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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Esta película, en la que Sergi López vuelve a trabajar con
Corsini después de una década (La
Nueva Eva), ha triunfado este verano en Francia, su
país de origen. Sin embargo, una historia tan cotidiana no es
posible que encuentre éxito en el nuestro, porque es el día a día,
enfrentarse a relaciones que han acabado, luchar por recomponer la
vida, que tanto nos suena y que no nos aporta sustancia, porque no
le da ninguna nueva perspectiva. Nos llama más algo que nos haga
evadirnos, o bien ver una realidad que no conocemos de cerca, para
que nos toque y podamos comprender. Y todo pese a las buenas
interpretaciones de los actores, y la sin duda buena dirección.
Kristin Scott Thomas se desenvuelve bien en el cine francés, y así
lo sigue demostrando; ya lo hizo con Phillipe Claudel en
Hace mucho que te amo,
y maneja el lenguaje como si fuera el suyo propio. El lenguaje
francés, y el lenguaje del "adulterio" porque en muchas escenas
recuerda a su papel en El
paciente inglés,
en la que también pierde la cabeza por un hombre
poco convencional, teniendo un matrimonio fructífero y bien avenido.
¡Incluso escena con vestido blanco!
Una buena técnica para mantener la atención hasta el final del
largometraje es mostrar una secuencia inacabada de lo que se
entendería como el final de la historia, sobre todo si ésta es de
gran carga dramática. Sobre esta situación que se muestra al
principio, se puede apoyar la expectación de un argumento que no
aporta ni demasiados sobresaltos sentimentales ni sensoriales.
¿Asesinato o suicidio? Se puede especular, y me intriga saber por
qué opción se decantaría más de uno, porque yo no acerté. Elegí mal.
Tampoco el diálogo tiene mucha carga, ni frases célebres ni
filosóficas que resaltar, porque en la vida diaria, ¿qué se puede
decir?: Buenos días, quiero una barra de pan, francés, eso sí. Por
supuesto, porque lo que nos lleva a tener este pan aquí hoy, y que
usted pueda comprarlo es que el sol ha salido como cada día, pero
más allá en el tiempo, nuestros ancestros ahondaron en unos
conocimientos que permitieron elaborar la harina que hoy metemos al
horno, eso sí, enriquecida a través de unos proyectos de I+D+i que
permiten que llegue a su mesa crujiente, y no se ponga duro hasta
que acabe la jornada, cuando el sol se vuelve a poner, para salir de
nuevo mañana... ¡Qué va, qué va! Es más de: una barra de pan; aquí
tiene.
Hay un contraste que me llama mucho la atención: el sol, que se
mantiene casi de continuo en la película, como esas vacaciones que
son para disfrutar al aire libre. Y es por ello que quizá le reste
drama a la historia. Nada de neblinas interiores ni exteriores. Todo
luz.
Cuando leí el título, me arriesgué a suponer la trama. Partir, ¿de
qué? (más que de dónde). ¿Partir con las manos vacías? ¿Partir
piñones? Partir ... no sé, ¿de risa?!! Finalmente, no tengo una
respuesta. Perdona, Corsini, pero no lo he entendido.
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