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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Para quiénes no conozcan la historia,
Los hombres
que no amaban a las mujeres es el primer libro de la
trilogía Millennium, cuyo autor sueco, Stieg Larsson,
falleció antes de poder ver el éxito que alcanzaban las tres novelas
poco después de entregarlas a la editorial, hace ya cinco años.
El día del libro, fue el más vendido; el segundo
La chica que
soñaba con una cerilla
y un bidón de gasolina.
¿Cuál fue el tercero? No, no fue
La reina en
el palacio de corrientes de aire.
Y es porque aún no se ha publicado la traducción de esta tercera
parte en España. El estreno en cine tiene un negocio asegurado. E
incluso la continuidad de una saga que Stieg no pudo terminar (se
comenta que tenía 10 libros pensados para esta epopeya, y de
ellos un cuarto que comenzó a escribir, y que dejó a medio
concluir).
¿Por qué están ganando tanta fama estas obras póstumas? Por
un lado, ocurrió como ocurre siempre que se forma una leyenda. Qué
hubiera sido si... Qué habría ocurrido si... Heath Ledger no hubiera
dejado su
Destino de
Caballero donde lo dejó.
Ya los títulos atraen en sí mismos. Algo ambiguos, pero
decisivos. Femeninos, pero algo andróginos,
libertarios. L@ arrob@.
El boca o boca ha hecho esta vez una gran labor. Siempre he
pensado que la promoción que mejor funciona es la transmisión
interpersonal. El consejo promocional en el que las compañías
deberían invertir más dinero, en lugar de en esas campañas
millonarias de las que recordamos el anuncio pero no al anunciante.
La historia -y hablamos del argumento, ya que la narración
literaria, que muy fielmente reproduce la película -dicen-, no es el
fuerte, o digamos mejor que el argumento está mejor realizado que la
escritura- tiene todos los ingredientes para hacer un buen cocido
con sólo echarlos a la olla: misterio, héroe, heroína, valores
morales, sexo, expectación, innovación... Y ¡Resultado Múltiple! El
personaje que se asemeja al creador, es también un reclamo místico:
un periodista de investigación, concienciado y con escrúpulos, que
pretende hacer de su trabajo una forma de vida. Tanto Stieg Larsson
como Mikael Blomkvist trabajan en una revista (Millennium es
el nombre de la ficticia) que busca la purificación ritual de la
función social, incondicionalmente, el despertar de la conciencia de
una sociedad que cierra los ojos ante lo que no quiere ver, o se
tapa las orejas para no escuchar. De rebote, acaba en otro asunto. Y
aquí los buenos no son santos.
La parte técnica que posibilita el cine ha creado una
situación áurea que propicia el misterio, como ocurre por ejemplo
con las fotografías por las que tratan de desentrañar y resolver el
caso. Las distintas perspectivas que mediante las tecnologías
representadas en la pantalla mejoran la proyección mental de las
situaciones. La informática -la protagonista es hacker- le añade
posibilidades, y un toque más moderno. Una buena elección de rostro
para actriz-manikí-que-posa-en-foto,
con mirada-de-Gioconda-que-te-sigue-al-andar.
Un ambiente cerrado, como de monasterio en El Nombre de la Rosa.
Un entramado de familia poderosa. Los arcanos bíblicos, que
rememoran el enganche de
El Código Da
Vinci. Y el suspense aumenta...
Es importante
arriesgarse y sacar ese alter
ego reivindicativo que casi nunca dejamos salir de
paseo. Todo un reto. Habrá que estar atento a la trayectoria que
seguirá esta Lara-Croft-contra-los-perturbados-
en los sucesivos capítulos.
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