|





 |
Texto: Bálder Montesinos
Encerrar a dos o tres personas en un espacio claustrofóbico
(física o metafóricamente) como experimento para analizar su
comportamiento y sacar a la luz la inagotable miseria mental y moral
de que están compuestas, es una práctica loable.
Cinematográficamente hablando, claro; televisivamente se llama “Gran
hermano”. En la gran pantalla esa labor disectiva la bordó alguna
vez Roman Polanski, antes de ser insípido narrador de ese thriller
comercial, simple manual de supervivencia física que fue El
pianista. Anteriormente a ese y otros productos dignos -pero
indignos de su talento- había sido el retratista mayúsculo del ser
humano y su verdadera naturaleza. Principalmente en las que son para
mí con distancia sus tres mejores películas aun no gozando de la
adulación que disfrutan otras: El cuchillo en el agua;
Lunas de hiel y La muerte y la doncella.
En Interview de Steve Buscemi, asistimos casi a
tiempo real a una entrevista que debe realizar de mala gana
un reportero. Él es un antipático resabiado que ha vivido muchos
años como corresponsal de guerra y sobrevive en uno de sus momentos
periodísticos más bajos en prestigio. Ella es una escultural rubia a
lo Paris Hilton, mala actriz de películas de serie B. Superficial,
toxicómana y con apariencia de tonta. Apariencia.
Lo que le hace relamerse a uno prometiendo ser un nuevo
“Polanskazo viejos tiempos” o un sorprendente y refrescante romance,
se acaba disipando conforme va avanzando el metraje, debido entre
otras causas a la manía innecesaria de atarse a las ya desechadas
normas del teatro clásico de unidad de acción, tiempo y espacio. La
tan real sensación de resaca de hablar toda la noche que a uno le
quedaba en Antes del amanecer y Antes del atardecer de
Linklater, se reproduce en Interview pero con un sabor de
boca menos grato para el espectador, casi de migraña. Muchas escenas
tienen tufillo de alargamiento del metraje o son reiteraciones,
cuando no improvisaciones no cortadas. Los protagonistas, de
seductores van pasando a odiosos. Rubricarla con un final de esos
“inteligentes” tipo peli de suspense, para darse codazos cariñosos
con el/la acompañante como diciendo: “qué listos somos que hemos
visto una peli de listos” tampoco ayuda a levantar algo que podía
haber rayado a mucha mayor altura.
Lástima porque estamos ante dos grandes actores de corte
muy atrayente. Mientras que Sienna Miller tiene el don natural de
combinar inteligencia y frescura con un físico espectacularmente
atractivo; Steve Buscemi tiene esos mismos atributos dramáticos -más
recámara- combinados… con un físico espectacularmente repulsivo;
tanto como su voz. Si a ella sus genes le van a garantizar el pan en
todo tipo de papeles fáciles en espera de buenos guiones, a él le
aseguran un puesto inmediato en la lista de posibles malos malotes
en cualquier producción de Hollywood. Aquí están ambos impecables y
si se me apura, mejor ella, menos académica. Tenemos actriz.
¡Señores dólares, no la corrompan! De niñas con talento precoz que
luego hacen anuncios de cosmética ya estamos saturados. Sienna tiene
la desgracia de ser bella, jodidamente sexy, si tuviera la nariz más
grande o una boca torcida se ganaría un abono al cine independiente,
y si no interpretase tan bien y sólo fuese mona podría llegar a
cualquier cosa, incluido presidenta de un país. Pero nadar en tierra
de nadie, o lo que es peor, “entre dos tierras” como dirían Bumbury
y su ego…
La película retoma un proyecto ya filmado del asesinado
Theo Van Gogh, callado a tiros por unos integristas islámicos. En
Interview hay constantes referencias a él y salpicaduras de
pequeños homenajes. Desconozco el original, pero a Steve Buscemi se
le ve mucha más desenvoltura delante de las cámaras que detrás de
ellas, poniéndose a sí mismo lastres innecesarios queriendo
redondear la concisión de lo contado. Los diálogos, por supuesto son
muy inteligentes, al principio hasta deliciosos, y todo se deja ver
con agrado y sin sueño, que no es poco. Se aprovechan las
profesiones de los personajes para hacer pequeños apuntes de
disección del mundo del cine, los medios, la política, la fama, la
verdad…
El principal problema del filme es su comienzo.
Precisamente porque es tan bueno y sugestivo actúa como contraste
con el posterior desarrollo, y su recuerdo provoca constante
nostalgia de algo que pudo haber sido. Igual sucede con los dos
personajes, que de fascinarnos siendo de carne y hueso pasan a
decepcionar como caricaturas.
|