|




 |
Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
La célebre
frase de “Cuidado con lo que deseas, puede hacerse realidad” se
emparenta directamente con “No prometas lo que no puedes cumplir” en
este filme chino de acción fantástica. El título original Wu Ji
(“Sin límites”) no deja de hacer referencia a aquel otro dicho de
“Querer es poder” o “No hay nada imposible”, como nos ilustran las
imágenes de hombres moviéndose con ligereza, sin limitaciones,
retando y desafiando toda ley física, y más rápidos que una
estampida de búfalos.
Según la
teoría de la Ley del Tiempo de Hawking, sería posible viajar en
éste, o manejarlo de atrás adelante a nuestro antojo, si fuera
posible alcanzar la velocidad de la luz, y superarla. Estos actores,
ayudados por unos cuidados efectos especiales en todo momento (coreografiados
por los creadores de la magia de Matrix -Wei Tung y Dion Lam-),
casi llegan a alcanzar esa velocidad que permite regresar en el
tiempo. Unos efectos no perfectos, pero de los que se puede
disfrutar idealizando momentos con una imaginación intacta.
Pero si no
llegan a alcanzar la velocidad de la luz, tienen para ello acceso a
la capa negra de pluma viva. Las plumas son el elemento a destacar
en esta cinta, ya que aparecen en numerosas ocasiones, en un baile
ligero en acorde conjunción con los movimientos de personajes que
vuelan con suaves movimientos sobre objetos más pesados. Todo
ambientado en un baile intenso de colores audaces.
Porque
regresar en el tiempo no es sólo una de las fantasías que tiene casi
todo mortal de la Tierra. Es una de las tres condiciones que
necesita que se cumplan simultáneamente la protagonista del filme,
debido a la promesa que hace el personaje, siendo niña, y en medio
de un sinfín de adversidades que ahogan el color de la película y
que destacan el rojo de la sangre sobre el pan (guerras, hambruna,
muerte, destrucción) a la que debe ser la diosa del engaño. La niña
huérfana crecerá entre riquezas y será agasajada mientras renuncie
al amor verdadero, y hasta que se den las tres coincidencias que
mencionamos: el tiempo vaya hacia atrás, nieve en primavera –con el
cambio climático esto deja de ser extraordinario- y lo muerto vuelva
a la vida, permanecerá la promesa y la maldición que conlleva, la
infelicidad.
Cada personaje
tiene suficiente fuerza como para guiar el entramado del guión, pero
la historia falla al final, cuando se resuelve en un tiempo récord,
y se da por supuesto lo que acontecerá después. Fin que traiciona lo
que estaba siendo un telar muy bien tejido; es como cortar el hilo
de repente y dejar el tapiz de colores a punto de finalizar: o le
haces un nudo y sigues, con lo que ya no es perfecto, o lo dejas sin
terminar, decisión que puede ser el interés genuino de las obras
inconclusas.
El equipo fue
multado con 90.000 yuanes (unos 9.000 euros) por causar daños en la
famosa reserva natural de Shangri-La (sur de China) durante el
rodaje de la película, al construir caminos, etc, y no elaborar un
informe previo de impacto medioambiental (fuente: agencia oficial
Xinhua), en agosto de 2006.
La Promesa,
enmarcada en el género de épica fantástica, se presenta a los oscars;
no en vano Adiós a mi concubina, del mismo director, fue la
primera obra rodada en chino galardonada.
|