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EL BOSQUE DEL LUTO
Una película de
Naomi Kawase
Interpretada por:
Shigeki Uda, Machiko Ono, Makiko Watanabe, Kanako Masuda

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

La sociedad japonesa es destacable por la longevidad de sus ciudadanos. Tan aficionados a los retos, es muy probable que se hayan propuesto batir el récord de la extensión de la existencia particular.

 

En este mismo filme se nos presenta el planteamiento de qué es estar vivo. Y esto para una sociedad que se enfrenta a muchos años de vida por delante es un problema bastante más apurado. Porque hay dos formas de vivir, estar vivo física y orgánicamente, y sentirse vivo. Y nos dan la respuesta de que la manera de estar vivo de la primera versión es comer arroz. ¿Será ese el secreto de la vida longeva? Porque lo que no han conseguido aún es mantenerse en la eterna juventud, aunque por la agilidad que muestra el octogenario señor Shigeki (los nombres de los personajes son los de los propios actores), para sí la quisiera algún veinteañero.

 

Con una impecable fotografía, y una elección muy particular y apropiada para un cuento chino, la historia se desarrolla en un lugar apartado y tranquilo; un asilo donde los ancianos viven sus días de paz y recuerdan a los suyos. Mañanas aderezadas de enseñanzas del maestro (sensei) y noches atiborradas de recuerdos que no dejan dormir.

 

Machiko es una cuidadora que acaba de empezar en la residencia. La pérdida de su hijo hace que, a lo santateresa, viva sin vivir en ella. Tendrá algún enfrentamiento con el señor Shigeki, que intentará resolver, tras haber restado tensión a la situación jugando al escondite entre el huerto, llevando al anciano a pasear.

 

Pero Shigeki es rebelde, y aprovecha que el coche se avería para adentrarse en el bosque. Machiko le seguirá sin poder hacer otra cosa, como quien sigue la orden del destino que no puedes eludir. Y aquí comienza, a la manera de Hansel y Gretel, la aventura del bosque. Un título bastante significativo, conociendo las circunstancias de ambos, antes de que los personajes se adentren en la maleza. Ella perdió a su hijo, él a su mujer.

 

Y si contase que es en parte una interrogación hacia la eutanasia, quizás estaría desvelando más del argumento de lo que debiera, restando importancia a la realización. Quizás estaría empujando a error.

 

El caso es que la película puede interpretarse como un canto a la vida o a la muerte, a lo físico o a lo espiritual, o la juventud o a la vejez, a la... o a la... podría seguir así, indicando opuestos con todas los conceptos que se nos muestran todo el tiempo que durase mi vida física o mental. Pero es mejor verla y juzgar. No en balde se llevó el premio del jurado de Cannes. Es como esos chistes lapa, que no te hacen gracia, pero cuando ha pasado tiempo te acuerdas y le ves el puntillo.

 

Lo que es de admirar, y no estoy ironizando, es el juego de imágenes en el huerto. Las plantas están podadas de forma redondeada y la inclinación del terreno hace que parezca un tejado, sobre el que juegan los actores, y del que pudieran escurrir en cualquier momento (haciendo metáfora). Es la imagen que se ha elegido para el cartel.

 

 

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