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NO ES PAÍS PARA VIEJOS
Una película de
Joel y Ethan Coen
Interpretada por:
Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Woody Harrelson, Kelly McDonald, Garret Dillahunt, Tess Harper...

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Pues muy bien. Enhorabuena. Me alegro… ¿Y…?

 

El cine de los hermanos Coen es una garantía de mínimos y de máximos. Por un lado te aseguran historias entretenidas inteligentemente narradas; originales guiones en lo que cuentan y en su estructura; buenos actores en personajes inteligentes (vehículo de ingeniosos diálogos y de historias dentro de la historia)... Por el otro, tenemos la casi certeza de que no van a suponer nunca un gozo estético, intelectual o espiritual de primera magnitud; un cerebralismo algo hueco; y una sensación de indefinición ambigua y de talento algo desperdiciado. “¡Ah! Una de los Coen”… Sí, sí; pero casi nadie hace sitio a un título suyo en la lista de sus 30 pelis preferidas.

 

No es país para viejos no es tampoco excepción a esta regla general. Con la salvedad de que aquí no hay sensación de novedad en la historia coral de persecuciones cruzadas. Basada en una novela ajena, nos suenan ya familiares y casi manidos los protagonistas: el sheriff pachorras y desencantado dotado de ironía (visto hasta la saciedad en las policíacas de Clint Eastwood madurito); el asesino filósofo con gracia e ingenio antes de “ejecutar” (¿huele mucho a Tarantino?); el flemático profesional del crimen que tiene todo controlado sin despeinarse (¿de nuevo Tarantino?); y la reaparición de “el gran Lebowsky” ahora interpretado por Josh Brolin en lugar de Jeff Bridges. Los interpretes, sí, perfectos. Bardem aporta fuerza, matices y credibilidad al tópico rol “Hannibal el caníbal”. Pero también Brolin o Lee Jones podrían perfectamente haberse llevado un oscar. Harrelson; eficiente en su breve papelito. Tan sólo una duda sin querer ser quisquilloso: ¿por qué nominaron a Bardem en el apartado de “secundario” cuando seguramente, cronómetro en mano, es quien más minutos tiene en pantalla?

 

En cambio; contra la inesperada predecibilidad de lo contado, el filme es totalmente “coeniano” en la originalidad de la estructura y su ambigüedad. Lo cual, lejos de ser punto a favor, en esta ocasión se convierte en el lastre definitivo que lo aborta. Lo de pasar de un género a otro sin solución de continuidad (Thriller de acción – “matarife” en serie - suspense (fallido) - comedia negra - drama otoñal …) no sólo no es en sí un defecto sino que debería haber sido virtud. Pero el exceso de indefinición desemboca aquí en un producto que no sólo no sabe lo que quiere sino que tampoco intenta disimularlo mucho. Llevan al espectador de un punto a otro sin dejarle retozar demasiado en ningún campo, y al final una rúbrica: maquillaje dramático de brocha gorda, aparentando un mensaje y una dirección determinada en lo que no es sino un juego lúdico en algunos momentos aburrido (lo cual es lo único imperdonable).

 

Los académicos americanos se sienten afectados en su subconsciente colectivo, anclados en la noción de que en la década de los 70, en la que está ambientada la trama, se dio el golpe mortal al sueño americano con un repunte irracional de violencia criminal. Del modo que se señala aquí, proveniente del exterior, de la “peligrosa” frontera con México. El modesto antihéroe que encarna Tommy Lee Jones toca la fibra del “buen americano” cual reencarnación del John Wayne más “fordiano” recolocado y perdido en medio de una de Sam Peckimpah. Maniqueo objetivo conseguido: otro nuevo oscar a mejor película que le viene enorme a lo premiado, y otra obrita que tan sólo dentro de dos años habrá envejecido sin piedad como Forrest Gump, Rocky, Infiltrados, Braveheart, Gladiator u otras mediocridades galardonadas con el devaluadísimo trofeo.

 

Como apátrida vocacional (con nacionalidad jurídica española) debería de pelármela el tratamiento o imagen que se da en No es país para viejos de México y los mejicanos. Aunque sea muy en segundo plano y ni por asomo el eje central del guión. Pero precisamente porque la zafiedad ofende sin atender fronteras, me parece inadmisible por infantil el encasillamiento zoológico que se hace del “vecinito” del sur. Topicazo y caricatura con desdén. Un paso atrás con respecto a los avances en este campo que habían conseguido Babel o Crash. No es que todo lo que se haga cara al público tenga por qué ser políticamente correcto, ni muchísimo menos. Pero a estas alturas de la Historia, la burda xenofobia con la que se retrata al “manito” –y se le define verbalmente sin réplica- es una bofetada al sentido común y a la ética. Para más INRI, perpetrada por dos judíos, que deberían tener más prudencia que nadie con no alentar racismos ni por descuido. Claro que, tampoco sorprendería tanto analizando cómo se desenvuelven a menudo bastantes de sus “primos” en el estado de Israel…

 

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