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LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA
Una película de Julian Schnabel

Interpretada por:
Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze, Anne Consigny, Marina Hands.

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

Según decía un sabio italiano, que pretendía inventar alas para los humanos (literalmente, sin metáforas, aunque se pretenden aplicar también) “El cerebro es el sitio del alma cuya proveedora es la memoria y su mensajera la sensibilidad”. Y así, las verdaderas alas de las que podemos disponer son las de la imaginación, de las creaciones de nuestra mente, la mariposa del título.

 

En una de sus películas, concretamente Basquiat, Julian Schnabel recreaba muy bien las tragedias personales; el guión planteaba la frase en boca del pintor étnico: Sé que un día doblaré la esquina y no estaré preparado para lo que me encuentre. Pero hay que ser optimista, y pensar que siempre hay algo peor, y siempre, por supuesto, algo mejor. Este método de abarcar la realidad es la llave que puede permitir escapar de las limitaciones que nos marca el cuerpo (la escafandra), nos permite imaginar lo inimaginable, e ir más allá, vivir en otros mundos, superar éste. Volar, con la mariposa.

 

Ni por asomo el redactor de la revista Elle, Jean-Dominique Bauby, principal del drama y autor del libro sobre el que se basa el filme (basado en su historia personal) hubiera imaginado lo que le esperaba el día que se desencadenaron los hechos. Ni cómo podría sobrevivir y sobreponerse hasta poder llegar a publicar su historia.

 

En un desarrollo que te mantiene con continua atención, y mediante una técnica de cámara a modo de visión desde el ojo del paciente, la mayor parte del tiempo, (muy efectiva, ya que su mirada es lo que mantenía al personaje en contacto con el mundo real), Julian adopta los mínimos flash-back requeridos para que la película no aburra, entre los que incluye ese toque de vanguardia con música festiva-glamourosa y toques étnicos, a la manera en que nos tiene acostumbrados en ese mundillo de artisteo y fashion victims. Y no falta la escena estilo clip musical en la que el protagonista avanza por calles nocturnas solitarias.

 

Y sin embargo hay algo que me recuerda a otra obra: una silla de ruedas, un mar al frente, un cuerpo vivo pero inerte sumergiéndose en el agua, hacia adentro, al fondo... Me recuerda quizás a otra vida, otro cuerpo truncado, otra historia personal.

 

No en vano, la cinta ha optado en los globos de oro 2008 –edición esta cuya lección de sobriedad no me disgusta- a Mejor Película Extranjera –lo ganó-; Mejor Director –también-  y quedó nominada al Mejor Guión (Ronald Harwood), además de arrasar en otros festivales: San Sebastián 2007, Palma de Oro, Mejor Director, Cannes 2007.

 

Un amplio reparto acompaña el buen hacer del convaleciente (debería decir secuestrado, por el síndrome, ya saben; y si no saben, a verla o a leer el libro), ampliado por el sinfín de doctores que desfilan por la habitación.

 

Cuando quiero saber si un libro me va a gustar, leo la primera frase, y la encadeno en su mitad con la última, sin desvelar cómo acabará. El resultado ha sido: Tras la cortina de la tela apolillada, hay que buscar en otra parte. Allá voy.

 

 

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