música          cine          libros y comics          hemeroteca          contraportada
                en pantalla     dvd     especiales     series tv

 

 

PUDOR
Una película de
David y Tristán Ulloa
Interpretada por:
Nancho Novo, Elvira Minués, Natalia Rodríguez, Celso Bugallo, Carolina Román, Marcos Ruíz y Lorena Mateo.

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Probablemente no existe un tema que pueda implicar o ser familiar a mayor número de personas que el de la represión de sentimientos y emociones y sus efectos demoledores sobre todos los aspectos de la vida. En este sentido Pudor no solamente es una película de autenticidad humana en la que todos podemos vernos reconocidos en gran medida, sino que conecta con las partes más incómodas de la psique relacionadas con el autoanálisis y la autocrítica personal. Necesaria pues, por no decir "imprescindible" y caer así en un tópico manido de la literatura crítica.

 

Se juega ya en los títulos de crédito con la definición del término "pudor" dada por el Diccionario de la Real Academia. La primera acepción significa lo que todos entendemos: vergüenza, recato... Por otro lado, su proveniencia del latín delata un significado adicional que casi nadie conocíamos: el de mal olor o hedor. Con este juego de significados se nos muestra desde el primer momento por dónde van a ir la trama dialéctica y la tesis del film. Si se muestran las cartas con descaro desde el primer reparto de la baraja es porque se debe estar muy seguro en que la calidad e intensidad de lo que se va a mostrar va a estar muy por encima de la pura demostración de una postura teórica o moral. Un ejercicio de valor que se ve correspondido con el reconocimiento posterior, una vez visionada la película, de que efectivamente es así, y no solamente se nos ha propuesto una toma de posición aperturista en torno a las relaciones humanas, sino que hemos podido vivirlo emocionalmente siendo testigos de un encrucijada de historias que nos recuerdan demasiado a nuestras vidas y las de nuestro entorno.

 

Su mayor virtud fílmica es que, frente a un tema tan ambicioso y a una banda sonora por momentos enfática y pretenciosa, propone una humildad y una sencillez en la puesta de escena y en el desarrollo del guión que resultan realmente refrescantes. Hoy día casi emociona la transparencia casi clásica con la que se desarrollan las imágenes y las historias. Destaca positivamente dentro de un cine de autor como el actual, preñado hasta el hastío de excentricidades de cámara mareantes, de fotografías rebuscadas y artificiosas, de abuso del flash-back, y de trampas narrativas que buscan insidiosamente la sorpresa y lo (aparentemente) novedoso o con aroma intelectualoide.

 

Aquí no hacen falta los usuales laberintos y arabescos de argumento para relacionar los personajes, sus soledades y sus secretos inconfesables. El guión, adaptación de una novela homónima, lo pone todo más fácil y natural al tratarse de cinco miembros de la misma unidad familiar de clase media de Gijón.

 

Se carga sobre los hombros de los actores la responsabilidad de sacar adelante escenas dramáticas arriesgadísimas, en las que si no se alcanza un grado notable de interpretación se corre el riesgo real de caer en lo paródico o insufrible. Y salen airosos. Los mejores Nancho Novo y Elvira Mínguez que hayamos podido ver posiblemente nunca en una pantalla salen indemnes de este reto y consiguen introducirnos "por la puerta grande" en una película con sabor a verdad donde el resto del elenco interpretativo no desentona en absoluto.

 

Al cabo de dos horas a uno le cuesta levantarse de la butaca porque ha vivido en su propia psique la reminiscencia de cuántos hechos, datos y emociones va a llevarse a la tumba sin "poderlos" compartir con nadie (imposibilidad personal y social, no absoluta). Y de la dolorosa corrosión que esto causa internamente, mientras se van erosionando paralelamente las relaciones externas. Tampoco es mala cosa en sí misma: si ese desgarro no arrastra a una pequeña o gran transformación de apertura mayor ante los seres que realmente se ama, puede llevarnos a otro sitio no menos interesante. Como proponen las menos de diez escuelas místicas de la tradición universal que no renuncian plenamente al intelecto, uno no puede ser realmente feliz o encontrar paz hasta que toma conciencia de una vez de lo realmente solo que se está en cualquier momento y lugar. Y es que uno, por muy acompañado que parezca, no puede eludir el hecho de que va a tener que enfrentarse él mismo, sin ayuda sólida o definitiva, a todas y cada una de sus tragedias internas y a un hecho tan natural e ineludible como la propia muerte.

 

 

Derechos Reservados Octubre 2005 © www.plataforma21.com e-mail: contacto@plataforma21.com