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Texto: Isabel Benet
Hace unas dos semanas que vi El Secreto
de Sus Ojos y no he podido dejar de pensar en este drama de
tintes policíacos y románticos que, afortunadamente, no pasó
desapercibido como tantas otras películas no hechas en Hollywood, y
se hizo con el premio Óscar a la Mejor Película Extranjera en la
pasada edición de 2010, entre otros premios.
No puedo evitar decirme a mi misma que la
historia de este filme es un poco como la historia reciente de
Argentina. Muy inteligentemente, y quizás para no “encasillar” al
cine de este país en un tema político que ha sido tratado
ampliamente, Campanella nos habla de la violencia de una época, que
tuvo su máximo exponente en el gobierno de las juntas militares, sin
que la acción tenga lugar en ese contexto particular. No es
necesario. Para cualquier conocedor de aquella infamia su fantasma
planea constantemente en la trama. La naturaleza de los hechos a los
que esta película se refiere arrastra al espectador casi sin
quererlo a los patrones de abuso, la perversión y la degradación de
toda una época.
La trama de El Secreto de Sus Ojos
está basada en la novela de Eduardo Sacheri “La pregunta de sus
ojos.” Mediante un flash-back con toda probabilidad
deliberadamente confuso, el filme transcurre antes y después de
dicha ignominia, aunque se ve impregnada, por omisión, de todo su
silencio, su sufrimiento y su miedo. Trata sobre la culpabilidad por
un pasado violento que no se pudo evitar y que se hace más fuerte
conforme pasa el tiempo, más presente, porque no deja mirar al
futuro cuando las cosas van llegando a su fin y debemos buscar el
sentido de nuestros actos y nuestras decisiones.
Oscilando entre la ironía y un realismo
trágico, el lenguaje de El Secreto de Sus Ojos nos hace
llorar y reír a la vez gracias a las excelentes interpretaciones de
todos sus actores, y nos cuenta así la historia de aquellos que
conservaron la esperanza de poder recuperar las oportunidades
perdidas, de buscar la verdad y adentrarse en la memoria de lo
vivido para comprenderse mejor, aquellos que lucharon por ejercer a
toda costa una justicia denegada que latía profundamente en sus
corazones.
Como en todas las mejores películas, el
tema central se esboza al principio y se cierra en el desenlace, sin
por ello eludir la controversia ¿Qué es justicia? ¿Para quién?
Campanella evoca dos definiciones claras por medio de imágenes y
personajes, dos posibilidades. He pensado mucho en ellas en los
últimos días. Con su emotiva banda sonora, unos diálogos
perfectamente hilvanados y la empatía que provocan sus
protagonistas, El Secreto de Sus Ojos consigue atrapar al
espectador en su propio debate, obligarle a tomar una decisión. Yo
ya lo he hecho.
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