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SOUL KITCHEN
Una película de
Fatih Akin

Interpretada por: Adam Bousdoukos, Moritz Bleibtreu, Birol Ünel,Anna Bederke, Pheline Roggan, Lukas Gregorowicz...

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Ángel Morán Paredes

 

La nueva película del director alemán de ascendencia turca Fatih Akin es una comedia ácida y gamberra, que posee los ingredientes de las anteriores películas de este realizador, pero abandonando el drama y la fatalidad de aquellas cintas, y adaptando la historia a este nuevo género en el que debuta.

 

La idea parte de un proyecto abandonado bastantes años atrás, antes de realizar su memorable Contra la pared (2004). Fatih quería realizar una película con toques autobiográficos, para lo que contó con la ayuda de su amigo Adam Bousdoukos, actor protagonista de la película y poseedor de una taberna que se convirtió en centro de reunión, y finalmente en un hogar. El argumento gira en torno a esta idea de reunión familiar, el amor, la confianza, y el proceso de madurez al que se tienen que enfrentar unos personajes, viviendo situaciones al límite, y cuya caracterización es el mayor logro de la película.

 

Soul Kitchen es el nombre de esa taberna, convertida en restaurante de alta cocina, y ubicada en una antigua estación abandonada, en los extrarradios de Hamburgo. Es ésta ciudad la que vio nacer y crecer a Fatih Akin, y en la que el joven cineasta experimentó todo lo que acontece a los personajes de sus películas. El restaurante se encontraba en el barrio llamado Wilhelmsburg, y el cineasta critica la feroz especulación inmobiliaria que padece la ciudad.

 

Hamburgo es por tanto la protagonista de Soul Kitchen, y como ya hizo en Contra la pared o Cruzando el puente: los sonidos de Estambul (2005), nos describe la ciudad no solo mediante imágenes, sino a través de sus sonidos. La película tiene una banda sonora muy rica y variada, abarcando todo tipo de géneros musicales: pop-rock, hip-hop, música electrónica, pero sobre todo mucho soul de los setenta, con temas de Quincy Jones y Kool & The Gang. Y es que la música alimenta el alma, como le grita Zinos (propietario del restaurante) a la inspectora de hacienda.

 

Pero hay otra gran protagonista en Soul Kitchen, y es la comida. Fatih Akin hace un homenaje al mundo del cine a través de la vida de este restaurante. Según palabras del director: “el propietario es el productor, el chef el director, los camareros los técnicos y los clientes el público”. Nos muestra cómo se pueden realizar platos de gran calidad con productos basura, del mismo modo que un plato puede resultar desagradable aunque hayamos contado con productos de buena calidad. Así sucede también en el cine.

 

El carácter cosmopolita de las anteriores películas de Fatih Akin también aparece en Soul Kitchen. Casi todos sus personajes son inmigrantes turcos viviendo en Alemania, adaptándose a un nuevo modo de vida pero sin perder sus tradiciones y costumbres familiares. En las anteriores ocasiones, estos personajes acababan escapando, huyendo a otros países en busca de una explicación, librándose de las ataduras, y tratando de conseguir un mejor modo de vida, que habitualmente no acaban encontrando.

 

En Soul Kitchen también encontramos a estos personajes, pero sin embargo este intento de huir resulta fallido, son animales atrapados en una rueda giratoria que, por más que corran, siempre acabarán en el mismo sitio. En esta ocasión los inmigrantes turcos no son los protagonistas, dando paso a la comunidad griega, también muy presente en Hamburgo.

 

No obstante se trata de una comedia, que respeta todas las reglas del género. A los personajes le suceden miles de desgracias, pero resultan graciosos. Para bien o para mal, es inevitable reírse ante las molestias que sufre el protagonista, debidas a la hernia discal que padece. Por lo tanto, el fatalismo asociado a las películas de Fatih Akin da paso, en esta ocasión, a la carcajada.

 

Quizá no sea la mejor película de este director, pero resulta muy entretenida, y es un respiro ante el dramatismo al que nos tiene acostumbrado, pero sin abandonar su característica violencia visual. Si Contra la pared era el amor y Al otro lado (2007) era la muerte, nos faltaba el demonio para completar la trilogía. No obstante el director turco-alemán ha querido tomarse una pausa para mostrarse más optimista y regalarnos esta película, que podríamos sintetizar como el regreso al hogar.

 

 

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