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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Imagínense en
una tierra helada, ante una vista amplia, blanca y extensa, sobre la
que empieza a extenderse una sombra, que crea manchas y enturbia esa
claridad. Es la sombra del oso que se expande sobre la montaña,
amenazante y a la vez tranquilo. Y nosotros dudamos recelosos de si
atacará o simplemente estará de paso.
La idea de la
pérdida de memoria se ha tratado en muchas ocasiones en el cine (A
propósito de Henry, de
Mike Nichols)
También en la época adulta de los mayores (El hijo de la novia,
de Juan José Campanella). Pero unido a ese análisis psicológico de
la memoria selectiva como defensa ante el daño que nos hacemos, que
se hacen las parejas, tiene un resultado tal que así.
Con una Julie Christie, en un papel con un aire
directo y distraído, dulce e irónico (como la describe su propio
esposo en el filme, Gordon Pinsent en el papel de Grant), nos hace
ver cómo su memoria puede convertirse en un arma vengativa, pero
también dañina para la propia persona, autodestructiva. Sabemos que
el matrimonio formado por estos dos ancianos ha sufrido baches por
infidelidad, como nos enseñan los flashback de Fiona. Y sabemos que
en el nuevo mundo ideado por ella, ante la lagunas congeladas de su
memoria, se ha creado una historia que le devuelve a él el daño
sufrido, mayor al descubrir éste que todo es falso.
Pero las
decisiones que tomamos para resarcirnos, pueden implicar a terceras
personas. Y así Olympia Dukakis se ve en el rol de esposa servil,
abnegada, pero con suficiente libertad como para dejar transcurrir
la vida y disfrutar de los momentos que le lleguen. El papel de juez
mediador lo interpreta bastante bien, junto con la enfermera que le
descubrirá a Grant la probabilidad de que su pasada felicidad al
lado de Fiona fuera más subjetiva que ideal.
La joven
directora, Sarah Polley (27 años), eligió el relato de Alice Munro,
The Bear Came Over the Mountain, para desarrollar esta
historia digna de cualquier aclamado y asentado director.
Las imágenes
metafóricas están elegidas muy cuidadosamente, y representan
concienzudamente lo que se pretende hacer llegar, en conceptos.
Imágenes tanto visuales como retóricas. Por ejemplo, se compara la
enfermedad de Alzheimer, su proceso en nuestra mente, con una
mansión que sufre apagones, cuyas luces van desapareciendo una a
una, hasta que queda completamente a oscuras.
También se podría destacar ese punto de vista que se
le da a la historia de amor que lleva años en desarrollo, que no es
como la que acaba de empezar, pura química y en la que todo está por
venir, sino que ha sufrido avatares y se ha ido creando adaptándose
a los amantes.
En definitiva,
si cuando esté en el asilo, dentro de unos pocos años, me acuerdo,
se la recomendaré a mi enfermero... Lo que creo que no haré será
jugar al bridge.
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