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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Pasamos a la acción. Cuando la primera parte de la trilogía está aún
en cartelera, se estrena esta segunda: Millenniun II: La chica
que soñaba con una cerilla y un
bidón
de gasolina.
Para aquellos que ya hayan visto la primera (Millenniun
I: Los hombres que no amaban a las mujeres) , y esta no es
de esas películas que puedas ver aunque te pierdas la primera parte
(quizás por ello, y por la recaudación, esté aún en cines), notarán
que hay un estilo muy distinto. Y es que la primera estuvo dirigida
por Niels Arden Oplev; la segunda dirección está a cargo de Daniel
Alfredson (hermano del director de
Déjame entrar, también actualmente en cartel). El primero de
un estilo más “psicológico” (enigma a resolver), el segundo va más a
la trama explosiva:
físicos
formidables, peleas, persecuciones, vehículos para la huida… Menos
agresión mental, más cuento medieval: un castillo, una
princesa, un príncipe, un gigante, un rey malo, sus esbirros, y
pequeños personajes buenos colaboradorores… No voy a hablar de que
la princesa se basta solita, con una cerilla y algún líquido
inflamable, ni de que el príncipe tiene más de una dama; eso es para
verlo –o leerlo- y ¡creerlo!
Es curioso que puedas leer el segundo libro, sin haber leído el
primero –tiene un resumen del anterior al principio- y no puedes ver
la segunda película sin haber visto la primera (esto es marketing y
taquilla) ya que en esta nueva, Lisbeth está de vuelta con una vida
que nada asemeja a la que llevaba anteriormente, y que no puedes
conocer por intuición.
Si bien en la reseña que se ha distribuido se indica que es Mikael
quien lleva la investigación para resolver el entuerto, y proteger a
Lisbeth de los que la acorralan y de sí misma, de sus actos a la
desesperada, quien vea la película se dará cuenta de que ambos
personajes, Lisbeth y Mikael, están llevando una investigación
paralela que duplica los esfuerzos, y continuamente el espectador
estará esperando el encuentro de puesta en común que el director y
sus secuaces se han cuidado de retrasar para mantener en vilo el
argumento. Ella lleva, como protagonista, la delantera en todo
momento. Lo vive en primera persona, pero requiere la ayuda de
apoyos externos. Y es aquí donde entran a formar parte de la
historia su compañera de Tai Boxing –que sirve para marcar el lío
amoroso, primero- y su compañero de la infancia, personajes muy
dispares pero que dan al fin una resuelta línea trepidante.
Y tras una serie de sorprendentes hallazgos y enfrentamientos
vertiginosos –me parece a mi que la escena de sacar la mano de
debajo de la tierra me recuerda un poco a Kill Bill vol.2 ,
conceptual y estéticamente. Claro, que si Tarantino ya se había
inspirado en Carrie, el homenaje es mutuo y retrospectivo -
aparece el héroe a rescatar… o no, lo veremos en la tercera parte, a
la heroína.
No sé, pero creo que no puedo esperar a la tercera… “La mejor obra
es la que se realiza sin las impaciencias del éxito inmediato” y
creo que ya oigo cómo se abren las puertas del palacio con las
corrientes de aire…
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