pero es que hay que destacar, por ejemplo, el
fantástico ritmo de la película, cómo Cameron marca unos tiempos de
desarrollo que consiguen que las más de dos horas y media de metraje
de la película pasen tan rápido que llega a hacerse corta. El humor,
la acción y la filosofía se entrecruzan en una serie de escenas
cuidadamente planeadas para absorber al espectador, que se convierte
en un habitante más de Pandora, dejando además un hueco (como no
podía ser de otra manera) para el amor, ya que la película cuenta
con su propia historia romántica. Los actores, sin tener unas
interpretaciones magistrales, tienen todos actuaciones correctas,
tanto en sus escenas como humanos como en las que son na´vi
digitalizados.
Y bueno, una opción no imprescindible pero sí a tener en
cuenta es la posibilidad de ver la película en 3D-digital, lo que
permite que el espectador se integre aún más en el espectáculo de
formas, colores y extraordinarios diseños que es Pandora y los
dominios de los na´vi. En resumen, una película que, si bien
seguramente no represente ningún antes y un después para la historia
del cine (más allá de sus resultados de taquilla), sí que es una
opción perfecta para el entretenimiento y la diversión sin marcos de
edad restrictivos.
Vamos… ¿a qué esperáis?
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