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Texto: Juan Torres (Twitter:
@_juantorres)
He de empezar esta crítica haciendo una confesión: no
me gustan, o mejor dicho, no entiendo las películas de terror
psicológico. No puedo con esas calamidades internas sufridas por el
protagonista que hacen que el espectador sufra a la vez con él/ella.
No son muy originales y uno de los temas recurrentes de estos
dilemas freudianos es el miedo, y si lo sitúas en la mente de un
niño, se multiplican las posibilidades de tocar la fibra del
espectador. Esperaba que Intruders fuera distinta y solo me
satisfizo a medias.
La tercera película de Juan Carlos Fresnadillo narra
los miedos de dos niños, uno madrileño, la otra londinense, que ven,
o creen ver a un monstruo similar a la parca que atormenta sus
sueños. Ni la ayuda religiosa ni la psicológica parecen poder ayudar
a los horrorizados niños que cuentan, eso si, con la inestimable
ayuda de sus padres, Pilar López de Ayala y Clive Owen,
respectivamente.
En el debe,
una historia sobrenatural poco creíble y unas actuaciones que poco o
nada aportarán al curriculum de sus actores adultos. En la parte
positiva, además de un final que soluciona decentemente los enigmas
creados durante la trama, esta el descubrimiento de Ella Purnell
como la niña que sufre las visitas del monstruo y una fotografía
cuidadamente elegida, muy en el estilo Fresnadillo que ya se
adivinaba en Intacto, tantos años atrás. La película juega además
con la dualidad lingüística español-inglés, con cierta importancia
en la trama, que supongo que el espectador de la versión doblada
perderá. Una película correcta, e incluso notable en la realización,
que gustará a los seguidores del genero, pero que no pasará a la
historia de las películas de terror.
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