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CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS
Una película de
Woody Allen

Interpretada por: Naomi Watts, Anthony Hopkins, Antonio Banderas, Josh Brolin, Gemma Jones, Freida Pinto, y Lucy Punch.

 

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

Empieza con una musiquilla de saxo, de esa que se le da bien tocar. En una calle londinense. Una frase de Shakespeare. Y comienzan a aparecer personajes, cada uno con sus neuras y paranoias, como nos asaltan a todos en la vida real, pero miradas y ampliadas como con microcopio. Las situaciones se van enredando y resolviendo con el azar y sin complicaciones mayores. Le falta humor.

 

Es la segunda película que gestiona con Mediapro y ya está preparando la tercera para este verano. Rodada en tiempo récord. Más de lo mismo, que al final tiene que cojear por algún lado. Me gusta Woody Allen, pero no puedo evitar pensar que se empieza a repetir. Y si pierde lo que le daba un valor extra a sus producciones, las carcajadas, o siquiera la media sonrisa...

 

Nada que decir de las interpretaciones, muy buenas. Antonio Banderas no se prodiga mucho, y su aparición en este filme es bastante efímera, pero auténtica. Naomi Watts está brillante, soporta la parte más importante del argumento. Anthony Hopkins acaba muy divertido en su papel de madurito patético que intenta aparentar menos años de los que tiene, y más de lo que merece. Y el veterano Josh Brolin (Los Goonies), que hace el contrapeso de Naomi, fingiendo ser un triunfador cuando no puede perder más (mujer, amigos,...) Y todos los personajes, como ocurre siempre en las películas de Allen, tienen su puntito distinguible y curioso.

 

Pensándolo bien, ahora que escribo sobre ella y recuerdo secuencias, está muy entretenida. Sí tiene el aire de los desaciertos y aciertos fingidos, y el cruce de caracteres peculiares de Match Point. Cierto es que no arranca carcajadas, ni aporta ninguna visión innovadora, pero mantiene una sonrisa serena que deja un buen regusto un tiempo después; la serenidad de la vida tranquila que quizá intenta transmitir como paradigma de la felicidad, como síntoma de bienestar, de que la vida funciona, te sonríe y te aleja de la furia y el ruido.

 

Acaba con la frase de Shakespeare, otro ingenioso, de otra época, pero siempre presente. Pensándolo bien, esperaré a la siguiente para decidir si realmente me parece que se le va el ingenio.

 

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